Kael estaba sentado sobre los restos humeantes de Reaper, respirando con dificultad, una mano apoyada en el metal destrozado como si necesitara asegurarse de que aquello habÃa terminado de verdad.
—Tch… —chasqueó la lengua—. Eso estuvo cerca.
Su mirada bajó instintivamente a su cintura.
La katana que Zharet le habÃa regalado… ya no estaba.
La habÃa dejado clavada en Reaper en el último instante, usándola como ancla, como sacrificio. Si no lo hubiera hecho, ese golpe final lo habrÃa atravesado sin piedad.
Kael dejó escapar una risa corta, cansada.
—Me va a matar cuando se entere…
Entonces, como si una chispa absurda se encendiera en su mente, levantó la cabeza.
—?Nymeria! —gritó, aún sentado sobre el robot—. Oye… ?puedo quedarme con esto?
Nymeria seguÃa inmóvil, con la mirada perdida en los restos de Reaper. Aún estaba conmocionada.
HabÃa visto muchos horrores en su vida. Mucho poder. Mucha destrucción.
Pero eso… ese poder absurdo, esa forma de pelear, solo lo habÃa visto una vez antes. En el pasado.
Parpadeó, volviendo lentamente a la realidad.
—?Quedarte… con eso? —repitió, como si no hubiera escuchado bien.
Kael se?aló el cuerpo metálico bajo él.
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—SÃ. Quiero repararlo. Entrenar con él. Tal vez… convertirlo en un aliado.
Nymeria abrió la boca para decir que no.
Pero se detuvo.
Pensó en su propio mech.
Pensó en las posibilidades.
—… —cerró los ojos un segundo—. Tal vez… podrÃa fusionarlo con el mÃo.
Cuando volvió a abrirlos, suspiró.
—Está bien. Nos lo llevaremos cuando todo termine aquÃ.
Kael sonrió, satisfecho.
En ese momento, Lyra se levantó.
—Yo acabaré con el núcleo.
El silencio cayó de golpe.
—?Qué? —preguntó alguien.
—?Por qué tú? —a?adió otro.
Nymeria fue la única que no se sorprendió.
—Porque tiene que ser ella —dijo con voz firme—. El núcleo… es el cerebro de su padre.
Todos se giraron hacia Lyra.
—Ella es del Nexo —continuó Nymeria—, pero nunca pudo ser controlada. Su alma es estable. Su linaje la protegió.
Lo que va a enfrentar no es una batalla fÃsica… es mental.
Lyra asintió, apretando los pu?os.
—Esta es… mi lucha.
Nadie discutió.
Nadie se interpuso.
Kael caminó junto a ella hasta la entrada del núcleo, cubriéndola de cualquier enemigo oculto.
Cuando llegaron, se detuvo.
—Vas a salir —dijo, con una certeza que ni él mismo entendÃa—. Lo sé.
Lyra lo miró. Sonrió débilmente.
Y entró.
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Los pasillos eran largos. FrÃos. Eternos.
Lyra caminaba sola.
El sudor frÃo recorrÃa su espalda. Sus manos temblaban.
Cada paso hacÃa que los recuerdos volvieran con más fuerza.
Su padre.
Su madre.
Las risas.
La felicidad… antes de que todo cambiara.
Recordó el momento exacto en que algo se quebró en él.
El miedo.
La obsesión.
La decisión de sacrificarlo todo por crear el arma máxima.
El Nexo.
Incluso… a su propia esposa.
—… —tragó saliva.
Tras lo que pareció una eternidad, llegó.
El núcleo.
Miles de computadoras rodeaban la sala. Cables, luces, datos fluyendo sin descanso.
Y en el centro… un enorme tubo lleno de un lÃquido extra?o.
Dentro, flotaba el cerebro de su padre.
Un altavoz se encendió.
—…?Quién eres?
La voz era frÃa. VacÃa.
El corazón de Lyra se rompió en silencio.
—Papá… soy yo —dijo, con la voz quebrada—. Lyra.
Silencio.
—No te conozco.
Cada palabra fue una pu?alada.
—Hice todo esto… para proteger al mundo—continuó la voz—. Pero si estás aquà para destruirme… hazlo.
Lyra cayó de rodillas.
—Recuerda… por favor… —susurró, las lágrimas cayendo sin control—. Mamá… yo…
Nada.
No hubo reacción.
No hubo reconocimiento.
Con manos temblorosas, se levantó.
—Adiós… papá.
Desconectó el sistema.
Las luces comenzaron a apagarse una a una.
El núcleo empezó a colapsar.
Lyra dio la espalda mientras todo se venÃa abajo.
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Afuera.
—Algo no está bien —dijo alguien.
Kael apretó los pu?os.
SentÃa algo extra?o. Un presentimiento que no sabÃa explicar.
—Ella va a salir… —murmuró—. Lo sé.
Pero aun asÃ… su pecho se apretó.
El estruendo del núcleo colapsando resonó en lo profundo del complejo.
Y asÃ…
terminó el capÃtulo.

