Había una fiesta en el palacio: la celebración del cumplea?os del Rey.
La Sala del Trono lucía adornada con profusión; había invitados de reinos lejanos, músicos y una multitud de cortesanas. Era una fiesta de la más alta realeza.
—Rey, felicidades por su cumplea?os —dijo el Sacerdote Deh.
—Gracias —respondió Yusuf.
—Le deseo muchos a?os —a?adió el Comandante Kher.
—Gracias. Esa cortesana se ve linda, ?no? No para de mirarme.
—Sí, pero su esposa es celosa si usted elige, Soberano.
—No me importaría, porque…
Las puertas de la Sala del Trono se abrieron con solemnidad. Las cortesanas dejaron de bailar y se hicieron a un lado. La Reina Ishtare entró con su hija Selene, radiante, y yo, Lizarel, entré al último.
Cuando me veían, principalmente los reyes y príncipes, me admiraban, incluso más que a Selene. Al principio, sentía incomodidad al ser observada, como si fuera un objeto de curiosidad.
—Mi Reina —dijo Yusuf.
—Mi Rey —respondió Ishtare.
Yusuf besó la mano de Ishtare, fingiendo ante todos que amaba a su esposa.
Pero su lado más oscuro era un secreto a voces para mí, la hija que lo odiaba.
—Papá, felicidades. Que tenga muchos a?os de vida, mi Soberano —dijo Selene, con su dulzura natural.
—Gracias, hija.
A pesar de que me tocaba hacerle cumplidos a mi padre, desvié mi camino y me dirigí a un lado. La última vez que lo felicité de verdad, solo fingió sonreír ante el público, pero al final recibí un castigo. Por eso, me desviaba.
Ishtare ordenó: —?Música! —y las cortesanas reanudaron sus danzas.
—Princesa Lizarel —me llamó Natif.
—Sí, ?qué pasa?
—?No va a felicitar a su padre?
—Si lo hago, me matará, y lo sabes. Déjame —respondí con sequedad.
—Claro, Princesa —dijo Natif, con un tono que me pareció cargado de resentimiento a Lizarel.
Un joven se acercó a mí, apuesto y con una sonrisa franca pero no era así si no que su sonrisa era sincera dulce como la miel.
—Hola, Princesa, ?cómo está? Permítame presentarme. Yo soy el Príncipe Melkart de Jerusalén. Usted es la más hermosa de todas las princesas, ?lo sabía?
—Gracias, pero…
—Sabía usted…
Mientras Lizarel escuchaba a Melkart en el trono Yusuf se dio cuenta de las intenciones de Melkart.
—?Amor! —llamó Yusuf a Ishtare.
—Sí, dime.
—Ese príncipe anda coqueteando con mi hija. Tráela. Tú sabes bien que está comprometida con otro hombre.
—Claro, amor. ?Selene!
—Sí, madre.
—Llama a tu hermana. Dile que su padre quiere hablar con ella.
—Claro —dijo Selene.
Mientras tanto, Melkart seguía con sus halagos. —Usted es muy graciosa. Me imagino, pero usted es como una flor delicada, ?lo sabía? Su mirada parece opaca, pero viéndola sonreír, sus ojos son brillantes, ?lo sabía?
—No, no lo sabía —respondí, sintiéndome extra?amente conmovida por su inocencia.
—Usted es muy hermosa y…
—?Hermana! —me interrumpió Selene.
—?Qué pasa?
—Mi padre quiere hablar contigo —dijo Selene, con preocupación.
—Con, con su permiso, Príncipe de Jerusalén.
Selene me tomó del brazo. —Tengo miedo. él te vio.
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—Si intento escapar, el me matará. Es mejor ir.
—Aquí está mi hermana, padre —dijo Selene, presentándome.
—Lizarel, ven —ordenó Yusuf.
Fui hacia mi padre, sintiendo el miedo familiar. Me llevó a un corredor apartado.
—?Qué sucede, Soberano? —dije, inclinándome, con la mirada baja y nerviosa.
—Eres tonta, ?eh? —dijo sin rodeos.
—Papá, ?qué sucede?
—?Qué sucede? Te lo pregunto yo. ?Cómo puedes coquetear con alguien sin mi permiso, eh?
—Pero yo, no…
—Te estás ofreciendo como una... no sé qué.
—Yo no hice nada, padre. Yo…
—?YA CáLLATE! ?Sabes algo? A pesar de tu belleza, siempre serás una Villana, ?una Villana!
—?Papá, yo…!
Solo pude sentir un dolor agudo al ser empujada fuertemente, cayendo al suelo. Quería llorar, pero mi brazo me dolía demasiado. Mi padre me dejó sola. Fingía ser el Rey perfecto, pero yo era la única que conocía su maldad.
—Auch. Tranquila, Lizarel. Solo es un moretón. No llores, Lizarel —suspiré, intentando contener la furia que hervía.
De pronto, escuché una voz masculina.
—?Estás bien…?
—Príncipe Melkart —dije.
—?Tu brazo está bien? ?Por qué tienes eso?
—No es nada. Es, es que me caí, por eso—dije mintiendo
—?Segura? Mira, yo…
—Escucha, por favor, aléjate. ?Aléjate! —dije con seriedad, aunque mi corazón latía con confusión.
—Pero…
—Es mejor —insistí.
—Oye —dijo Melkart, deteniéndome.
—Sí, dime.
—E-está bien, pero quiero que sepas que si tienes algún pr-problema, cuenta conmigo —dijo, nervioso y tímido.
—Gracias —respondí, mi tono aún frío.
Luego, el príncipe tomó mi mano y besó mi dorso con delicadeza. Solo sentí confusión. Me retiré, dejando que él se quedara viéndome mientras me alejaba.
Mientras la fiesta continuaba, yo estaba en mis aposentos, mirando el cielo estrellado desde la terraza hasta que oscureciera.
En la Sala del Trono, el comandante Kher veía la tristeza en Melkart.
—Príncipe, ?está bien? —preguntó Kher.
—No. Oye, quisiera preguntarte algo. La Princesa Lizarel, ?es la hermana mayor, ?no?
—Sí, pero... espera, usted… ?usted está enamorado de la Princesa?
—?Se nota? —preguntó Melkart.
—Claro. Pero es mejor que se aleje de la Princesa.
—?Por qué? Dime y lo entenderé.
El comandante Kher recordó la orden del Rey: Lizarel estaba comprometida con el Príncipe Hadram de Jericó.
—Es mejor no decir nada. Tranquilo. Con su permiso —dijo Kher, retirándose.
Yusuf no dejaba de mirar a Melkart, disimulando su frialdad.
—Amor, debo descansar —dijo Ishtare.
—Claro —respondió Yusuf.
—Madre, con su permiso —dijo Selene.
Ishtare y Selene se retiraron, dejando al Rey con sus invitados.
—Oye, ?y tu hermana? Ya no la vi en la fiesta —preguntó Ishtare a Selene en privado.
—No sé, pero creo que debe ser por algo que hizo.
—Eso creo. Debe ser porque tu hermana andaba coqueteando con el Príncipe de Jerusalén.
—?El Príncipe de Jerusalén? ?Te refieres a Melkart? O sea, solo por coquetear, ?piensan que es algo malo? ?Pero mamá, él es su amor verdadero! Como en los cuentos de hadas.
—No es así, Selene. Ella ya está comprometida.
Selene se paralizó. —?Cómo que comprometida? ?Cómo, madre?
—Desde que Lizarel nació, el Rey de Jericó vino a tu padre y le pidió la mano de tu hermana. Apenas una recién nacida, y él aceptó.
—?Cómo pudo hacer eso, mamá?
—Creo que fue bueno —dijo Ishtare, con seriedad.
—Pero…
—Descansa, sí.
—Sí, madre.
Mientras yo dormía en mis aposentos, mi madre me despertó.
—?Lizarel, esta ni?a! ?LIZAREL!
—Mamá… —dije, con voz adormilada.
—Parece que dormías, ?no?
—Sí. Perdón, ?qué pasa? Dime.
—?Qué vergüenza, en serio! —dijo, con el rostro serio.
—?Qué? ?Por qué?
—Insistes en negar, ?eh?
—?De qué?
—No niegues que andabas coqueteando con el Príncipe Melkart. ?Te vi, y tu padre lo sabe! Pareces una… no sé qué.
—No hice nada. él me habló, y yo…
—?Mientes, verdad?
—Juro por los dioses, por Dagón, yo…
Ishtare, furiosa, me dio una bofetada en el otro lado de la cara solo puede aguantar mis lagrimas.
—?NO JURES ANTE DAGóN Y ANTE LOS DIOSES, ARPIA! A veces pienso que no debí amarte, ?nunca! —gritó con odio.
Mi propia madre, por primera vez, me había golpeado. Mi corazón, ya roto, parecía ahora volverse lentamente de piedra, lleno de puro odio. Me quedé sola, con el dolor en mi mejilla y el alma destrozada.
—?Por qué? ?POR QUé! —grité, ahogada en el llanto.
Al día siguiente, Melkart estaba en el jardín, mirando las flores y admirando la hermosura de la naturaleza.
—Viendo las flores —dijo Selene, acercándose.
—Princesa, disculpe.
—No, no. Siempre admiro las flores. Quien lo hace es mi hermana, las cuida mucho ella admira la naturaleza, dice que no debemos despreciar lo más hermoso es lo más lindo que en la vida tendrías..
—Parece que sí.
—Con su permiso.
Melkart cortó una flor con delicadeza, y parecía feliz.
En la Sala del Trono, el Rey de Jerusalén se despedía con su hijo Melkart.
—Debemos irnos, Rey —dijo el Rey de Jerusalén.
—Sí, y mi hijo también.
—Espero que tenga larga vida, Rey —dijo Melkart.
—Gracias. Miren, viene mi esposa y mis hijas.
Intercambiamos los saludos formales.
—Que su viaje sea tranquilo —dije yo, con la frialdad que ya me era propia.
—Gracias, Princesa —respondió Melkart, con timidez.
El Rey de Jerusalén y su hijo se fueron, y las puertas se cerraron, dejando solo a la familia.
—Qué bueno que se fue. Pero tú, Lizarel, es momento de que te digamos…
—Sí, padre.
—En dos meses vendrá tu prometido.
—?Prometido? ?Qué, pero ya…? —dije, sintiéndome confundida y en shock.
—Sí. él ya va a venir, así que prepárate.
—?Puedo saber quién es y por qué me lo dicen ahora?
—Desde que eras una bebé hubo alianza con Jericó —dijo Ishtare.
—?Jericó? Pero…
—Tu padre decidió. Acepta tu destino como princesa y futura reina —sentenció Ishtare, con una frialdad desalmada.
En ese momento, mi mundo se destruyó.
—Prepárate. Ahora vete.
—Hermana… —dijo Selene, con tristeza.
Solo pude salir de la Sala del Trono sin lagrimas solo aguantando, caminando por el corredor hasta mis aposentos, donde me derrumbé, llorando.
—?Por qué? ?Por qué me pasa esto? —Lloraba, sintiendo la trágica verdad: a mis propios padres no les importaba mi opinión. Yo era una pieza de ajedrez en un juego de reyes, una mercancía que se entregaría en dos meses.
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