El 24 de diciembre llegĂł sin pedir permiso.
Un dĂa cargado de emociones, de una calma extra?a, como si el mundo hubiese decidido contener la respiraciĂłn antes de lo inevitable.
DespuĂ©s de limpiar el desastre que habĂa quedado en la casa de Zharet, los chicos se pusieron manos a la obra con una sola misiĂłn: decorar.
Nymeria y Kira se autoproclamaron, sin discusiĂłn alguna, las mejores decoradoras del grupo. Zharet, para sorpresa de todos, tambiĂ©n resultĂł tener buen gusto, algo que habĂa aprendido de su madre, aunque Kaelion no perdiĂł la oportunidad de burlarse.
—?Desde cuándo decoras tan bonito? —se rió—. Esto no combina contigo.
—Cállate —respondió Zharet sin mirarlo—. Tú ni siquiera sabes colgar una guirnalda.
Y no mentĂa. Kaelion, Eisvard y Lyra formaban el trĂo menos confiable para decorar. Lyra al menos lo intentaba, quedando por encima de Noli y Kael, quienes lograban que cualquier adorno se viera torcido.
Zolat, por su parte, observaba desde un rincĂłn.
—Estoy supervisando —dijo con seriedad.
—No estás haciendo nada —respondieron varios al mismo tiempo.
Lumenox y Elyos miraban todo con curiosidad. No entendĂan quĂ© era la Navidad, asĂ que Zolat se tomĂł el tiempo de explicarles que era un dĂa de alegrĂa, de compartir… de ser felices.
Un dĂa alegre.
Justo antes de que la guerra se desatara.
Tras dos horas de trabajo, la casa quedó decorada. Solo faltaban tres cosas esenciales: el árbol, los regalos y, para Kael, lo más importante de la vida… la comida.
La ciudad festival estaba completamente transformada. Luces, colores, risas. Era increĂble lo rápido que las personas podĂan decorar cuando lo deseaban.
El grupo se separĂł para comprar regalos.
—?Y el dinero? —preguntó Kael.
Zharet suspirĂł.
—No preguntes.
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Nymeria solo negĂł con la cabeza. Ese mes gastarĂan demasiado.
Cada uno compró regalos en secreto, esquivándose entre calles para no ser vistos. Lyra para Kael. Kael para Lyra. Kaelion y Eisvard siguiendo una idea de Zharet. Noli para Kira. Elyos y Lumenox intercambiando algo simple pero sincero.
Luego vino la comida. Un festĂn.
Al regresar, Zharet apareció con un árbol de casi tres metros.
—?Era necesario? —preguntó Nymeria.
—Claro —respondió él—. Si vamos a hacerlo, lo hacemos bien.
El árbol fue decorado y los regalos colocados debajo. Los chicos se encargaron de la mesa mientras los adultos preparaban la cena, sin confiar en ellos a pesar de que todos superaban los veintitrés a?os.
Zolat, por supuesto, no ayudĂł.
—??Por qué no haces nada!? —gritó Zharet.
—Porque superviso mejor desde aquĂ.
La discusiĂłn terminĂł cuando Nymeria les lanzĂł una mirada que prometĂa muerte lenta.
Horas despuĂ©s, la cena estaba lista… o eso parecĂa. Afuera estallĂł una guerra campal por quiĂ©n lavarĂa los trastes.
Todo habĂa comenzado con una simple frase.
—No me toca a mĂ.
Cinco minutos después, estaban gritando, se?alándose y formando bandos.
Zharet terminó la discusión de la manera más efectiva posible: un golpe rápido en la cabeza a cada uno.
—Compórtense —dijo con calma peligrosa.
Finalmente, la cena comenzĂł. Risas, accidentes inevitables y Kael comiendo tanto que casi muerde la mano de Noli por error.
—?Oye!
—Perdón… pensé que era pan.
Después llegó el momento de los regalos.
Eisvard recibió una foto de Kaelion firmada por él mismo. Kaelion, horrorizado, abrió su regalo… otra foto, esta vez de Eisvard.
—?Esto es guerra!
Tuvieron que amarrarlos.
Kira recibiĂł un peluche que se parecĂa a Max, el perro que Zolat habĂa regalado a todos en ADAS y que habĂa muerto por enfermedad. Kira lo abrazĂł con fuerza, conteniendo las lágrimas.
Noli recibiĂł una carta.
No de Kira… sino de Star, su hermana.
Era su Ăşltima carta.
“Vive en lo alto, tan alto como las estrellas. Nunca dejes de brillar. No importa qué pase. Te amaré siempre y te esperaré en la otra vida.”
Noli no pudo soportarlo. Se levantĂł en silencio y se fue a otro lugar para llorar.
Lumenox y Elyos recibieron cartas simples de “Feliz Navidad”, pero las sostuvieron como si fueran tesoros.
Lyra entregĂł su regalo a Kael. Un poema. Palabras cuidadas, un amor confesado sin decirlo directamente.
Kael, nervioso, le dio dos cosas.
Una carta escrita con prisa, donde confesaba cuánto la apreciaba… y cuánto la amaba.
La segunda, una bufanda con un peque?o mensaje bordado:
“La luz de mi mundo siempre serás tú.”
Más tarde, Kael subió al techo. Necesitaba pensar.
SintiĂł una presencia. Lyra apareciĂł, usando la bufanda. Se sentĂł a su lado. No hablaron. No se miraron. Solo compartieron el silencio, uno que decĂa más que cualquier palabra.
—Cuando todo termine… —murmuró Kael— ?me aceptarás?
Lyra se sonrojó. Con manos temblorosas, tomó la de él.
Kael la mirĂł. Ella lo mirĂł.
Bajo la luna, Lyra sonriĂł. Una sonrisa pura, sincera.
Kael sintiĂł que iba a llorar.
—Gracias… —susurró.
Lyra se inclinĂł y le dio un beso tierno en la mejilla.
Regresaron a la casa. La fiesta continuaba, pero algo llamĂł la atenciĂłn de Kael. Un destello.
Debajo del árbol habĂa un regalo más. TenĂa su nombre.
VenĂa de Cross.
El mensaje decĂa:
“ábrelo cuando sientas que es el momento correcto.”
La noche continuó llena de risas…
y de un misterio que aĂşn no habĂa despertado.
Fin.

