Tragedia. Eso fue lo primero que pensé al abrir mis ojos esta ma?ana y darme cuenta de que algo importante para mí había dado su último brillo. Mi compa?ero de aventuras. El amigo que me había acompa?ado en mi anterior vida y en mi existencia actual ha muerto. Lo sostuve en mi mano por última vez y, en su último aliento, me despertó para que lo acompa?ara en su partida. Pero creo que era algo inevitable, dada la carencia de electricidad en este mundo.
Desde ahora tendré que depender de mi reloj biológico para no llegar tarde en mis días de trabajo. Guardaré mi teléfono como talismán junto a mi moneda de un dólar y a mi tarjeta de metro caduca.
El sol aún no estaba en su punto más alto, pero ya quemaba como si lo estuviera. El aire silva cuando corto con mi pesada espada de entrenamiento. A mi lado Rya me observa con detenimiento y, de ser necesario, corrige algunos errores.
Mi pecho contraído y mi sangre bailando debajo de mi piel. Es una sensación a la que todavía no me acostumbro. Ejecuto un último corte antes de que mi maestra me interrumpa.
— Es suficiente. — Ordena ella.
El arma cae el suelo y yo también. El sudor baja de mi frente como una cascada de agua salada y mis brazos tiemblan como fideos. Además, mi camisa cubierta de manchas de tierra y sudor me recuerda que desde ahora tengo que mejorar la administración de mi dinero, porque me costará bastante pagar la limpieza si continúo así. Lo mejor sería comprarme más prendas.
— ?Me recuerdas para qué hago esto? — Pregunto jadeando.
— Ya te lo dije, es para que aprendas a controlar tu fuerza.
Suspiro con una mezcla de cansancio y decepción. Me pregunto cuánto tardaré en graduarme de este entrenamiento e ingresar al Gremio de Cazadores. Cuando pienso en voz alta sobre mi progreso, Rya me rega?a por querer apresurarlo todo y diciendo que, mientras más desesperado esté, más lento avanzarán las cosas.
— Creo que ya sé cómo controlar esto. — Hablo mientras miro las nubes.
— No, no lo sabes. — Dice con dureza. — Veamos, toma la espada y levántala por encima de tu cabeza.
No entendiendo el propósito de sus palabras, sigo sus indicaciones. La espada que hasta ayer me era casi imposible de maniobrar, ahora su peso parece un chiste. Aunque no mucho.
— ?Lo ves? Hace rato dejamos de entrenar, pero tu poder sigue activo.
Ya no siento mi pecho comprimido ni mis extremidades calientes, pero sigo pudiendo levantar eso. ?Por qué?
Ella camina en los alrededores, mirando al pasto. Una piedra del tama?o de una pelota de tenis es sostenida entre su mano. Aprieta con fuerza, tanto que su respiración se agita y su rostro se pinta de rojo por el esfuerzo, pero el peque?o objeto no es destruido.
— ?Ya ves? Ahora mismo parezco alguien normal tratando de romper una piedra con su mano. Estoy agitada y sudando ahora y eso es lo que te quiero ense?ar. — Al terminar su oración, la peque?a roca se convierte en polvo.
Su explicación continúa. Poniéndose de pie, ella pone una mano en su esbelta cintura y con la otra apunta al cielo con el índice.
— En un ambiente controlado es fácil decir eso. Pero en una situación de estrés o esfuerzo físico tu cuerpo produce adrenalina y por consecuencia no comprimes tu fuerza hasta mucho después. Como ahora.
Sus labios escupen una peque?a lista de eventos en donde las cosas podrían ir mal si no controlo mi poder. Desde algo tan simple como una pelea en una taberna hasta algo más detallado que me hace pensar que esto lo ha experimentado de primera mano y no son invenciones de su cabeza.
Reflexiono sus palabras. En verdad me da miedo que lo que sucedió ayer se repita. El brazo de aquel tipo se sintió de hule barato bajo mi palma. Me pregunto si está bien. Además, no quisiera que Eleanor me tenga miedo. No creo volver a soportar esa mirada suya cuando aquella situación acabó de mala manera.
Solo me queda ser paciente.
A todo esto. ?Ella fue entrenada de la misma forma o solo me está ense?ando en base a su experiencia?
— Dime, ?cómo te sentiste la primera vez que descubriste tus poderes?
— ?De verdad tienes curiosidad o solo quieres descansar más tiempo? — Levantando una ceja, una mueca se dibuja en sus labios.
— Un poco de ambas. — Arqueando mi espina, empujo mis codos hacia atrás para despejar la rigidez de mis extremidades.
Me gustaría conocer su historia y, si ella llega a preguntar la mía, yo se la compartiré con gusto. Aunque no sería una real, por desgracia. ?Pero no se la había contado anteriormente? No lo recuerdo.
Sentándose sobre la hierba, ella coloca la espada al lado de su muslo. La punta de la hoja de hierro se?ala a mi dirección. Rya suspira al aire y sus ojos verdes se iluminan con un brillo nostálgico. Abre apenas la boca para hablar, pero algo la detiene por unos segundos, como si reflexionara sobre la idea de contarme su pasado.
— Era apenas una ni?a cuando supe que era una Laerim. — Sonríe. — Por supuesto me sentí feliz y mis padres también… Al principio fue extra?o y algo difícil porque no sabía qué hacer.
— ?Tus padres no te ense?aron? — Ladeo mi cabeza.
— No. Ellos eran personas normales.
Una sola palabra me fue suficiente para entender su actuar de hace un instante. Por supuesto, no soy lo suficientemente idiota para adentrarme de más en su vida, por lo que no haré esa obvia pregunta.
— Tuve diferentes sensaciones y me dio mucho miedo al principio. No solo eran hormigueos que algunas veces se hacían más fuertes, si no que en mi pecho sentía una especie de segundo latido… Incluso mi mamá me encontró llorando una vez en el patio. La verdad pensaba que mi corazón iba a explotar en cualquier momento. — Ambos reímos al unísono.
Ese poder se consideró una bendición dentro de su hogar. Habiendo pertenecido a una familia de peque?os mercaderes, ella relata lo orgullosa que se sentía cuando ya no le costaba mucho esfuerzo cargar con algunas cajas para ayudar a su padre e incluso lo retaba algunas veces en fuercitas, donde obviamente ella salía victoriosa. Aunque sospecho que su papá la dejaba salirse con la suya.
— Por suerte mi fuerza se fue regulando con el tiempo.
— ?No le pagaron a alguien para que te ense?ara?
— Por Lha’el, no. — Niega ella. — Era demasiado caro. Un guardia del pueblo tuvo la amabilidad de ense?arme un poco, pero luego fue transferido a otro lugar y ya no pude seguir aprendiendo. Tuve que arreglármelas por mi cuenta. — Rya levanta su mentón. — Me acuerdo que incluso agarraba un palo e imitaba los movimientos de los guardias cuando estaban practicando con la espada. Después, bueno, salí de casa luego de cumplir quince a?os y ahora estoy aquí. — Se encoje de hombros.
Bonita historia y me hubiera gustado mucho más si tuviera una lata bien fría de cerveza en la mano. Aunque todavía habrá mucho que decir desde que salió a su hogar hasta tiempos actuales, no insistiré para saberlo. Quizás algún día me lo cuente, o no.
Por supuesto, compartí mi origen con ella como muestra de agradecimiento. Al principio no supe como conectar algunos eventos de mi vida ficticia, —aunque no le aclaré esto a ella— puesto que desde hace algunos días no he repetido esta historia. Creo que debería de escribirla una y otra vez en una hoja para que no se me vuelva a olvidar.
Ella no queda convencida. ?Será mi tono al contarlo? Tal vez sea evidente mi actuación. Ahora tendré que a?adir clases de teatro a mi agenda, qué flojera. Ella empieza a preguntar de forma más directas sobre ciertos detalles, preguntas que por supuesto no practiqué con anticipación. La interrumpo al querer retomar el entrenamiento luego de una conveniente oleada de motivación.
Nuestras prácticas continúan hasta que el sol alcanza el punto más elevado en el cielo. Ella recomienda seguir otro día debido a que tiene que ocuparse de algunas cosas. No estoy muy alegre de esto. No es que quiera pasar todo el día moviendo esta espada de arriba abajo, las manos me queman como si tocara carbón ardiendo, pero no tendré nada que hacer el resto del día si ella se va.
— ?Ma?ana seguimos entonces?
— Me temo que no porque también estaré ocupada ma?ana.
— ?En serio? — Suspiro disgustado. — Pero ma?ana tampoco voy a hacer nada. Será aburrido.
Rya sugiere que puedo seguir practicando por mi cuenta a pesar de no supervisarme. Pero me sentiré incómodo si lo hago solo. Sin mencionar que ella se llevará mi arma de entrenamiento.
— No puedo hacerlo si no tengo la espada…
— Llévatela a tu casa. Yo no tengo problemas. — Esboza una sonrisa torcida.
Descansando en el suelo, apoyo mi mano sobre la tierra. Diminutas partículas de polvo compactas presionan contra mi piel enrojecida. Al preguntar por qué no vendrá ma?ana para asistirme en el entrenamiento, su respuesta me golpea tan fuerte como una patada de caballo. El cumplea?os se Eleanor es en un par de días y ella irá al mercado a comprar ingredientes y prepararle algo que le gusta. Me siento algo incómodo al ignorar esa información, aunque tampoco es que nos conozcamos desde hace tiempo y es entendible que no quiera decirme su fecha de cumplea?os.
— No sabía eso…
— No me sorprende. Ella no suele decir su fecha de cumplea?os a nadie a menos que le pregunten directamente.
— Entiendo. — Suspiro. — ?Pasó algo para que no quiera decirlo?
— Para nada. Solo que le da igual festejarlo, pero si pasó algo ese día… pues no querrá decirlo y tendrá sus razones. — Rya contrae sus hombros con leve indiferencia. — Pero sí te íbamos a invitar, no te preocupes.
La fiesta se hará en casa de su madre luego de salir del trabajo. Saldremos un poco antes debido a eso. Aunque me resulta extra?o que Eleanor le reste importancia a un día como ese, ya que para algunos es tan importante como el inicio de un nuevo a?o o la navidad.
Como sea, solo estoy preocupado por una cosa. ?Qué puedo comprarle? No tengo dinero y tampoco sé que podría gustarle. No puedo presentarme en esa reunión con las manos vacías, qué bochorno sería eso.
Podría negarme e inventar una excusa para no ir, pero tal vez Eleanor me pida que los acompa?e de todas formas, o quizá no. Dios, vaya problema.
Le pido a Rya ser su acompa?ante. Tal vez se me ocurra una idea mientras paseo por la plaza y tengo alguna que otra moneda debajo del colchón. Algo barato he de encontrar. Ella se niega al principio, pero después accede al ver mi terquedad con el tema. Ambos aceptamos reunirnos frente al gremio.
Con nuestros planes ya decididos, nos retiramos hacia la ciudad con la ayuda de Isabela. Pedí que me dejara botado en la avenida principal. No me apetece ir a la posada y ver como la ara?a que vive en mi techo teje su red. Tengo que encontrar algo para matar el tiempo. Quizás deambule por ahí para conocer más a fondo la ciudad, pero mi espalda quemada y el sudor que emana mi cuerpo hace que desista de esa idea. Ahora el clima está insoportable.
Debe de ser genial tener un caballo y cuando tenga el mío disfrutaré cabalgar hacia todos lados. Tengo que tener listo un nombre para cuando llegue el momento, pero creo que ahora es muy pronto para eso.
Hay más personas que en días anteriores. Muchos caminan con una sonrisa tenue en sus caras, otros conversan tranquilamente con su acompa?ante y unos cuantos están comprando cosas en peque?os puestos sobre la vereda.
Caminando con la vista al frente me topo con un peque?o grupo de personas. Todos observando algo con atención mientras murmuran entre sí. Ancianos y gente joven, todos tan distintos pero que comparten algo en común; sus rostros reflejan incertidumbre y preocupación.
Sobre un muro de piedra ahuecada, un cartel con retratos dibujados de tres personas. Todas son ni?as que apenas alcanzan la adolescencia. Con letras grandes en rojo que cubren la mayor parte del encabezado puedo leer una leyenda, “desaparecidas”. Más abajo hay más información al respecto, un peque?o resumen con sus nombres, edades y los lugares en donde las vieron por última vez. Ninguna supera los quince a?os.
Por el poco deterioro del material me da a entender que este aviso ha sido colocando recientemente.
Secuestradas por bandas de bandidos. Monstruos que las hayan atacado y demás rumores llegan hasta mis oídos. Cada uno más extremo que el anterior. Actualmente todo está empeorando y no descarto que una de esas opciones sea el motivo de que estas ni?as estén lejos de sus hogares. Quizás ambas.
Me voy de ahí luego de saber el motivo de esa aglomeración y únicamente deseando que esas chicas se encuentren bien.
Continúo avanzando. El sol detrás de mí quema con más fuerza. Más adelante, a un costado de la avenida, un sujeto cuyo flequillo cubre parte de su cara expone un discurso con toda la fuerza que su garganta se lo permite. Las personas que pasan a su lado no parecen prestarle la más mínima atención. Desvío mi camino para evitar entrar a su campo visual. No quisiera discutir con nadie, y menos bajo este sol. Hijos del pecado y resurrección es lo último que logro escuchar antes de que su voz se debilite por la lejanía.
Puedo saborear la arena del desierto en mi paladar. Mi garganta suplica por algo extremadamente frío.
Un pensamiento invasivo me ilumina en esta caminata sin propósito. Conozco a alguien con quien podría pasar el rato, pero desconozco donde vive o en donde trabaja. Tan solo sé que ayuda en una tienda a estas horas.
Camino de un lado a otro. Alrededor de nuestro anterior punto de reunión hay un montón de comercios en los que podría encontrármelo. Visito una tienda tras otras, hasta encontrar un local de víveres. El olor a verduras y fruta expuesta me llena los puntos. Entre estantes altos de madera, una figura inclinada ordena la mercancía.
The narrative has been taken without permission. Report any sightings.
— Qué onda. — Hablo en voz alta.
Al voltear para encontrar mi voz, Nick se pone de pie y ambos nos saludamos chocando las palmas y el pu?o.
— Hey, ?cómo has estado? — Pregunta. Sus manos sucias de tierra
Conversamos un poco, brevemente siendo interrumpidos por clientes que entraban al lugar. Su turno termina en una hora, por lo que espero paciente su salida para hacer planes. Una chica joven de cabello corto y ojos color crema llega luego para reemplazarlo. Nuestra presentación se puede resumir con dos palabras.
Nick y yo hablamos de cosas banales mientras atravesamos el centro de la ciudad. Las paredes blancas de algunos edificios reflejan la luz del sol.
— ?Cómo van las cosas? ?Ya puedes hacer algo loco con tu magia Laerim?
— Sí, sí… Digamos que ya la controlo mejor. — Contesto, bajando apenas la mirada.
No sé por qué dije esa mentira, pero tal vez sea mi desesperación hablando por mí. Quiero terminar este entrenamiento y entrar al gremio cuanto antes.
— Oh eso es bueno.
Entramos al mercado. Comerciantes exponen sus productos como si tuvieran un megáfono en la garganta, a su vez, personas regatean precios con mucho ánimo. De reojo observo algunos artículos para ver si encuentro un regalo adecuado para Eleanor, pero no tengo éxito. Esquivando a la multitud y teniendo peque?os tropiezos con una que otra persona, nos alejamos del lugar poco después. La atmosfera sofocante de nuestro entorno le da a Nick una idea.
Comenzamos nuestro viaje al haber decidido nuestro destino. A pesar de haber un montón de tabernas en esta ciudad, él me pide que lo acompa?e explícitamente a una. Preguntando el motivo de su insistencia, su respuesta me deja pensando.
— ?Estás seguro…?
— Sí, hombre. Vas a arrasar con todos si participas y también podríamos ganar algo extra.
— ?No tienen reglas en contra de que un Laerim pelee ahí? — Mis cejas arrugadas y mis brazos cruzados.
No me siento listo para eso. Aunque la idea me tienta, pero temo que las cosas vayan mal.
— No lo sé, nunca he ido. — Contesta bajando sus hombros. — Pero de seguro tu maestra te habrá ense?ado algunos movimientos. — Hace sombra con los pu?os.
Hasta ahora no he aprendido ninguna técnica de combate y ahora me siento culpable por haberle mentido. Lo peor es que está logrando convencerme con escenarios donde me alzo con la victoria y la admiración de la gente.
Sin darme cuenta nos habíamos alejado de Olmir. Encontrándonos en una de las aldeas y casas circundantes, entramos a una taberna de mal especto. Sus mesas expuestas al aire libre y personas exigiendo su comida y bebida con impaciencia. El ambiente huele a una mezcla de estiércol, sudor y pasto seco.
Sentándonos en una mesa esquinera comienzo a mirar los rostros de las personas presentes. Caras de aquellos cuyas camisas son del doble de su talla y que sirve como cortina para esconder un arma punzocortante son los que abundan en este lugar. Uno peor que el anterior cuando más sigo observando.
Al hurgar en mi bolsillo encuentro una moneda de plata que uso para pagar mi comida y cerveza. Ocho cobres es mi cambio.
Entre cháchara sin sentido para matar el tiempo mientras esperamos nuestro pedido, entra a colación su viaje a la capital.
— ?De verdad quieres ir ahí? ?Por qué no quieres regresar a tu casa?
— Cualquier cosa es mejor a regresar. Créeme.
Nuestras jarras abolladas de aluminio están casi vacías. Vamos por la segunda ronda y mi vista empieza a verse afectada por el alcohol. No se puede comparar esta cerveza con la que prepara Eugine; esta es más fuerte.
Nick no se lleva bien con su padre, eso lo sé desde la primera vez que lo conocí. ?Pero tal es del desprecio que prefiere trabajar mano escombros a volver a casa?
Mira absorto la superficie de la mesa. Su boca fruncida, moviéndose de vez en cuando y sus cejas rectas. Dentro de sí parece estar ordenando sus palabras, pero como si fuera consciente de que la cerveza le ayudará a aflojar la lengua, de un trago termina todo el contenido de la jarra, atragantándose en el proceso.
— Mi papá tiene una granja. — Habla finalmente, aún con dudas. — Yo ayudaba todos los días y pasaba el rato con mis amigos cuando no tenía trabajo que hacer. Pero llegó a un punto de compararme constantemente con mis hermanos.
Nick engrosa su voz, realizando una imitación burda.
— ?No haces nada por tu vida! Bla, bla, bla. — Escupe. — Uno de mis hermanos es soldado y el otro se hizo aprendiz de un artesano, creo. — Resoplando con los labios pegados, imita el relincho de un cabello.
— ?A ti no te llama la atención aprender algo así? — Levanto mi jarra por encima de mi barbilla, sorbiendo lo último que queda.
— No… Es que… — Se interrumpe, observando al frente. — Nunca me ha llamado la atención nada, ?sabes? Solo quería seguir en la granja, tranquilo. Una vez intenté hacerlo, principalmente porque mi mamá me lo pidió. — Se ríe consigo mismo. — No salió bien.
Su padre pagó una gran suma de dinero para que un zapatero le ense?ase su oficio. Vivió con su maestro y ayudaba en el taller, aprendiendo en el proceso. Meses pasaron y se cansó de todo, me comenta que eso no era para él. Nada lo era y se siente culpable por no encontrar un propósito en su vida.
Volvió a la granja, excusándose con una mera. Pero cuando toda su familia estaba reunida, él dio el anuncio.
— Cuando dije eso mi papá se abalanzó hacia mí y empezó a golpearme. — Engrosa de nuevo su voz. — ?Cómo se te ocurre! ?Eres un inútil que no llegará nada! Todavía recuerdo como mi mamá gritaba para que mi papá me soltase, pero por suerte Chris estaba de visita ese día y me lo quitó de encima. Luego de eso, bueno, me botó de la casa y dijo que no volviera hasta que no hiciera algo de provecho.
En momentos así quisiera tener las palabras adecuadas para amenorar la tensión del ambiente. Pero creo que un simple y superficial “todo irá bien” sería poco oportuno ahora mismo. Entiendo el sentimiento, en parte. Era común que en el orfanato lloviera elogios para aquel ni?o que cumplía los objetivos de venta. Aunque es estúpido comparar algo así con su situación.
El silencio gobierna sobre nosotros, solo siento interrumpido por los balbuceos de los borrachos a nuestro alrededor.
— Ahora mismo solo estoy esperando a que me envíen una carta diciendo que mi papá murió para poder regresar a la granja. Sé que no voy a ser el heredero del negocio, pero creo que mis hermanos me dejarán quedarme.
— Tranquilo, hermano. Todo irá bien. — Lo dije de todas formas. — Tampoco es bueno que digas eso sobre tu papá. Si llega a pasar eso de verdad te va a afectar.
Para justificar sus palabras, me usa mi ejemplo. Mi pasado ficticio no tiene punto de comparación.
— No es lo mismo. Yo… solo salí de mi pueblo porque quise ver mundo. — Miro el fondo vacío del recipiente, intentando buscar respuesta.
La cerveza sigue fluyendo y el sol empieza a esconderse. La atmósfera se ti?e de un fuerte anaranjado. Debido al alcohol en sangre que tengo ahora mismo, me es difícil hablar con coherencia.
De pronto las personas se alejan de sus asientos y caminan hasta cierto lugar de la taberna. Avisándole a Nick sobre lo sucedido, ambos seguimos los pasos del grupo.
Detrás de un granero se alza un ring improvisado hecho con gruesos palos de madera torcidos. La apariencia del lugar se asemeja más a un corral para cerdos que cualquier otra cosa. El olor a estiércoles es mucho más potente aquí. Disimuladamente me cubro la nariz con los dedos de mi mano.
Alguien de pie en medio anuncia el inicio de las peleas. La gente alrededor anima con aplausos y gritos, y las apuestas no tardan en aparecer. Dos sujetos entran al corral, sin camisa ni zapatos.
— ?Hoy dos grandes peleadores nos honran con su presencia! — Comenta el réferi.
Fue sorpresa para mí saber que el due?o de este negocio es el que organiza este evento. Al levantar las manos de ambos participantes, una risilla se escapa de mí al escuchar los nombres de ese par. La gente de por aquí se divierte con actividades interesantes.
Me resulta difícil apostar por uno de los dos. Sus complexiones son similares, pero doy mi voto a aquel que tiene cara de desgraciado. He visto que muchas veces esa clase de personas suelen ganar cuando se pelean en la calle.
No es fácil desprenderme de un cobre, pero espero que mi apuesta se duplique cuando termine este evento. Nick hace lo mismo.
— Bien, bien. Ya pueden comenzar. — Ordena el tabernero.
Retirándose del ring, ambos peleadores comienzan su batalla con una lluvia de pu?etazos y patadas. Si un artista marcial viera tal escena, se retorcería de decepción. El desgraciado por poco agarra a su contrincante, quien contraataca con un golpe cerca de la oreja. Me desilusiono al pensar que mi dinero va a desaparecer junto con la dignidad de ese sujeto.
Ambos mantienen su guardia, pu?os cerca de su barbilla. Pareciera que la paciencia se le acabase, puesto que está descuidando su defensa y solo se abalanza contra su oponente, intentando capturar sus piernas para derribarlo.
Se resbala en el intento.
— ?Buu! — Comento con el pulgar hacia abajo. — ?Intenta otra vez!
Entre risas y abucheos, el desgraciado gru?e de furia. La está pasando mal y yo también. Me arrepiento por haber depositar mi confianza en él.
La pelea continúa. El desgraciado ba?ado en tierra y su oponente riéndose en su cara. Salta con un fuerte impulso, intentando que sus nudillos toquen la cara de su rival, pero su pu?o es desviado. Cae al suelo por su propio movimiento y es masacrado con una lluvia de golpes. Uno en el mentón lo deja viendo estrellas.
— ?Así acaba la pelea! — Interfiere el réferi. — ?Felicidades a pies ágiles!
El ganador victorea con su pu?o arriba. El perdedor sale tambaleándose, su boca cubierta de sangre.
Perdí mi dinero, de lo poco que tengo cometo el error de apostar en ese idiota. Dios santo.
— ?Qué te pasa? ?Hubieras ganado! ?Estaba fácil!
— ?Y a ti qué mierda te pasa? Solo te la pasas quejando. — Se?ala el ring con el pulgar. — ?Métete ahí a ver si muy fácil!
Me gano la mirada de todos los presentes. Entre ánimos y provocaciones, Nick toca mi hombro.
— ?Dale, Ethan! ?Tu oportunidad!
Las dudas me invaden y los nervios trepan por mi espalda. Sabiendo mi condición actual y de lo que sucedió ayer, no me atrevería a pelear con ese sujeto. Por su seguridad y la mía, principalmente. Aunque las ganas de recuperar lo invertido y de obtener ganancias siguen presentes.
— ?Parece que alguien quiere pelear con nuestro campeón!
El tabernero tampoco ayuda. Sigue echando más le?a al fuego.
?Es tarde para arrepentirme? Me pregunto si todo irá bien si peleo. Quiero demostrarte a Rya que ahora soy capaz de controlarme, sé que estoy listo. Abucheos hacia mi persona no se detienen, convirtiéndose en insultos en poco tiempo.
Pies ágiles se une al gentío y me provoca con gestos y sonrisa arrogante.
Acepto a rega?adientes. Mi sentido común grita que debería retirarme del lugar, pero mi orgullo triunfa en esta ocasión. Al quitarme los zapatos antes de empezar, y por orden del réferi, la tierra debajo de mis pies no tiene su firmeza habitual. Es algo más blanda y sabiendo lo que mis dedos tocan, mi estómago se revuelca dentro de mí.
— Bonitos zapatos. Van a ser míos luego.
— En tus sue?os, cabrón.
Dejo mis botas a resguardo de mi amigo. Un sombrero de paja vuelve a pasar frente a las miradas de los espectadores que depositan sus monedas en él. De reojo observo que Nick mete uno de plata en el sombrero, siendo la mayor apuesta.
Ahora no solo mi orgullo está en juego, sino también el dinero de mi compadre. Si pierdo ahora, no sé si podré verlo a la cara, sin mencionar que estaré en deuda con él.
Dios, dame la sabiduría para hacer frente a esta confrontación.
Perdido en mis rezos, pies ágiles avanza con peque?os saltos hacia mí. Su pu?o envuelto en tela casi logra golpear mi nariz. Me muevo a un lado, analizando sus movimientos antes de hacer cualquier cosa.
?Entrenó artes marciales? Sus movimientos se asemejan a los de un boxeador amateur, al menos en el penoso juego de pies. Avanza de nuevo hacia mí. Está más motivado que cuando peleó con el otro sujeto.
No, no, no… Ahora no. — Hablo para mí.
Es más lento. Puedo esquivarlo sin dificultad, a pesar de acelerar más su ritmo. Mi corazón empieza a golpear mis costillas y la sangre dentro de mis brazos pareciera querer escapar a través de mis u?as.
Intento tranquilizarme. Es claro que ahora sería contraproducente atacarlo. Solo tengo que cambiar de enfoque. Como si estuviera a mi lado, escucho a Rya escupiendo un “te lo dije”. Qué molesto.
— ?Hablador! — Vomita alguien. — ?Pelea!
Continúo evadiendo los ataques. A pesar de los abucheos detrás de mí, no me desconcentro de mi objetivo.
— ?Deja de correr! — Deteniendo sus pasos, mi oponente me encara. — ?No que muy fácil? ?Entonces haz algo! — Extiende sus manos.
Una lata de pintura roja cae encima de él. Si se enojase un poco más empezaría a echar vapor por las orejas. No expreso palabra alguna. Mi cuerpo tratando de reprimir esta fuerza.
Algo duro me golpea detrás de la nuca. Una jarra de madera oscura rueda cerca de mi pie. Al voltear para buscar al responsable, un golpe en la cara me tumba al suelo.
— ?Ethan!
Pies ágiles me atrapa bloqueando mis movimientos con su peso corporal. A duras penas cubriendo mi rostro, pu?etazos caen desde arriba como meteoritos. Logro empujarlo lejos, pero sabiendo cómo terminaría las cosas, decido rendirme.
Al salir del corral, palmadas golpean mi espalda y manos jalonean mechones de mi cabello.
Somos expulsados de la taberna con agresividad. Burlas no paran de escucharse hasta que nos alejamos lo suficiente. Apesto a estiércol y estoy cubierto de tierra hasta los oídos.
Nos detuvimos en el sendero para procesar lo que pasó.
— Mierda… — Susurro, apoyado sobre mis rodillas. — Soy una basura. Dios.
Me peleo como un perro a sabiendas de lo que pasaría. Vaya desastre. No solo perdí dinero, también Nick. Intenta aligerar las tensiones diciendo que la plata va y viene. Aunque tenga razón, no estoy contento con el desenlace de este día.
Regreso a Olmir con la cola entre las patas. Deseando darme un ba?o y acostarme a dormir.
Avanzamos hasta cierto punto de la ciudad. En el camino bromeamos sobre lo sucedido, pero mi cabeza no quiere despegarse de las burlas que escuché. Comienzo a imaginar escenarios donde hago esto y aquello, donde salgo victorioso y me llevo las ovaciones de los presentes. Creo que seguiré así hasta que regrese a mi habitación.
Me despido de él cerca de un parque. No sin antes recordarme, en tono de broma, que le debo uno de plata. Me río de sus palabras, pero por dentro sigo revolcándome de ira por lo que pasó.
El sol desaparece del cielo. Al no traer la lámpara conmigo apenas consigo ver lo que hay más allá de mi propia nariz. La niebla de esta noche es muy espesa.
Camino reflexionando. Tal vez deba seguir el consejo de Rya y entrenar ma?ana por mi cuenta, aunque sea un poco. Pero todavía desconozco cómo podré suprimir mi fuerza si ante cualquier situación de estrés esta misma sale a flote.
Entre las sombras una silueta se mueve con rapidez. Froto mis ojos para despejar la bruma que cubre mi pupila. Bebí mucho en la taberna y ahora el alcohol me está pasando factura.
Más adelante observo una figura estática, con la forma de un hombre.
— ?Buenas noches…? — Pregunto desconcertado.
Da un paso al frente para alejar la niebla que lo cubre. Su brazo vendado, imitando la forma de L. Enfoco mi atención sobre su vestimenta tan particular. Cuando reparo en su presencia, dos hombres aparecen detrás de él. Es de noche y me acabo de encontrar con aquellos que esconden un cuchillo debajo de su camisa.
Esta escena me recuerda a una película mala de Hollywood.
— Oye, tranquilo. — Levanto mis brazos. — ?Qué vas a hacer?
— ?Qué crees que haré? ?Devolverte la humillación que recibí en aquel agujero!
Yo preocupándome por él y se ve que tiene las suficientes energías para emboscarme. Mi día termina de la mejor manera.
— Tranquilo. Perdón por romperte el brazo, ?sí? Pero igualmente es tu culpa.
— ??Mi culpa!? ?Te atreves a decir eso?
— ?Carajo! ?Te metiste con Eleanor! ?Cómo mierda querías que dejara pasar algo así?
Con un gesto de cabeza, ambos maleantes caminan hacia mí, palos en mano. Acortan distancia tan rápida que apenas me da tiempo a huir. Recibo un golpe contundente en mi ceja. Confundido por el impacto, caigo al suelo. Detrás de mí el de abrigo rojo ríe a carcajadas.
Alguien me habla, con voz empática, que me quede abajo y que me cubra la cabeza. Si me resisto será peor.
Ignoro sus advertencias. Una gota espesa y color oscuro baja por mi párpado. No es suficiente con la vergüenza que pasé en esa pocilga que ahora tengo que lidiar con otro problema. Estoy harto de que todo el mundo juegue conmigo.
Me golpean en la espalda, pero apenas siento el impacto. El trozo de su arma rueda por el suelo.
— ?Ya váyanse a la mierda!
Apretando el pu?o, golpeo las losas de piedra debajo de mí. Como si una gran bola de acero callera de una gran altura, creo un boquete en la tierra.
Asustados por lo que acaban de presenciar, mis atacantes retroceden. Aprovecho el miedo que causé en ellos para dar un ultimátum.
— ??Acaso quieren que los mate!? ?Malditos hijos de perra! — Rujo, mis manos en pose de garra.
Mis falsas amenazas sirven para hacerlos desvanecer entre las nieblas. Su velocidad de huida es tan sorprendente que apenas logro distinguir sus figuras.
Estoy de pie, meditando y recobrando la compostura. Hoy realmente no ha sido mi día. Debo dejar de comportarme como si fuera el rey del mundo desafiando mis límites sin medir las consecuencias.
Desvío mi camino hacia un pozo cercano y limpio mi rostro. El agua está tan fría que quema mi piel lastimada y de seguro me quedará una cicatriz luego de esto. Apresuro mis pasos para llegar a la posada, tomar un ba?o y recostarme a dormir.

