home

search

Capítulo 9: Entrenamiento.

  Mi paz fue perturbada mientras dormía. Su rostro engreído y su risa burlona da?aban mis oídos y jugaban con mi paciencia. Pasé horas enteras revolcándome en el colchón de paja, horas en las que sudaba como un cerdo en verano. En algún momento, cuando creí que al fin encontraría descanso, mi teléfono suena como una bomba y me recuerda una de las tantas responsabilidades que debo cumplir. Definitivamente hoy será mi último día trabajando como despertador ambulante.

  Pese a que estaba ilusionado por saber cómo funcionarían los poderes que hace poco descubrí, solo me llevé a casa una decepción, un mal recuerdo y un intento de asesinato. Tan solo espero que hoy sea diferente, pero mientras esa mujer no me pida que beba algo extra?o, creo que estaré bien.

  Cada pesta?a en mis párpados pesa como barras de plomo, por lo que se me dificulta tener ambos ojos abiertos. Deseo regresar a mi cama y dormir hasta el día siguiente.

  Esta noche es solitaria, como muchas otras. Mi aliento se congela en el aire y los vellos de mis brazos se erizan al sentir el frío aire a través de la delgada tela de mi camisa. Quizás sea buena idea ahorrar para comprarme un abrigo, o al menos una chaqueta. Aún nos faltaban varios clientes a los qué despertar, por lo que mi tortura seguirá por un buen rato.

  — ?Es verdad? ?Eres un Laerim? ?Ensé?ame!

  Para evitar dormirme mientras camino, le converso a Nick acerca de mis nuevas habilidades, y quizás también para presumir un poco.

  — ?Y qué quieres que te ense?e exactamente? — Me encojo de hombros.

  Nick mira a su alrededor, buscando algo. No entiendo su actuar, por lo que solo me mantengo en pie, paciente y luchando por mantener mis párpados separados.

  Luego de un rato él logra encontrar un objeto grande, de forma irregular y de superficie cubierta por tierra y polvo. Al entregármelo me pide que lo despedace entre mis manos, alegando que un Laerim es conocido por su fuerza extraordinaria, además de controlar una magia especial.

  Dudo un poco porque no estoy seguro de poder hacerlo. Rya realmente no me ense?ó nada de lo que se supone yo sería capaz. Pero si tuve la fuerza suficiente como para someterla por unos momentos y casi estrangularla, aunque quisiera olvidarme de eso, entonces no veo como una simple roca pueda darme problemas.

  — Bien, veré qué puedo hacer. — Resoplo decidido.

  Coloco mis palmas en cada extremo de la piedra mientras respiro hondo y acomodo mi postura. Observo el objeto por unos segundos antes de presionar con fuerza. Cada segundo que pasa el aire se me escapa de los pulmones y mis brazos empiezan a temblar. Me detengo para recuperarme.

  La roca sigue intacta. No hay grietas, ni ninguna otra se?al clara de que esté logrando algo. Lo único que estoy consiguiendo es que mis manos se acalambren y que mis u?as se llenen de mugre.

  Nick me observa en silencio y con una mueca dibujada en su boca. Solo puedo bajar la mirada con vergüenza.

  Mierda… ?qué pasa? — Maldigo internamente.

  No entiendo por qué no puedo romper esto. Ella dijo que sería capaz, ?no? Pero me es imposible y me estoy desesperando. Aprieto mis dientes hasta hacerme da?o. Un recuerdo se abre paso en mi cabeza. Una risa, una voz que todavía sigue acompa?ándome desde que desperté. Esta vez aprieto con más fuerza.

  Antes de que me diera cuenta, la roca cede de golpe y pedazos salen disparados y el polvo me cubre la boca.

  — ?Buenísimo! — Nick grita con extrema emoción.

  Accidentalmente despertamos a muchas personas. Los perros comenzaron a ladrar furiosos y el lugar se llenaba de personas que nos maldecían por interrumpir su descanso. No tuvimos más opción que irnos antes de que las cosas empeoren.

  Gracias a mi demostración, ?adelantamos? nuestro trabajo. Caminamos hacia el punto de reunión, pero tomándonos nuestro tiempo. Aprovecho también para contarle que conseguí una maestra y que próximamente me uniré a las filas del gremio. Además, esta sería mi última noche en la que trabajaré a su lado. Nick solo puede felicitarme por lo que ha pasado y me desea suerte.

  Para mi sorpresa, ésta también sería su última semana trabajando aquí. A pesar de no haber conseguido ahorrar lo que hubiera querido, también está cansado de madrugar y de ganar poco dinero, no solo aquí, sino también como ayudante en una tienda.

  A sus oídos había llegado un rumor de una especie de “caravana comunitaria” con destino a la capital real. Luego de una breve investigación, supo de algunos hombres que se presentarían en las minas del territorio para trabajar. Nick fue tentado por aquella idea, así que viajará con ellos para probar suerte.

  Una vez que nuestros destinos aparentemente ya están planificados, nos despedimos en la plaza con un apretón de manos y deseándole lo mejor al otro.

  Trabajar como cazador te lleva a distintas partes del mundo, si algún día piso suelo real entonces planeo visitarlo.

  — Pronto llegará el día de mi suerte. —Canto para mí. — Sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará.

  Las calles se llenan de transeúntes y carros. Mientras caminaba, frente a mí se acerca una mujer de vestido rojo y capucha blanca. Cuando pasa a mi lado no puedo ignorar un aroma dulce que desprende la cesta que carga en sus brazos. Hambriento, reviso su producto. Consigo algo de pan y queso fresco para desayunar.

  Me gustaría acompa?ar esto con una taza de café, pero el hambre me vence.

  Cuando atravieso la puerta de madera adornada, Eleanor estaba organizando el lugar para su apertura. Desde el otro lado puedo olfatear uno de los platillos de hoy; pescado frito y puré de papas.

  — Buenos días… — Cubriendo parte de mi rostro con la mano, abro en gran medida mi boca para bostezar.

  Nuestro saludo es breve y pronto me encuentro ayudándola en la limpieza. Cada tanto rascaba mis ojos para aliviar la fatiga. En algún momento lagrimeaba por la continua manipulación. El clima es fresco y junto al cielo nublado crean la atmósfera idónea para dormir plácidamente. Mis ánimos están casi por los suelos.

  Voy al patio para recoger agua del pozo y lavarme la cara. Cuando regreso a la sala del restaurante, mi jefe y Eleanor se encuentran charlando. Me invitan con ellos cuando me ven.

  — Por cierto, Ethan, ?cómo te fue ayer con Rya? ?Te ense?ó a usar tus poderes?

  Trago saliva y pongo a trabajar mi cerebro. No puedo decirle que casi mato a su amiga por accidente, me odiaría de aquí hasta en la otra vida. Divago en mi contestación, pero no parece convencerla. Eugine cree que algo tuvo que haber pasado.

  — ?No te ense?ó nada entonces? — Me pregunta ella.

  — No es eso. — Niego con la cabeza. — Me ense?ó… a romper piedras con las manos. Fui sorprendente saber que ahora tengo mucha fuerza.

  Detuvimos nuestra plática para no retrasar más nuestro trabajo. En esta ocasión la taberna no está tan llena como suele estarlo, por lo que agradezco enormemente esta falta de comensales.

  El sol está en lo más alto del cielo y nuestra hora de descanso está a la vuelta de la esquina. Emocionado por reponer energías y llenar mi estómago, atiendo a mi último cliente antes de marcharme a una esquina para almorzar.

  — Buenas tardes. ?Qué van a pedir?

  — ?Oh, muchacho! ?Cómo te ha ido?

  Un sujeto ancho y de baja estatura me saluda con amabilidad. Cerca de él, en la misma mesa, dos de sus compa?eros hacen lo mismo.

  — ?Nos recuerdas, joven? — Me pregunta otro de aspecto delgado y cabello largo.

  Observo sus caras, pese a desconocer sus nombres, sé quiénes son. Dos de ellos tienen mal aspecto, como si alguien o algo los hubiese revolcado en la tierra por un buen rato, a excepción del escuálido, cuya armadura liviana apenas habría sido manchada por el polvo.

  — Ah, sí, sí. Ya me acuerdo.

  — ?Te sabes nuestros nombres? — Cuestiona el enano.

  — No… — Encogiéndome de hombros, sonrío de forma forzada.

  El enano infla el pecho y comparte su nombre con orgullo y fuerza; Rafhall, el sujeto delgado de rostro amigable; Radorr, y el otro cuya mirada pareciera haber visto lo peor del ser humano; Frigs. A mi parecer ellos ya habían practicado su presentación para momentos como este.

  Tomo su pedido y realizo dos viajes para servirles su comida. La superficie de la mesa está cubierta por grandes jarras de cerveza y platos con trozos de carne del tama?o de mi mano, o algo más grandes. Apenas hay espacio para moverse. Semejante festín posa frente a mis ojos y no puedo evitar sentir algo de envidia.

  — ?Están celebrando algo?

  — Victoria, muchacho. ?Festejamos nuestra victoria! — Rafhall vocifera con énfasis. — Conseguimos una buena cantidad de plata por nuestro trabajo.

  — Y hubiéramos conseguido más si alguien no hubiera da?ado los huevos de esos basiliscos. — A?ade Frigs con leve molestia.

  — Tranquilos. No hay necesidad de enojarse por algo que ya pasó. — Comenta Radorr mientras agarra algo de carne.

  Rafhall y Frigs discuten brevemente. Antes de que la situación escale a peor, intervengo y pido explicaciones. El enano relata, con harto entusiasmo, lo sucedido en su última misión. Su grupo fue el encargado de eliminar un nido de basiliscos cerca de una ruina ubicada en no sé dónde. Pero la queja de Frigs proviene del poco tacto que su líder tuvo al manipular los huevos de estas criaturas, puesto que se rompieron en sus manos.

  La mala atmósfera entre ellos dos se desvanece luego de varias jarras de cerveza y carne ingerida. Si no los conociera desde hace poco, diría que siempre se han llevado bien.

  — Chico, festeja con nosotros. ?Vamos! — Comenta el enano, colocándome adelante del rostro una jarra de cerveza.

  — No puedo. Estoy en el trabajo.

  Oh, protégeme ahora Dios Todopoderoso. Mis valores están siendo probados por el diablo haciéndose pasar por mi amigo. No puedo caer en tentación, principalmente porque me metería en problemas con mi jefe.

  Rafhall continuó insistiendo por un buen rato. No hallaba algún pretexto para retirarme del lugar, o quizás ni siquiera quería encontrarlos. Veo a mi alrededor para ver si no hay testigos que me observen.

  No la veo… Debe de estar en la cocina. — Reflexiono mentalmente.

  El diablo sigue tentándome y, pese que al principio de todo Dios me dio la fuerza suficiente para resistirme, desafortunadamente acabé perdiendo esta batalla contra el mal. él estaría muy decepcionado.

  — Bueno, solo un poco.

  El frío de mi cuerpo desaparece como polvo entre la niebla. Este elixir hizo que recobre mis energías y olvide mis tristezas, al menos por un tiempo.

  — Por cierto, ?qué tan difícil es entrar al gremio?

  — ?Por qué lo preguntas? — Contesta Rafhall al mismo tiempo que mastica.

  — Curiosidad.

  Estoy abierto a escuchar cualquier consejo que pueda serme útil en un futuro, si todo sale bien, no tan lejano. Especialmente de alguien tan curtido en dicha labor como él.

  — Actualmente no lo sé, muchacho. En mis tiempos solo bastaba con demostrar tu fuerza y ser lo suficientemente avispado como para no morirte cuando salías a matar monstruos. Cuando yo me uní al gremio de seguro tu madre ni siquiera había nacido. — Se ríe.

  No supe cómo procesar esa respuesta. ?Es viejo? Pero si luce como hombre no mayor a 40 a?os. Aunque en un mundo donde existen monstruos sacados del averno y yo tengo un poder especial, no me sorprendería que sus palabras fuesen ciertas.

  Radorr y Frigs están lo bastantes ebrios como para contestar con coherencia a mi pregunta. Lo único que pudieron decirme es que es necesario aprobar algunos exámenes para ser aceptado. Supongo que Rya sabrá más al respecto, pero algo me dice que se enojaría si le preguntase algo así cuando ni siquiera empiezo formalmente con mi entrenamiento.

  — Por cierto, ?y ese mandil? — Pregunta el enano mientras su cabeza se tambalea. — ?Estabas celoso de tu compa?era y por eso te compraste uno?

  Tan gracioso como siempre.

  — No. Este mandil es mi uniforme. — Aclaro.

  If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation.

  — ?Cómo? ?No que ya trabajabas aquí cuando vinimos ese día?

  — No técnicamente… —me encojo de hombros. —estaba en fase de pruebas. Hace poco fui contratado oficialmente.

  Rafhall aplaude y grita con energías. Pronto anima a sus compa?eros a hacer un brindis en mi nombre.

  — ?Felicidades, hijo! — Exclama él. Sus palmadas en mi espalda comienzan a dolerme. — ?Vamos a celebrarlo!

  Soy tentado otra vez y por desgracia no opongo resistencia. Sin embargo, antes de que me emborrachara junto con ellos, el grupo me hacen se?as para que mire por encima de mi hombro. Con mi vista tenuemente nublada por el alcohol, veo a Eleanor intercambiando palabras con un sujeto harto insistente. Cuando percibo angustia en su semblante me retiro de la mesa sin despedirme.

  Continuando con su acoso, el sujeto usa frases y halagos sacados de un pésimo manual de ligue y posteriormente agarra la mano de Eleanor con una falsa delicadeza. Al acercarme me coloco en medio de ambos, dándole la espalda a mi compa?era y encarando al tipo.

  Un olor a perfume que no puedo identificar invade mi nariz. Me es complicado ocultar mi desagrado al percibir tal peste que revuelve mi estómago. Los botones de su excéntrico abrigo rojo brillan como gotas de oro. Al pedir explicaciones, Eleanor aclara que este sujeto la interceptó mientras trabajaba y, sin darle oportunidad de expresarse, comenzó a exigirle una cita.

  Respiro hondo y trato de hablar con él, exigiendo que deje en paz a mi compa?era o, en su defecto, abandone el restaurante.

  — Silencio. ?Cómo se te ocurre decirme qué hacer? — Escupe frunciendo el ce?o y ocultando sus manos detrás de su espalda. — ?No sabes quién soy? — Infla el pecho, como si quisiera que lo admirase.

  Me vale verga quién eres… — Maldigo internamente.

  Seguimos discutiendo. Mi aliento a alcohol llena el aire cuando las palabras salen de mi boca. Pronto soy amenazado por él, alegando acusarme con mi jefe si no me disculpo por mi intromisión. Esto me está sobrepasando y me aterra que Eugine sepa que bebí en horario laboral. La única opción que tengo es sacarlo de aquí sin empeorar las cosas.

  — Oye, será mejor que te vayas. — Tocando su hombro, lo aparto levemente.

  — ?No me toques! — Me empuja la mano de una bofetada. — Además de que te atreves a darme órdenes, ni siquiera apartas tu mirada de mí. ?Nadie te ha ense?ado modales? — Dice como si hablara con un sirviente.

  Esa actitud pedante está haciendo que mi paciencia penda de un hilo. ?Se cree due?o del lugar? Los rostros de los clientes muestran preocupación o nerviosismo y desconozco la razón. Sobre mis oídos, Eleanor me susurra que cuide mi tono.

  Todo esto me parece extra?o.

  — Escuche, no quiero problemas. — Levantando mi brazo le se?alo la salida.

  Opto por seguir el consejo de mi compa?era, pero mi amable advertencia es ignorada. ?Estoy hablando en chino o por qué este tipo no me entiende? La disputa se agrava. Con la punta de su índice me comienza a hincar el pecho con fuerza. Sus insultos y ofensas no se detienen.

  Cansando de su agresión, agarro su antebrazo y sin querer lo aplasto con fuerza. Cae al suelo mientras grita de dolor. Temiendo de haberle roto algo, intento ayudarlo.

  — ??Estás bien!? — Me inclino hacia él. — ?Oye!

  Mientras se retorcía sobre las losas de piedra, examino su extremidad con cuidado. Mis sospechas son acertadas y mi rostro palidece cuando que su brazo tiene una leve inflamación, además de estar rígido.

  Me rechaza con violencia cuando intento hacer algo.

  — ?Maldito, ya verás! — Poniéndose de pie con dificultad, el tipo se retira de la taberna.

  No sé cómo reaccionar. Por unos momentos sentí como sus huesos dejaban de ser sólidos y, envueltos en mi pu?o, eran más bien como una botella de plástico.

  Esto es preocupante. Necesito aprender a controlar esta fuerza, ya no por mi ambición de unirme al gremio, sino porque sería un potencial peligro para las personas. Es extra?o que luego de que haya descubierto mi poder, ahora mismo pareciera estar fuera de control.

  ?──────────────────???──────────────────?

  El alboroto de esta tarde no pasó desapercibido. Eugine me reprendió por haber resuelto esa disputa con violencia, pero, al mismo tiempo, fui felicitado por proteger a Eleanor. Además, me recordó amablemente que no debo beber en horario laboral, aunque me lo pida el cliente. En esta ocasión y gracias a que resolví ese pleito con aquel patán, mi jefe no me descontará el día.

  Como es de costumbre, Rya nos visitaba una vez cerrado el negocio, pero nuestra charla grupal no duró mucho tiempo como en días anteriores debido a que la pelirroja tiene una responsabilidad conmigo. Mientras nos alejábamos de los establos rumbo hacia la colina, ella comenta que ahora está motivada para entrenarme, puesto que tal vez ella podría aprender algo nuevo y, principalmente, para romper la rutina.

  — Cuidado donde tocas… — Susurra.

  — Ups, perdona. — Subo mis manos hacia sus hombros. — ?Te han dicho que tienes una buena figura?

  — Sí, me lo han dicho.

  Con su melena ondeando al viento, en mi nariz percibe una fragancia embriagadora. El cielo está despejado y grandes monta?as de picos nevados decoran el horizonte, además, el aire que sopla sobre nosotros tiene una temperatura agradable.

  — Bien, ?qué haremos? — Pregunto mientras estiro mis extremidades.

  Después de asegurar a Isabela, ella retira un par de objetos del lomo de su yegua y camina hacia mí con una sonrisa juguetona en sus labios, una sonrisa que logra confundirme. Me entrega un arma con hoja de hierro carente de filo y empu?adura de madera, pero se me resbala de entre las manos y cae al suelo. ?Por qué algo que es ligeramente más grande que un bate de beisbol puede pesar tanto?

  — ?Listo? — Ella habla con entusiasmo.

  — ?Listo para qué? — Respondo mientras trato de recoger la espada.

  — Desde hoy vas a aprender a cómo controlar tu fuerza. — Me se?ala con el índice. — Quiero que seas consciente de en qué momento usarla y cómo usarla. Porque si no, podrías lastimar a alguien por accidente.

  Recordé lo que sucedió esta tarde. No creo poder olvidar fácilmente lo aterrador que fue romper el brazo de ese sujeto con un esfuerzo mínimo. Será necesario aprender a cómo contenerme en momentos así.

  — Bueno, ?qué tengo que hacer? — Asiento.

  — Primero escucha y observa lo que voy a hacer.

  Separando levemente las piernas y ajustando su postura, Rya balancea el arma con una agilidad impresionante. Una vez la hoja posa por encima de su cabeza el entorno a su alrededor pareciera distorsionarse en un área minúscula; nube de polvo rodea sus piernas y la hierba baila debajo de sus pies.

  La cazadora contiene la respiración por unos momentos y, con un movimiento apenas perceptible, dibuja un semicírculo con la espada, haciendo que el viento zumbe.

  Explicándome lo que acaba de hacer, ella espera que yo lo replique. Las dudas dentro de mí emergen como burbujas en el agua. A duras penas puedo soportar el peso de esta falsa espada, ?y quiere que la levante por encima de mí?

  Dios, dame fuerzas.

  — Recuerda, tienes que sentir una especie de hormigueo. Cuando lo hagas, balancea la espada con toda tu fuerza. — Indica.

  Preparándome, levanto la espada con dificultad y la coloco arriba de mi hombro. Cierro mis ojos para tratar de concentrarme, pero el peso del arma aplasta mi clavícula.

  Nada extra?o. Sin aguantar más, dejo caer la espada y golpea el suelo con un sonido seco. Mis brazos arden y jadeo como un animal moribundo.

  — Muy bien. — Sonríe. — Inténtalo otra vez.

  Recupero el aliento y trato de levantarla nuevamente, pero mis fuerzas se desvanecen en pocos segundos. Una gota de sudor entra en mi pupila, quemándome por unos instantes. Al querer peinar mi cabello, mi mano se humedece.

  — ?Y bien? ?Sientes algo?

  — No. — Contesto abruptamente.

  No siento una mierda. — Tuve ganas de decir.

  Esto me desespera, pero debería de tranquilizarme por un segundo. Apenas son los primeros intentos y quizás debería cambiar de perspectiva para notar alguna mejora.

  — ?Nada? — Frunce el ce?o. — Qué raro.

  — ?Tú si sentiste ese cosquilleo la primera vez? — Pregunto mientras restriego mi ojo con el pulgar.

  — Así es. Pero en ese tiempo tuve que adivinar la sensación correcta.

  Cruzándose de brazos, la pelirroja reflexiona en silencio. Con calma espero su respuesta mientras dejo caer la espada para que los dedos de mis manos descansen un poco. Me pregunto qué se le ocurrirá ahora para ayudarme.

  Una fresca brisa reaviva mis ánimos. El sudor de mi piel desaparece, pero el frío aumenta debido a mi camisa empapada.

  — Dime, ?notaste algo fuera de lugar en esa ilusión? — Habla finalmente. — Algo relacionado a tu sangre, creo recordar.

  — Ah, es verdad. — Levanto la mirada. — Era como si sintiese como mi sangre se movía dentro de mí.

  Dando un aplauso al aire, ella camina hacia mí, decidida. Cerrando los ojos, Rya exige que preste atención a sus instrucciones.

  — Escucha, muchos Laerim experimentan cosas distintas cuando despiertan sus poderes. Yo sentí un hormigueo, tú la sensación de cómo tu sangre viaja por tus venas. Tengo que hacerte recordar esa sensación.

  Es la primera vez que está tan cerca de mí. Al abrir mis ojos, aprecio su rostro con detenimiento. Sus pupilas brillan como dos piedras preciosas al reflejo del sol y su olor corporal es suave y dulce. Sus labios, aunque algo secos, tienen un color saludable.

  — ?Me estás escuchando? — Levanta una ceja.

  — Sí, sí. Claro. — Suspiro y trago saliva.

  No sabía que sus pesta?as eran largas. Apenas eran visibles con la delgadez que presentan.

  — Voy a tocarte el brazo con la punta de mis u?as para que tengas una referencia. Intenta recordar qué sentiste. — Explica.

  No es de mi agrado revivir esa pesadilla, pero tengo que hacerlo. Desde la madrugada no he dejado de recordar mi muerte en aquel muelle abandonado, junto al rostro de mi asesino. Pienso que me estoy acostumbrando.

  Ninguna se?al, pero no me rindo. Sigo buscando en los rincones más escondidos de mi memoria. Recuerdo que en el orfanato había abusos constantes. Cuando era más consciente de mi entorno y de lo que nos hacían allí, comencé a odiar a cada integrante de ese lugar, pero en especial a un sujeto.

  Un cuarto peque?o, cortinas traslúcidas que cubrían las ventanas y un hombre mayor de túnica negra y cuello blanco. Cuando leía la biblia en voz alta, en ocasiones ponía su mano en zonas que no me gustaban, pero nunca fue más allá de eso.

  Cuando sé lo que me pudo haber hecho, el asco que sentía regresa de golpe. También el odio.

  Mi respiración se acelera.

  En mi palma siento su piel arrugada y seca. Al apretar con fuerza escucho crujidos desde su garganta. Desde adentro siento como mi sangre golpea mis venas con furia.

  — ?Ethan! — Grita una voz a mi lado.

  Despierto del sue?o y observo mi mano levantando la espada más arriba que mi cabeza.

  — ?Escúchame, tienes que concentrarte! — Expresa con ganas. — Trata de mantener esa posición todo el tiempo que puedas.

  Cierro mis ojos otra vez. Intento olvidar todo lo que existe en el exterior, pero con el tiempo mi fuerza se decae y la espada también.

  La alegría que siento no se puede explicar con palabras. Finalmente pude hacerlo.

  Sigo con mi entrenamiento luego de un breve descanso. Con mi confianza renovada ahora me es más sencillo alzar el arma por encima de mí y cortar el aire. Aunque no tan bien como lo hace Rya.

  Horas después mis extremidades duelen horriblemente y el movimiento de mis brazos son muy torpes, como si fuese controlado igual que un títere. Rendido, dejo caer mi trasero para descansar sobre el pasto.

  — Oye, ?me dices cómo funciona nuestra magia? — Pregunto al borde del desmayo.

  — ?Te han dicho que eres alguien impaciente?

  — ?Sí! — Sonrío pelando los dientes.

  Gotas de sudor resbalan por mi frente y caen de mi barbilla. Mientras Rya piensa su respuesta, mi tórax se expande como un globo, tratando de recuperar el oxígeno perdido.

  — Verás, cada ser vivo en este mundo nace con esta energía. Humanos o monstruos… lo que sea que respire y tenga algo de raciocinio, tendrá maná. La diferencia es que nosotros podemos manipular nuestra energía, pero no la de otro ser vivo. — Explica ella, jugueteando con sus manos.

  El horizonte se pinta de violeta y poco a poco el sol desaparece entre las monta?as. En el cielo nocturno algunas estrellas iluminan cada rincón como minúsculas luciérnagas.

  — Otra cosa importante es que nosotros por lo general tenemos más reserva de maná que una persona promedio. — A?ade. — Y por eso podemos hacer tantas cosas y pelear con los monstruos.

  — Okey… — Mis ojos brillan como fósforos. — ?Y por qué podemos hacer eso? ?Por qué solo unos cuantos y no todas las personas?

  Algo tuvo que haberme sucedido cuando desperté en este mundo, ya que antes de todo esto nunca experimenté algo fuera de lugar. Y eso que pasé por muchos eventos en donde la ira me sobrepasaba.

  — Eso es historia para otro día, ?bien?

  Vaya decepción. Quería saber más al respecto y, quizás una vez sepa el origen de estas habilidades, algunas de mis preguntas pudieron haber sido resueltas.

  — ?Al menos puedes ense?arme cómo… controlas eso?

  — Bien, bien… — Suspira. — Solo un poco.

  Ella se aleja varios pasos. Respirando lentamente, sus manos fingen tocar algo. Instantes después un aura lumínica rodea su cuerpo, transformando su entorno. Debajo de sus dedos emerge una espada hecha de… ?luz? Brilla mucho, pero no tanto como el sol por las tardes.

  A pesar de no estar hecho de algo sólido, logro distinguir ciertos detalles en aquella arma espectral. Los pliegues del pomo e incluso el filo de su hoja. Si la usara, estoy seguro que cortaría cualquier cosa por la mitad.

  Ruego por su ense?anza de esta habilidad, pero ella se niega con firmeza, alegando que una vez aprueba la primera fase del entrenamiento, me instruirá en el uso de este poder.

  — ?Puedo tocarla? — Al querer tocar su hoja, Rya aleja mi mano de un empujón.

  — No, no, no, no. Nunca hagas eso.

  El origen de nuestro poder es el mismo, pero las propiedades del maná varían entre cada usuario, por lo que sería peligroso interactuar con la energía de otro Laerim. Entendiendo esto y temiendo por cualquier cosa, alejo mis manos de su creación. Sin embargo, la inundo con preguntas que vienen y van. Rya tartamudea cuando trata de responderme.

  — ?Pero no es mejor usar algo hecho por ti mismo que usar la espada que ya tienes? Esta no se ve tan fuerte.

  — No es así. Aunque no lo creas, mi maná se está drenando solo por darle esta forma. Mira, es complicado recrear objetos… ya que, dependiendo de muchas cosas, tu energía puede desgastarse rápidamente.

  — ?Es difícil entonces?

  — Muy difícil, pero ya digo que depende de la forma y durabilidad o fuerza que quieras darle. Ven, te voy a mostrar.

  Manteniendo una distancia de seguridad, camino detrás de ella. Al pie del árbol Rya me pide que preste atención. Con buena técnica ejecuta un par de tajos que da?an la corteza y deja cortes impecables. Sin embargo, si por algún motivo disipa su energía o deja de concentrarse, la creación pierde toda durabilidad, según sus palabras.

  En un último acto de demostración, ella ataca nuevamente el tronco, pero la hoja se rompe como cristal fino y partículas de luz se desvanecen en el aire.

  — Ahora parece de papel, ?verdad? — Rya arroja al suelo lo que queda del arma, explotando en chispas blancas. — ?Ahora me entiendes?

  En casos de emergencia, no es en vano pelear usando mi energía, pero sí contraproducente. A menos que tenga una reserva ridícula, lo mejor es no malgastarla, ya que, dependiendo de la complejidad de la creación, se va a requerir más maná. En el peor de los casos de que mis reservas se agotaran, entonces moriría.

  Aunque su explicación me fue útil, sigo sin entender una cosa.

  — Pero entonces, ?esa espada que tienes no se rompe siempre que vas de caza? ?Siempre estás comprando una cuando vuelves de una misión o cómo va la cosa?

  — No, —ella ríe como ni?a. —no se rompe. Pero depende. Mira, para no entrar en detalles técnicos que ni yo sé, básicamente mi espada está hecha de un metal especial. ?Recuerdas el material con el que está hecho mi collar?

  — Creo que era…, —cierro mis ojos con fuerza y trato de recordar. — ?arcanita…?

  — ?Exacto! Se usa arcanita y un metal llamado duritia para crear armas o armaduras. — Ella desenvaina con cuidado.

  Muestra su arma con orgullo y se aleja otra vez de mí, esta vez a más distancia. Adopta una postura de combate. La empu?adura plateada refleja la luna como un espejo pulido y la gema incrustada en el pomo brilla con incandescencia. El metal de la hoja cambia de color, brillando como la espada de luz de hace unos momentos.

  — Lo especial de esta combinación es que puede almacenar y contener maná, lo que vuelve más fuerte mi espada. Gracias a eso puedo hacer cosas como esta. — Enfatiza.

  El resplandor de su espada se intensifica y me ciega por unos instantes. Cuando mis ojos se recuperan, observo una grieta enorme en el terreno, como si un rayo hubiese partido la tierra. Me quedo sin palabras.

  — No era necesario ese grito al final. — Comento.

  — Bueno… — Aclara su garganta mientras sus mejillas se ruborizan. — Ya sabes cómo funciona.

  Tanto poder al alcance de mi mano… y tantas oportunidades que no voy a desaprovechar. Una vez que consiga dominarlo, haré lo que yo quiero. Ma?ana daré mi mejor esfuerzo para mejorar lo antes posible y unirme al gremio. La sangre me hierve de emoción por pensar en las cosas que podré hacer.

Recommended Popular Novels