Mientras tocaba, noté algo entre las cuerdas: una carta con un anillo atado. Abrí el papiro con manos temblorosas y lo leí en silencio siendo anónimo.
Mi Princesa,
Te vas, y el mundo se siente desolado.
La crueldad es el lenguaje de este palacio, y la indiferencia, la moneda de tus padres. Pero quiero que sepas que hay alguien que vio la verdad en ti, que vio la Flor de Fuego y no la ceniza.
Eres la más hermosa y la más fuerte de todas las mujeres que he conocido. Tu fuerza no está en tu título, sino en la soledad que abrazas.
Ellos creen que te envían a la condena. Tú ve a conquistar. No permitas que el miedo te doblegue.
Te amaré en silencio y en la distancia, hasta el final de mis días. Que los dioses te protejan.
Tu admirador en la sombra.
Unos toques en la puerta me sacaron de mi ensimismamiento.
—Hermana, ?puedo pasar? —era Selene.
—Ah, ah, sí, claro, adelante —dije nerviosa
—?Estás tocando el arpa? ?Qué es eso? —Selene se acercó, y su mirada se desvió de la música a mi brazo. —Tu brazo tiene moretones. Es papá lo que te hizo, dime.
—No. ?Qué necesitas? —mentí
—Mi padre, no… —dijo Selene, asintiendo con la cabeza, aceptando mi mentira para no forzar una pelea.
—Vamos a desayunar. La familia perfecta —dije con un tono de amargo sarcasmo.
—Sí —respondió ella.
En la Sala del Trono, la escena era la de siempre.
—Vaya, por fin llegaste —dijo Yusuf.
—Disculpé por mi tardanza —dije, inclinándome levemente.
—Como sea. Come ya. Bueno…
—Hermana, ten —Selene me ofreció un dulce.
—Ella no quiere, ?verdad? —intervino Yusuf, controlando la situación.
—No, no me gusta —confirmé.
Mi padre me controlaba en cada acto, pero mi alma, por fin, comenzaba a despertar con una fuerza nueva y oscura.
Unos días después, mi padre discutía sobre una nueva cacería.
—Padre, ?en serio va a hacer eso? —preguntó Selene, horrorizada.
—?Qué tiene? Yo soy el Rey y puedo hacer lo que quiera —respondió Yusuf.
—Pero, amor, hacer eso… —intentó Ishtare.
—Mira, siendo Rey, tener al pueblo es lo único que hay. Pero será divertido hacer cacería, ?verdad?
Fue entonces cuando la nueva voz emergió de mí.
—Así es, padre. El pueblo es su territorio.
Yusuf se sorprendió gratamente. —Ja. Por fin dices algo bueno. Eso es cierto.
—?Lizarel! —me reprendió Selene.
—Nuestro padre es el Rey. Quien no ose divertirle, muere, y lo sabes. No siempre será como los sue?os o cuentos, sino realidad.
—Eso es cierto —secundó Yusuf.
—Con su permiso —dije, y me retiré.
Mientras salía, me sorprendí de mi propia frialdad. —Eso es lo que dije, ?no? Yo no soy esa. No soy fría, no —murmuré, sintiendo miedo por lo que crecía en mí.
Tuve miedo, pero no sabía que adentro, mi villana estaba despertando poco a poco.
Mientras el Rey se iba de cacería, Selene confrontó a mi madre.
—No sé cómo mi padre puede hacer eso con su pueblo, madre.
—No sé, pero… ?VILLANA! —gritó Ishtare, al verme cerca.
—?Qué sucede?
—?Qué sucede? Tu padre fue a hacer algo malo, y tú lo sabes.
—Es su problema. Yo no…
—?En serio? ?Tú lo animaste! Sabes que por eso eres una Villana y Selene es la princesa perfecta que tú nunca serías —dijo con rabia.
—Si es así, poco me importa.
Ishtare me dio otra bofetada. —?Te odio!
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No dije nada, solo escuché la palabra que endurecía mi corazón. Cada golpe, cada palabra de odio, alimentaba algo dentro de mí y lento crecía en, mi corazón como si algo cubriera una nube negra.
—Vámonos, hija —dijo Ishtare.
—Hermana… —dijo Selene, con pesar.
—Déjame. Ve con nuestra madre —dije, conteniendo mi aliento.
En la cacería, mi padre se divertía con el sufrimiento de las personas. Aun piensas que es cuento de hadas no así era un rey que solo le gustaba sufrir a su pueblo y no ayudarlos.
—Que corran. Tendrán ventaja —reía Yusuf.
Yo solo podía ver desde mi terraza la cacería, pero al estar allí sentía el aire delicado pensando ser libre como un ave libre.
El Rey Yusuf lanzó su flecha, pero el objetivo la esquivó.
—Ah, mierda —maldijo Yusuf.
—Ja, qué tonto Rey —se burló la persona, sintiendo el triunfo.
Pero de la nada, una flecha acertó al burlador. El hombre murió al instante.
—?Quién fue? —preguntó Yusuf.
—No sé, yo no hice nada, mi Soberano.
Yo estaba en la terraza, el arco humeante en mis manos. Sí, yo fui quien hizo ese flechazo. Lo hice porque la oscuridad que había en mí ya era imparable.
Pasaron los días. Yo estaba en mis aposentos, lidiando con la tristeza y el odio.
Hasta que estaba en el harem donde estaban las esposas de mi padre, cortesanas y concubinas. Mi madre me seguía humillando. Me arrojó vestidos viejos de Selene como si fueran migajas, pero no los recogí. Me pidió que bailara solo para humillarme, pero acepte.
Cuando me puse en posición, la música empezó a sonar. Bailé con una elegancia diferente, mostrando no solo la destreza de una princesa, sino una seducción contenida.
—?Bravo! —aplaudió Selene.
Todos aplaudían. Mi madre, con seriedad, dijo: —Bien.
—Bailaste increíble, en serio, hermana. Eres la mejor.
—En serio. Tú también sabes bailar —dije.
—Te quiero mucho —me abrazó Selene.
Mi hermana me tranquilizaba, pero no se daba cuenta de cuán oscuro me estaba volviendo.
Mientras, las cartas seguían apareciendo en mis aposentos. Eran cartas de amor que escondía con esmero, sabiendo que, si mi padre las encontraba, el castigo sería terrible. Pero yo solo los leía, pero nunca me imagine quien seria o que me fantaseaba en que alguien me amara, quien sería solo mi prometido, ya no tenía más emoción por eso solo lo tomaba con normalidad.
Dos meses después, a una semana de la llegada de la comitiva del Príncipe Hadram.
Mi padre llego entrando mientras yo estaba tejiendo tranquilamente solo él estaba furioso de algo que aún no entendía.
—?Cómo pudiste? —gritó Yusuf.
—?Qué pasa, padre? —dije confundida
—No te hagas. Por tu culpa, tu hermana se cayó.
—?Qué? ?Mi hermana! Pero…
—Alguien dejó un collar. Es tuyo, ?no? Este.
—Lo he buscado desde hace dos semanas…
—Es tuyo, ?verdad? ?Tú fuiste!
—?Sí, pero yo no hice eso, padre! ?Debes escucharme! Yo no haría eso. Yo quiero a mi hermana, créeme. ?Créeme, por los dioses y por Dagón, padre! ?Yo no hice nada! ?Ya estoy harta de que me castigues por algo que yo no hice! Solo una vez te lo pido, ?confía en mí, padre! —lloré, arrodillada, dejando salir mi último intento de súplica.
—?No jures ante los dioses ni por Dagón! Tú siempre serás una Villana. Deja de ser la víctima. Vas a aprender. ?Guardia!
—?Vas a arrestarme? ?Por qué? ?Porque en una semana viene la comitiva, ?eh?
—Lo haría, pero no. ?Dame tu látigo!
—?No, no padre! Está bien, te diré. Sí lo hice. Lo admito. Perdóneme —mentí, arrodillada, sabiendo que la mentira era menos dolorosa que el látigo.
Mientras esperaba el castigo o lo que fuera de la nada solo puede escuchar algo.
—Bien. No te voy a dar con esto. Como soy benevolente, seré compasivo.
—Haré lo que usted quiera padre —dije asustada
De la nada, mi padre me dio una bofetada, haciéndome caer. Ya estaba acostumbrada.
—Adiós —dijo Yusuf.
Aunque agradecí no recibir los latigazos, por dentro ya no quedaba nada. Había llegado mi límite.
Al día siguiente, las siervas me trajeron nuevos vestidos únicos, como decirlo, pues eran hechos a mi medida y cubiertos sin nada de atrevido teniendo 15 a?os era así de conservadora no atrevida, pero algo ya no quería eso si no algo mucho mejor.
—Me gusta, pero no quiero eso. Quiero otros —dije.
—Es un poco atrevido —dijo la sierva, al ver el vestido que elegí.
—No importa. Si mi padre dice que soy una Villana, que así sea. Ayúdame.
En ese momento, sentí una seguridad absoluta. El vestido era arriesgado, pero era la forma de dejar de ser intimidada.
—?Qué haces? La corona. ?Dónde están mis joyas?
—Aquí están.
—Este es más único. Con más joyas en mi cabeza. Sí, ponmelo.
—Me veo bella. Voy a ir a la Sala del Trono. Gracias, sierva.
Mientras caminaba, sentí una fuerza inmensa, pero hice algo que nunca lamentaría.
Escuché a Natif hablando con otra sierva. Natif se burlaba de mí, diciendo que yo era una "idiota, una imbécil" y que, si no hubiera sido por ella, yo sería esclava.
—Ella es una idiota. Una imbécil. Solo nació en una cuna de oro. Si no fuera por mí, no estaría aquí. Ella solo es más que un…
—?Más que un qué? —dije, con voz fría y seria, apareciendo de repente.
Natif palideció, pero intentó mentir. —Princesa, le decía que… que usted es víctima de sus padres. ?Esta sierva insolente habló mal de usted, en serio!
—?En serio? Oh —respondí.
Natif, pensando que había caído en su trampa, sonrió.
Levanté mi mano. Natif sonrió feliz, esperando la bofetada para la otra sierva. Pero sin darse cuenta, ella fue la abofeteada, cayendo al suelo.
—?Princesa! ?Por qué? ?Por qué!
—Eres una idiota. Crees que no te oí. Te lo di porque, a pesar de ser la Dama de mi madre, siempre serás una sierva. Ja. Ya no soy la ni?a que conoces. Si hablas mal de mí, yo misma acabaré contigo. No importa si eres o no eres la Dama de una Reina. —Sonreí con maldad.
En ese momento, mostré mi poder. La sierva solo pudo asentir con miedo. Yo sentí alivio.
Llegué a la Sala del Trono caminado segura de mí misma y alzando la cabeza.
—?Por, por fin! —dijo Yusuf.
—Hermana —dijo Selene.
—Soberanos y Princesa —dije, haciendo una reverencia formal.
—?Qué, ?qué te pasó? —preguntó Selene, asombrada por mi atuendo.
—?Cómo puedes vestirte así? —dijo Yusuf.
—Es atrevido —secundó Ishtare.
—?En serio? No me digan. Poco me importa. Si mi padre, el Rey, puede cazar personas, no veo la necesidad de vestirme como no quiero. Vamos a aclarar algo: usted solo se casó por política, no por amor. Solo somos una mercancía que los hombres quieren. El Rey va a estar de acuerdo, ?verdad?
—?Cómo puedes hablar así de tu madre! ?Ella es tu madre!
—Ya no tengo madre. Ella murió hace a?os, ja. Hace mucho —dije, con una crueldad helada.
—?Cómo te atreves! ?SOY TU MADRE!
—Mmm, no la veo. Ja. Solo veo una Reina sin corazón, ?verdad?
—Hermana —me suplicó Selene.
—Lo bueno es que ya te vas a casar en una semana, ?entendiste? —espetó Yusuf.
—Qué bueno, porque no soporto a la gente idiota. ?No es así, padre? —dije, con una seriedad y seguridad inquebrantables.
—Sí —respondió Yusuf, impresionado y furioso a la vez.
—Ya no tengo apetito.
—?LIZAREL! ?ACABA TODO, YA! Es una orden de tu padre.
—Ya no quiero, así que me voy. Con su permiso.
—?LIZAREL, VUELVE AQUí! —grito mi padre de furia
Por primera vez, había desobedecido a mi padre y me hizo sentir más segura y fuerte que nunca.
—?Cómo pudo osar? ?Cómo? —gritó Yusuf.
—Calma, amor. Ella debe aprender —dijo Ishtare.
—?Cómo, ?cómo pueden decir eso? ?Ella también es su hija! ?Cómo pueden odiar a su otra hija? —preguntó Selene, entre lágrimas.
—Calma, amor. Se le quitará el enojo, pero Lizarel me desafió —dijo Yusuf.
Selene me confrontó: —?Hermana, por qué hiciste eso? Es nuestro padre. Además, él te puede castigar.
—Que lo haga. No me importa lo que haga. Es solo un idiota, ja. Es lo que es. Así que, calma. Con su permiso.
Me fui, segura de lo que había hecho. Mi hermana no sabía que yo ya era mala, pero yo ya lo había aceptado...
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