Tras tres días de arduo trabajo, completamente solo en su forja, ahí estaba Kael, templando el acero con una concentración casi obsesiva. El calor de los hornos envolvía el espacio como un manto sofocante; el aire vibraba por el choque constante del metal contra el yunque, y el olor a hierro caliente se mezclaba con el del carbón encendido. Gotas de sudor recorrían su rostro ennegrecido por el hollín mientras renovaba piezas, ajustaba otras y forjaba nuevas armas y armaduras destinadas a los aventureros que habían confiado en su trabajo.
El sonido del acero al rojo vivo al sumergirse en agua resonaba seco, seguido de una nube de vapor que se alzaba como una niebla espesa dentro del taller. Kael respiraba hondo, disfrutando del proceso, del control absoluto que sentía sobre el metal.
// -- y bien como te has sentido estos últimos meses ya manipulando metales pesados… -- //
Kael pensamiento: de puta madre mi ciela. Tengo una promesa que cumplir, pero creo que pronto podremos avanzar con la evolución y síntesis de materiales a nivel de materia… pronto podré sacar el hierro completamente de una piedra sin despeinarme… al menos eso creo…
Mientras martillaba, su mente viajaba rápido, conectando ideas, recordando conocimientos de otra vida y adaptándolos a ese mundo.
// -- en nuestro repertorio tenemos exactamente: el cubo dimensional – manipulacion de materia – y yo -- //
Kael pensamiento: pese a no ser habilidades ofensivas… si se saben usar, podemos ser bastante letales… y tu habilidad de sistema me ha ayudado bastante a escuchar en un buen radio de metros, al menos toda la casa, para saber todo lo que acontece a nivel del reino…
El ni?o sonrió de medio lado mientras giraba una pieza incandescente con las tenazas. No era una sonrisa inocente; era la expresión de alguien que entendía demasiado bien el poder que tenía entre manos.
// -- a quien le tienes mas miedo… al boque indomable o al imperio sacro… -- //
Kael pensamiento: le tengo más miedo a mí… soy una verdadera amenaza…
// -- ya te me vas a poner emo!??!!? -- //
Kael pensamiento: no digas mamadas… mira todo lo que hemos construido… ?tú crees que yo solo habría podido hacer todo esto? Ha sido tu habilidad de recopilación de información de mi mundo anterior lo que me ha permitido avanzar tan rápido y comprender muchas cosas…
El martillo volvió a caer con fuerza, marcando cada palabra que pasaba por su mente.
// -- y que? Tienes miedo de convertirte en un ser malvado chupa vidas que domine todo? -- //
Kael pensamiento: ?ya empezaste con las mamadas de nuevo? No, vieja… si la amenaza lo requiere, tendré que avanzar más y más en armamento militar… solo porque no quiero que haya amenazas que sí quieran hacer da?o por egoísmo propio… pero ?qué pasará si entrego ese avance a los demás?
Kael hizo una pausa, apoyando el martillo en el yunque, mientras el metal aún brillaba con un rojo intenso.
Kael pensamiento: te recuerdo que en la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó la carrera por armar la primera bomba atómica, los grandes científicos de la época no la construían con amor ni devoción por aprender… era una carrera para que quien la terminara primero destruyera al otro y así poner fin a la masacre…
// -- y crees que al final en este mundo otros lo terminaran usando para sus propios fines? -- //
Kael pensamiento: qué brillante tú… pues claro…
// -- pfff AJAJAJAJJAAJ serás mamón… pues claro que la usarán para motivos propios y egoístas… hasta tú, en un ataque de furia, podrías desatar eso… porque son seres orgánicos que se mueven a través de emociones y sensaciones… las únicas mamadas ciertas son las tuyas, queriéndote hacer el mártir y llorar por algo que aún no creas y que crees que ya lo usarán para hacer travesuras -- //
Kael pensamiento: no es hacerse el mártir ni la víctima… simplemente es el sue?o imperfecto de un ser que también lo es…
El metal ya había perdido parte de su brillo. Kael volvió a trabajarlo, ajustando bordes y puliendo imperfecciones.
// -- la cosa es así nomas mi ciela, o matas o te matan por muy civilizada que este una especie, por muchas reglas que esta imponga, el peligro siempre estará ahí afuera y dependerá de ti que es lo mas importante para ti…. -- //
Kael pensamiento: debo admitir que las espadas y placas de armadura que creamos quedaron bien mamalonas. Al menos esto les gustará a los aventureros. No usé bronce en sus armas ni armaduras, jajaja… quedarán mejor armados que un aventurero de rango A, jajaja.
// -- y que haras con los materiales que trajeron? -- //
Kael pensamiento: se convertirán en muchos utensilios diarios que ayudarán en la mansión, juas juas. Ahora que terminamos todo, armemos esa mierda…
// -- hablas de esa mierda?!?!?! -- //
Kael pensamiento: sí, esa mierda…
Kael salió del taller con paso decidido y llamó a varios soldados para que lo ayudaran. Uno a uno fueron llegando, atentos a las órdenes del peque?o amo. Pronto comenzaron a transportar numerosas piezas metálicas y estructuras de madera hacia el centro del patio, siguiendo cuidadosamente las instrucciones que Kael les daba, se?alando, corrigiendo posiciones y ajustando encajes.
Las piezas, al principio incomprensibles, comenzaron a tomar forma bajo la guía del ni?o. Los soldados trabajaban en silencio, intercambiando miradas cargadas de curiosidad y asombro.
Cuando terminaron, ninguno de ellos podía creer lo que tenía frente a sus ojos. Habían visto ballestas antes, muchas, pero jamás algo como aquello… y mucho menos de ese tama?o.
Kael, sin poder contener la emoción, salió corriendo hacia la mansión y entró de golpe en la oficina de su abuelo.
—?TATA, MIRA! ?VEN A VER LA ARMA MAMALONA QUE HICE! —gritó, sin el menor cuidado por el protocolo.
Garbard alzó una ceja, sorprendido por la irrupción.
—Wow… ?y este negrito qué quiere ahora de mí? —murmuró, dejando lo que estaba haciendo.
Sin darle tiempo a reaccionar, Kael lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró hacia el patio.
Al llegar, Garbard se detuvo en seco.
Frente a él se alzaba una estructura imponente, sólida, claramente dise?ada para la guerra. Sus ojos se abrieron con una mezcla de incredulidad y asombro.
—Muchacho… —dijo, acercándose—. ?Qué es esta ballesta gigante?
Kael infló el pecho, claramente orgulloso.
—Lo que ven aquí es una ballesta de asedio, una máquina dise?ada para disparar virotes del tama?o de una lanza con una fuerza imposible de lograr con los brazos humanos.
Kael comenzó a caminar alrededor de la estructura, se?alando cada parte con entusiasmo.
—Su funcionamiento es simple.
Hizo una pausa breve, asegurándose de tener la atención de todos.
—Energía almacenada en el arco. Estas dos palas de madera y metal se doblan hacia atrás cuando tensamos la cuerda. Cuanto más se doblan, más energía guardan, como una rama a punto de quebrarse.
Se?aló luego el mecanismo lateral.
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—Torno mecánico para tensarla. Una persona normal jamás podría tensar una cuerda tan dura. Por eso usamos este torno con manivelas: gira, jala la cuerda y acumula toda la fuerza en el arco sin romperlo.
Después indicó el bloque central.
—El gatillo de acero. La cuerda queda atrapada aquí, en este bloque reforzado. Cuando se aprieta el gatillo, libera toda esa energía de golpe.
Tomó entonces un virote y lo mostró.
—El virote gigante. Esta máquina lanza una flecha gruesa como el antebrazo, con punta de acero. La guía central mantiene el virote recto para que no pierda fuerza ni dirección.
Su tono se volvió más serio.
—Fuerza de impacto. Al dispararse, toda la energía del arco se transfiere al virote. La punta es capaz de atravesar madera gruesa, escamas duras e incluso caparazones de bestias grandes. Donde una lanza humana se queda corta… esto perfora como si fuera mantequilla.
Finalmente, apoyó una mano en la base.
—Precisión y distancia. Al estar firmemente anclada al suelo, la ballesta no vibra. Por eso puede acertar a más de cien metros con bastante precisión.
Kael sonrió, satisfecho.
—En resumen: acumula fuerza lentamente y la libera toda de golpe. Es una lanza lanzada con la potencia de diez hombres.
—Estimo que con una de estas podremos hacerle bastante da?o a un rakatros de tierra, pese a tener una potente coraza como armadura —a?adió con seguridad.
Garbard frunció el ce?o, claramente impresionado, pero aún incrédulo.
—Entiendo muy bien tu punto, pero aún me cuesta creer que esta descomunal arma pueda ser manejada por solo dos soldados y hacer tanto da?o…
Kael lo miró con una sonrisa peligrosa.
—Probémosla.
Kael se acercó a la ballesta con paso decidido. Dos soldados, aún tensos por la magnitud del arma, siguieron sus instrucciones y giraron el torno con esfuerzo. El mecanismo chirrió bajo la tensión creciente; la cuerda se estiró lentamente, acumulando una fuerza silenciosa y amenazante. El virote fue colocado en la guía central, encajando con precisión.
Kael apuntó hacia el muro más lejano del patio, un grueso bloque de piedra que había resistido a?os de viento y golpes sin mostrar grietas visibles.
—Ahora miren bien —dijo, con los ojos brillándole de emoción.
Accionó el gatillo.
El sonido fue seco, brutal. La ballesta, firmemente anclada al suelo, lanzó el virote con una violencia estremecedora. La flecha atravesó el aire como un rayo y se estrelló contra el muro, destrozándolo sin dificultad. La piedra estalló en fragmentos, levantando una nube de polvo y escombros que se expandió por el patio.
El estruendo resonó por toda la mansión.
Durante un segundo, nadie dijo nada.
Luego, puertas se abrieron de golpe y pasos apresurados inundaron el lugar. Los miembros de la casa salieron exaltados, buscando el origen del caos.
—??QUé DIABLOS PASó AHORA?! —gritaron Caria y Laret casi al mismo tiempo.
En medio del polvo, un Kael ennegrecido, cubierto de hollín y con el cabello revuelto, saltaba de felicidad.
—?AAAAA! ?Soy la mera berga! —gritó, levantando los brazos—. ?A los rakatros les faltarán manos pa’ pelarme la berga!
Los guardianes observaban la gigantesca ballesta y el da?o absurdo que había provocado en el muro, con expresiones entre el respeto, el miedo y la incredulidad.
Detrás de Kael, una sirvienta visiblemente enfurecida y una madre aún más furiosa se detuvieron en seco.
Caria lo tomó del hombro con fuerza.
—??Esas palabrotas de quién las aprendiste?! —exclamó—. ??De quién?!
—??Qué?! —saltó Ken, dando un paso atrás—. ?NOOO! ?Yo no le he dicho nada al jefe mono!
Tana se cruzó de brazos, observándolo de arriba abajo.
—Y mírenlo cómo está… irreconocible con esa suciedad.
Laret suspiró con fastidio, se?alando el muro destruido.
—Un buen castigo por todo lo que hizo y, sobre todo… el muro que botó. ?Sabes lo caro que sale reparar muros?
Kael abrió los ojos como platos.
—?AAA, no se vale! ?No me pueden hacer esto! —protestó—. ?Yo contribuyo al desarrollo! ?Deberían felicitarme y consentirme por mis aportes!
Caria sonrió de una forma que no prometía nada bueno.
—Por supuesto que te vamos a dar todo eso —dijo con dulzura peligrosa—. Después de ba?arte, nos turnaremos todas para abrazarte y darte besos como recompensa.
Kael palideció.
—No, no… ?ya no quiero! —chilló—. ?Es injusto! ?Yo quería más dinero!
Sin darle opción a escapar, Caria y Tana lo tomaron cada una de un brazo y se llevaron al negrito a rastras para ba?arlo, mientras él pataleaba inútilmente.
En el patio, Garbard, Laret y los guardianes seguían mirando la ballesta, aún impresionados.
—Holley… —llamó Garbard, sin apartar la vista del arma.
—?Sí, mi se?or? —respondió ella, acercándose.
Garbard se?aló la ballesta.
—Imaginemos que Kael te dispara con esta cosa… dime, ?crees que podrías resistir el ataque?
Holley se quedó en silencio por un momento, evaluando seriamente la pregunta. Luego asintió con cautela.
—Podría resistir quizá dos o tres disparos con mi escudo reforzado con magia —respondió—. Pero el descomunal poder que tiene eso… no me imagino tener cien de estas apuntándome.
Laret negó con la cabeza, aún incrédulo.
—?Cómo diablos pudo llegar a construir algo así él solo…?
Enta cruzó los brazos.
—Sin duda está aprovechando al máximo la información que tuvo en su anterior vida…
Garbard suspiró, pensativo.
—Llamaré a Drakum… probablemente explotará al ver los juguetes que creó Kael con los materiales que le proporcionó.
Ken negó suavemente.
—Probablemente no sea necesario, se?or.
Garbard lo miró con curiosidad.
—?Cuál sería la causa?
Ken sonrió.
—Conociéndolo, por la espada que hizo el joven amo… cuando la termine de ver, vendrá corriendo hacia acá.
Como si hubiera invocado una profecía, apenas terminó de hablar cuando un soldado llegó corriendo hasta el lord, claramente agitado.
—?Mi se?or! —exclamó—. ?Un enano claramente exaltado está gritando en el portón pidiendo que lo dejen entrar!
Garbard soltó una carcajada.
—Jajaja… ?quién lo diría? —dijo divertido—. Déjalo pasar y dile que estamos en el patio.
Unos minutos después, el enano cruzó el patio corriendo. Drakum llevaba aún en las manos la hoja de la espada, completamente exaltado. Sin embargo, al llegar y ver la ballesta gigante, casi se fue de espaldas.
—?Mi gran se?or! —exclamó—. ?Esta espada y ahora esto! ??Qué está pasando aquí?! ??Quién hizo todo esto?!
Garbard sonrió con ironía.
—Esto es culpa tuya, Drakum. Le proporcionaste materiales a Kael y se hizo su propio taller para inventar cosas… mira esta “ballesta de asedio”. Destrozó el muro defensivo de la mansión como si fuera papel.
Drakum no dejaba de tocar ni inspeccionar la ballesta, recorriendo cada unión, cada pieza, con ojos brillantes.
—Esta cosa tiene un temple y una ingeniería perfectos… —murmuró—. Es increíble cómo logró este nivel de refinamiento. Incluso la hoja de la espada que me llevaron… está al nivel de un herrero enano experto.
Se detuvo en seco.
—… espera… ?qué? ??Yo?! ??Kael?! ??En serio él hizo todo esto?!
Después de un almuerzo accidentado, acompa?ado de coscorrones bien ganados y una cantidad exagerada de verduras —parte esencial de su castigo por el desastre—, Kael pagó las consecuencias de su entusiasmo desmedido. Aun así, su expresión no era de arrepentimiento, sino de resignación orgullosa; para él, cada rega?o valía la pena si el resultado había sido tan espectacular.
Una vez liberado, se dirigió de nuevo a su taller, con la intención de retomar el trabajo y revisar algunos ajustes pendientes. Sin embargo, al llegar, se detuvo en seco.
Alguien estaba dentro.
Kael frunció el ce?o y abrió la puerta de golpe.
—?AAAAAA! ??CUáNTAS VECES LES HE DICHO QUE MI TALLER NO SE TOCA CUANDO NO ESTOY?! —gritó, claramente indignado.
Desde el interior, una voz grave y conocida respondió sin el menor remordimiento.
—Pues es un desastre —dijo Drakum con total naturalidad—. Siempre que trabajes aquí debes mantenerlo ordenado y limpio.
Kael se quedó paralizado por un segundo y luego abrió los ojos con sorpresa.
—?AAAA, tío Drakum! ?Qué sorpresa verlo!
Drakum recorrió el taller con la mirada, observando los hornos, las mesas de trabajo, las herramientas improvisadas y los sistemas que Kael había montado por su cuenta.
—Tu abuelo me llamó para que viera qué estabas haciendo —continuó—, y realmente estoy impresionado. Tus hornos son peque?os, pero usan un sistema que nunca había visto…
Kael sonrió, rascándose la cabeza con cierta timidez.
—Ah… pues sí. Empecé a aplicar mis conocimientos para obtener un mayor refinamiento de los metales.
Drakum se acercó a uno de los hornos, examinando con atención los conductos y la distribución del calor.
—De seguro tienes una base muy sólida para crear todo esto —comentó—. Así como esos planos de la bomba de agua… no sabes cuánto me los han pedido en todos los pueblos para poder tener un mejor acceso al agua de los pozos.
Kael levantó una ceja, claramente orgulloso.
—Pues primero vaya a pedirse unos aperitivos y alcohol a la cocina —dijo—, porque si quiere escuchar todo al detalle, tendremos de aquí a la noche hablando.
Drakum soltó una carcajada profunda.
—Ufff… eso sí que es tener espíritu. Pues comencemos, muchacho.
Y así, Kael y Drakum pasaron largas horas conversando dentro del taller. El ni?o le mostró cada avance, cada peque?o invento y cada proyecto en desarrollo, explicando con entusiasmo sus ideas, los problemas que había encontrado y las soluciones que había ideado. El enano escuchaba atento, haciendo preguntas, comparando técnicas y maravillándose con la forma en que Kael mezclaba conocimiento antiguo con creatividad pura.
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Mientras tanto, lejos de la seguridad de la mansión, en un pasaje oculto y peligroso entre el bosque indomable y la costa, avanzaba un grupo de bandidos. Los caminos eran estrechos, cubiertos de raíces, sombras y niebla espesa. A ambos lados, la vegetación cerrada parecía observarlos en silencio.
Entre ellos llevaban una carga muy distinta a la habitual.
Una gran cantidad de ni?os.
No eran ni?os comunes y corrientes. Eran ni?os demonio, raptados de distintos pueblos, con miradas cansadas, sucias de polvo y miedo, algunos demasiado débiles incluso para llorar.
—A la mierda… —escupió uno de los bandidos—. Tendremos una muy buena paga por estos malditos engendros.
—Así es —respondió otro—. Los nobles pagarán mucho por ellos. Dejé a los más lindos para nosotros, para venderlos mejor… y los demás se los pasamos a ese mago asqueroso.
Un tercer bandido ajustó la cuerda con la que empujaban a los peque?os.
—Se supone que ese mago nos esperará a mitad del trayecto del bosque indomable —dijo—, para seguir por el camino que él tiene oculto.
El jefe bandido sonrió con desprecio.
—Así es. A él no le importa cómo sean estos gusanos… solo los quiere para perfeccionar su asquerosa magia oscura.
Uno de los hombres rió con crueldad.
—Jajajaja… no sé qué será peor para estas cosas… ese maldito mago asqueroso… o los asquerosos y degenerados nobles que pagarán por ellos.
Los peque?os, aterrorizados y exhaustos, apenas podían mantenerse en pie. Con pasos torpes y cuerpos débiles, no podían hacer otra cosa que obedecer y seguir avanzando, internándose cada vez más en el camino que los conducía a un destino oscuro y horrible.

