La fiesta empezó y muchos se alegraban, pero yo solo podía pensar si todo esto era real. El peso de la corona se sentía como un recordatorio constante de mi nueva realidad.
—Ahora yo soy el Rey y tú mi Reina —me susurró Hadram, mirándome con orgullo.
—Sí, pero no es lo mismo —respondí con una seriedad que no ocultaba mi distancia.
—Sjjsjs, lo sé mi amada —dijo Hadram con esa superioridad que siempre lo acompa?aba.
En ese momento, las viudas del rey se acercaron.
—Felicidades soberano y soberana —dijo la Segunda esposa con una sonrisa falsa.
—Felicidades, soberano y soberana —repitió la Tercera esposa inclinándose.
—Gracias —respondió Hadram.
La Segunda esposa soltó su veneno: —Ahora que son reyes de Jericó, pues, digamos que... que... deberían ya tener herederos, ?no es así?
—Sí, pero con el tiempo —contestó Hadram con calma.
—Lo sé, pero ojalá que tengan, sería malo que la reina no dé hijos y... —insinuó la mujer.
Lizarel la interrumpió con seriedad cortante: —Yo le daré hijos, solo el tiempo lo dirá, tendré herederos para el trono.
—Sí, pero estos meses no has quedado embarazada —insistió la Segunda esposa.
—Solo que mi marido ha estado ocupado, pero sé que mi marido hace todo lo posible para que se cumpla mi papel de esposa al igual que mi marido —dijo Lizarel manteniendo la compostura.
—Entiendo, bueno nos vemos adiós —dijo la Segunda esposa fingiendo calma, aunque por dentro estaba furiosa.
—Espero que su reino sea próspero —a?adió la Tercera esposa inclinándose.
—Que fastidio tener a esas viudas —suspiró Hadram—. ?Estás bien? No te lastimaron, dímelo.
—No me lastimó, solo quieren irritarme, pero no lo lograron —respondió Lizarel con calma.
—Que bueno y entonces... —Hadram pareció aliviarse.
—Parece que te preocupas, pero aún estoy enfadada, tú lo sabes Hadram —dijo Lizarel frunciendo el ce?o.
—Amor por favor, este problema debe ser con calma y privado, amor —dijo él con seriedad.
—Dudo mucho, voy a hablar con los invitados, con su permiso —Lizarel fue seria y fría. —Li, Lizarel... —Hadram dijo con confusión.
—Soberana necesita algo dígame —dijo Amreh con respeto.
—Soberana quiere comida o... —preguntó Kesi nerviosa.
—?Como le preguntas eso! —le gritó Amreh—. La soberana debe de necesitar algo serio no una comida, ?por los dioses!
—Y si tiene hambre, piensa, parece que tú estás más viejo —replicó Kesi.
—?Hay ni?a! Si no estuviera nadie, me pelearía contigo —dijo Amreh enojado.
—Claro, te espero en el jardín para pelear, no te tengo miedo —dijo Kesi con seguridad.
—Basta, basta, dejen de pelear —intervino Lizarel—. Quiero ir a los jardines para refrescar mi mente, ?sí?
—?Sí soberana! —respondieron al mismo tiempo—. ?Sí soberana!
—Vamos, vamos —Lizarel había sonreído.
Mientras tanto, en el salón:
—?Por qué le dijiste eso a Lizarel? —preguntó la Tercera esposa preocupada.
—Lo hice porque ella no merece nada, nada, solo mi odio —respondió la Segunda esposa.
—Sí, pero calma tu odio, esta vez no hagas, que otros reyes se rebelen.
—Ojalá que nunca sea feliz, nunca —dijo con odio la segunda esposa
Lizarel salió al jardín. Amreh y Kesi seguían discutiendo.
—Soberana, ?necesita algo? —preguntaba Kesi.
—?Deja de estar preguntando! —le rega?ó Amreh.
—?Qué tiene? Tengo 12 a?os, tú ya estás viejo.
—??Viejo?! ?Tengo 17 a?os! Además, tú te vistes medio atrevida eh, no te me hagas la ni?a —dijo Amreh enojado.
Stolen content alert: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences.
—?Y qué! Al menos sé vestirme. No eres rival para mí —Kesi le sacó la lengua.
—?Hay, ni?a, me lo vas a pagar! —Amreh, aguántate
—Kesi hizo una grosería con la mano.
—?Qué grosera! ?Ven aquí! —gritó Amreh persiguiéndola.
Lizarel los miraba sentada y mirando el cielo azulado, hasta que una voz rompió su paz: —?Qué haces aquí sola Lizarel?
—Soberano Hadram, cuánto tiempo —dijo un invitado.
—Rey de Jerusalén cuánto tiempo —respondió Hadram con felicidad fingida.
—La última vez tenías 12 a?os, me acuerdo —dijo el Rey de Jerusalén.
—Sí, hace tiempo. ?Su hijo dónde está? —preguntó Hadram con ansiedad fingida.
—Mi hijo...
—?Melkart! —dijo Lizarel con asombro.
—Parece que me recuerdas. Ahora eres reina de Jericó —dijo Melkart.
—Así es, soy esposa de Hadram —respondió Lizarel con orgullo.
—?Te ha tratado muy bien? Dime, Lizarel —preguntó Melkart preocupado.
—Sí, él me trata bien.
—Disculpa por decir así informal mis modales son importantes — dijo Melkart
Melkart se inclinó y besó la mano de Lizarel con caballerosidad. Amreh y Kesi miraban de lejos.
— Quien ese hombre, por que anda hablando con nuestra soberana —Kesi preguntó
—Es el príncipe de Jerusalén —explicó Amreh—. Guapo pero caballeroso.
—Yo sé que él está enamorado de nuestra soberana —insistió Kesi con firmeza
—Como sabes que él está enamorado de nuestra soberana, claro es hermosa, pero sabes, dime —dijo Amreh con curiosidad
—Vamos, sabes que Hadram no deja que nadie se acerque o lo mata. Gana su confianza, vamos. —Tienes razón, vamos, vamos ya —dijo Amreh con ansiedad.
—Sigues hermosa, con joyas o maquillaje te ves hermosa —decía Melkart tiernamente.
—Melkart, gracias, pero... —Lizarel estaba incómoda.
—Soberana, disculpe —interrumpió Kesi—. Su esposo quiere que vaya a la sala del trono de inmediato.
—Sí, su esposo lo dijo, la ama y no deja de pensar en usted —a?adió Amreh.
—Bien, vamos.
—Yo la acompa?o —se ofreció Melkart.
Kesi pellizcó a Amreh con fuerza.
—?Ah! ?Me duele! —gritó Amreh.
—?Qué pasó? —fingió Kesi.
—?Amreh! ?Qué sucedió? —preguntó Lizarel alarmada.
—Le picó un insecto, creo que una abeja —mintió Kesi.
—?Entonces me voy a morir! —dijo Amreh dramáticamente—. ?Dios Mot, fui bueno!
En la sala del trono, Hadram empezaba a sospechar. —Entiendo. Tibar, ven —susurró Hadram.
—Dígame soberano.
—Ve a buscar a mi esposa, ve ahora.
—Sí soberano, de inmediato.
La Segunda esposa miraba a lo lejos con malicia: —Debe ser que buscará a Lizarel. Ya lo verás.
—Debe ser, pero fue con Amreh y Kesi —a?adió la Tercera esposa.
—Ja, debe ser que se ve con alguien, ya lo verás —dijo la Segunda esposa con orgullo.
En el jardín, la situación se salió de control.
—?Calma, calma Amreh! —decía yo, alterada por su reacción. De pronto, Amreh se desmayó de puro "miedo". —?Amreh! ?Amreh! ?Por los dioses! ?Ayúdenme! ?Despierta! —gritaba yo desesperada.
"Vaya pensé que no se espantaría, pero qué divertido", pensaba Kesi en su mente.
Tibar llegó corriendo.
—Algo está pasando, vamos. Soberana, ?qué pasó aquí?
—Se desmayó por un piquete de abeja y exageró —explicó Kesi manteniendo la compostura.
Melkart y Tibar no sabían qué pensar.
—Bien, es mejor llevar a Amreh al doctor —dijo Tibar—. El soberano quiere que vaya a la sala del trono.
—Sí, está bien. Llévalo a mis aposentos y llama un médico —ordené con seriedad.
Tibar le dio su espada a un soldado y cargó a Amreh. Yo me dirigí a la sala junto a Kesi y Melkart.
—Entonces nos vino a felicitar —decía Hadram al Rey de Jerusalén mientras yo entraba.
—Sí, además no piense mal príncipe perdón soberano, lo felicito por eso y ante los dioses, yo les... —decía el Rey de Jerusalén.
—Disculpé por irme, fui muy grosera, espero que me perdonen —dije con tono suave e inclinándome.
Hadram, al ver a Melkart detrás de mí, tuvo que contener su ira.
—Claro mi amor, ven aquí sí —dijo Hadram con un tono celoso.
—?Usted es hija del Rey Yusuf y de la Reina Ishtare, ?verdad? —preguntó el Rey de Jerusalén.
—Así es, soy hija de los reyes. ?Cómo está? —respondí con elegancia.
—Bien, soberana.
Hadram, queriendo marcar territorio, miró a Melkart: —Ya que conoció a mi esposa, ?no cree que sea la más hermosa de todas y una diosa? ?No es verdad, Melkart?
—Sí... sí ella es muy hermosa —respondió Melkart nervioso.
—Parece que admiras tanto a mi esposa, ?verdad Lizarel? —dijo Hadram fingiendo una sonrisa.
—Sí, lo sé, amor —le seguí el juego.
—Parece que se aman de verdad —dijo el Rey de Jerusalén asombrado.
—Así es, ella y yo hacemos una pareja, ?verdad? —preguntó Hadram.
—Claro, esposo mío —respondí finalmente.
En el salón, Lizarel seguía preocupada.
—Kesi, ve a averiguar sobre Amreh, si está bien o no lo está —pidió Lizarel.
—Claro soberana.
Lizarel se volvió hacia Hadram: —Escuche bien sobre Amreh. — pregunto hadram
—Cuando me llamaste, fue picado por una abeja y de tanto miedo se desmayó. —decia con seriedad
—Sjjsjs —Hadram se reía disimuladamente.
—?De qué te ríes? Es algo serio —dijo Lizarel.
—Es que me imagino de cómo se desmayó, principalmente su reacción —Hadram reía disimuladamente y Lizarel no pudo evitar mantener su risa.
En ese momento, las viudas murmuraban: —Mira ese no es el príncipe Melkart, hijo del Rey de Jerusalén —murmuró la Tercera esposa.
—Cierto, se volvió más guapo —murmuró con malicia la Segunda esposa—. Puede ser que nos sirva como un plan para que seduzca a Lizarel, ?no lo crees?
—Puede ser —dijo la Tercera con inquietud.
En el corredizo... Melkart miraba el jardín por la ventana cuando la Segunda esposa lo interrumpió.
—Príncipe, disculpe por la incomodidad. Yo le diré algo que usted debería saber.
—Dime, ?qué es? —preguntó Melkart curioso.
—Es sobre Lizarel. Ella se siente sola, bastante. Su marido siempre anda con otras mujeres y Lizarel solo llora por eso. Fingen ser felices —mintió la mujer con malicia.
—?En serio? ?Lizarel no es feliz? —preguntó Melkart con desesperación.
—Así es, fingen. No sé cómo ayudarla... —la Segunda esposa suspiró y se retiró.
—El príncipe se fue cuando dijiste eso —notó la Tercera esposa—. ?Seguirás este plan?
—Sjjsjs, así es. Si quiero destruir a Lizarel, es mejor que se la lleven para que nunca más vuelva. Melkart la ama, ?viste cómo se preocupó? Eso es bueno, te lo aseguro.
Mientras murmuraban, Kesi, que había ido a buscar noticias, escuchó todo el plan desde las sombras. —Vaya, piensa que Lizarel es idiota —susurró Kesi—. Ella no sabe que yo le diré todo.
En mis aposentos, el médico terminó de revisar a Amreh bajo la mirada de Tibar.
—Médico, ?cómo está el eunuco?
—él está bien. Revisé y no tiene nada, solo un pellizcón en su brazo. No fue una picadura de abeja. Además se desmayó, ?verdad? Bueno, él despertará en unas horas así que todo está bien. Debo irme con su permiso.
—Claro, soldado acompá?alo —dijo Tibar suspirando—. Vaya que drama habrá pasado para que pensara que fue una picadura de abeja.

