La noche había caído por completo, y las luces de la oficina del gran lord permanecían encendidas, proyectando sombras alargadas sobre las paredes cubiertas de estanterías y tapices antiguos. El silencio del exterior contrastaba con la tensión que se acumulaba dentro de aquella sala. Allí estaban lord Garbard, Laret, Caria y Freya, reunidos en una conversación privada que ninguno de ellos habría querido tener… pero que ya no podían seguir evitando.
El objetivo era claro.
Saber qué hacer con Kael.
El creciente desarrollo del ni?o durante los últimos dos a?os había dejado de ser algo que pudiera ignorarse o justificarse como simple talento precoz. El peso de esa realidad se sentía en el aire, denso, incómodo, casi asfixiante.
Lord Garbard fue el primero en romper el silencio.
—Bien… —dijo, apoyando ambas manos sobre el escritorio—. Iniciamos esta reunión a petición de Freya. El objetivo es clarificar y entender la situación de Kael, en base al crecimiento que ha demostrado en tan solo dos a?os. Entendemos que, por sus características, necesita entrenar su cuerpo para que pueda soportar sus capacidades… al menos, eso es lo que especifica Freya.
Caria frunció el ce?o de inmediato. Su postura era firme, protectora, casi instintiva.
—Bien —respondió—, pero también hay que poner algo importante sobre la mesa. Kael, pese a todo lo que digan, sigue siendo un ni?o. Y al final del camino, pase lo que pase, nosotros tenemos la última palabra.
Freya respiró hondo antes de responder. Su mirada se suavizó un instante al observar a Caria, entendiendo demasiado bien de dónde venía aquella reacción.
—Caria, entiendo tu preocupación —dijo con calma—. Si a Lysandra le pasara algo así, estaría exactamente en tu lugar. Pero tenemos que ser realistas con lo que está ocurriendo… y, sobre todo, con lo que hay que ocultar.
Laret, que hasta ese momento había permanecido en silencio, intervino con el ce?o fruncido.
—De momento, nadie más que los habitantes de la mansión Sungley conoce el verdadero alcance del poder de Kael —dijo—. Le mentimos al doctor que lo revisó esta tarde, diciéndole que había colapsado mientras jugaba en el jardín.
Freya asintió lentamente.
—Este es un caso delicado… —murmuró—. Muy, muy delicado. Y les pido, por favor, que lo vean de la manera más objetiva posible. Porque, de lo contrario, quien más va a sufrir será Kael.
Lord Garbard alzó la vista hacia ella, con el rostro serio.
—?Podrías dar más detalles sobre ese argumento?
Freya apretó los labios por un segundo, como si ordenara sus pensamientos antes de soltarlos.
—Como mencioné al inicio, Kael es una verdadera anomalía de la naturaleza. Sus capacidades desafían incluso las leyes de nuestro mundo. Su alma no concuerda con su cuerpo; se reencarnó, pero mantiene su estructura y su poder intactos. En un cuerpo tan peque?o, eso es un riesgo enorme. Si no se entrena adecuadamente, podría causarle problemas graves.
Hizo una breve pausa, pero no para detenerse, sino para cargar de peso lo que estaba a punto de decir.
—Y lo que demostró hoy… no fue solo madurez social. Mostró una capacidad de análisis crítico y retención de información propia de un genio. Literalmente absorbió cada palabra de los libros que le he leído durante estos últimos meses.
Caria abrió levemente los ojos, sorprendida.
—No solo los entendió —continuó Freya—, sino que los cuestionó. Y, basándose en experimentos propios, llegó a conclusiones por sí mismo. Caria, no estoy exagerando cuando te digo que lo que hizo esta tarde desafió por completo nuestro entendimiento de la magia y de los elementos que nos rodean.
La voz de Freya se volvió más firme, cargada de una mezcla peligrosa de admiración y preocupación.
—Entendió la magia como ondas propagables… como un medio para la ecolocalización. Fue capaz de detectar materiales, diferenciarlos y, aún más increíble, extraerlos en estado puro.
El silencio cayó de golpe sobre la sala.
Laret, Caria y Garbard intercambiaron miradas. Recién ahora comenzaban a comprender la magnitud real de lo que Kael había hecho.
—De haber presentado eso en un evento de alquimistas —a?adió Freya—, el impacto habría sido tan grande que Kael sería considerado un nuevo sabio de esta era.
Lord Garbard apoyó la espalda en su silla, pensativo.
—Desde peque?o mostró un interés genuino por todo lo que lo rodeaba —dijo—. Con apenas unos días de nacido ya balbuceaba y reía… pero, sobre todo, siempre estaba atento. Ahora no me cabe duda de que entendió perfectamente la situación cuando traje a los nobles juzgados.
Laret frunció el ce?o.
—Espera… ?a qué te refieres con que entendía la situación?
Garbard lo miró directamente.
—Su sed de sangre era palpable. El deseo de masacrar a esos monstruos se sentía en el ambiente cuando entramos. Y recuerda bien quién fue el primero en intervenir para detenerlos.
Caria y Laret bajaron la mirada casi al mismo tiempo. De pronto, muchas escenas pasadas cobraban un nuevo sentido.
Freya retomó la palabra, con un tono más grave.
—Kael ha demostrado una madurez emocional muy superior a la de un ni?o normal… incluso mayor que la de alguien de doce a?os. Sabe comportarse con respeto frente a desconocidos, siempre que no se le presione.
Lord Garbard asintió lentamente.
—Eso le da una capacidad de crecimiento inmensa. No me sorprendería que, cuando entre a la academia a los 7 a?os, salga con honores.
Freya se tensó. Su expresión cambió por completo. Se puso seria y levantó la mirada, oscurecida por una sombra inquietante.
—Yo… no diría que eso vaya a pasar —respondió—. De hecho, me está dando miedo lo que pueda ocurrir. Y todo apunta a que podría ser algo malo.
—?A qué te refieres con “malo”? —exclamó Caria, alarmada.
—?Hay alguna amenaza? —preguntaron Laret y Garbard casi al unísono.
Freya cerró los ojos un segundo antes de hablar.
—Esto son suposiciones… no puedo decir que sean cien por ciento correctas. Pero es muy probable que ocurran. Escuchen bien, porque lo que voy a contar ahora es extremadamente delicado. Deben guardarlo como secreto absoluto. No pueden revelarlo a nadie… porque podría afectarme por completo.
Los tres tragaron saliva. Nadie interrumpió.
—?Recuerdan el a?o en que me gradué de la academia? —preguntó Freya—. El torneo de poder y el ritual de contrato con los espíritus.
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Los tres asintieron en silencio.
—Como sabrán, rechacé realizar el ritual —continuó—. Dije que estaba lesionada y que lo intentaría al a?o siguiente.
Caria entrecerró los ojos, recordando.
—Sí… lo recuerdo bien. Al a?o siguiente, nosotros hicimos el contrato con nuestras bestias mágicas, pero tú no te presentaste.
Freya asintió con lentitud.
—Rechacé el ritual porque el espíritu que quiso hacer contrato conmigo… estaba vivo. Y no era cualquier criatura.
Laret frunció el ce?o.
—Eso suena bastante delicado.
Freya apretó los pu?os, como si aquel recuerdo aún pesara demasiado.
—Galen me obligó a retirarme. Dijo que podía ser un peligro. Cuando desperté mi magia elemental de fuego, el espíritu que hizo contacto conmigo fue Rasha… el dragón del magma.
RASHA
Dragón Primigenio del Fuego Ancestral
Rasha no es simplemente un dragón.
Su cuerpo es una amalgama de magma vivo, con escamas negras como roca volcánica recién fracturada y profundas grietas incandescentes que laten al ritmo de un corazón de lava líquida. Cada uno de sus movimientos deja estelas de brasas suspendidas en el aire, como si la realidad misma ardiera a su paso, incapaz de soportar su presencia.
Su silueta serpenteante es larga, elegante y letal; un equilibrio perfecto entre devastación absoluta y una majestuosidad imposible de ignorar. Las alas, enormes y desgarradas por el calor perpetuo que emana de su propio cuerpo, funcionan más como torrentes abrasadores de energía que como simples membranas físicas. Cuando las despliega, el cielo se ti?e de un rojo profundo, anunciando algo parecido al amanecer… pero de un mundo condenado.
Sus ojos…
Dos esferas incandescentes.
Pozos infinitos de un fuego que no consume materia, sino voluntades.
No miran: juzgan.
No observan: penetran.
Naturaleza
A diferencia de los dragones menores, guiados principalmente por el instinto, Rasha es una fuerza de la creación dotada de consciencia.
No siente ira: siente inevitabilidad.
No tiene hambre: tiene propósito.
Es el equilibrio viviente entre destrucción y renacimiento. Allí donde pasa, la vida se extingue… pero la tierra queda preparada para renacer más fértil, más fuerte.
Es el fuego que limpia.
El desastre que purifica.
Con un impacto silencioso pero abrumador, los tres oyentes observaron a Freya con una mezcla de desconcierto e incredulidad. Nadie se atrevía a hablar de inmediato.
—Entonces… —dijo Garbard al fin, con la voz tensa—, ?cuando descubriste tu elemento, Rasha hizo contacto contigo?
—Sí —respondió Freya—. él pudo ver a través de mis capacidades… y las quiso. Estuve indecisa sobre si realizar el ritual y aceptar el contrato. Pero Galen me detuvo. Me dijo algo que jamás olvidé.
Freya alzó la mirada, como si escuchara aquellas palabras resonar otra vez en su mente.
—Si obtienes un poder tan descomunal como el tuyo unido al de Rasha —me dijo—, serás una heroína indiscutible. Pero cuando los enemigos desaparezcan… aquellos que hoy te llaman compa?era podrían comenzar a verte como una amenaza.
Freya apretó los dientes.
—Después de eso tuve miedo. Caí en una espiral de terror… y poco tiempo después comenzó la guerra. No hubo espacio para decisiones. Tuvimos que marchar al reino demoníaco.
Caria bajó la cabeza lentamente.
—Sin duda… —murmuró—, si en ese momento hubiéramos contado con el poder de Rasha, habríamos ganado la guerra con una ventaja aplastante.
—Pero al costo que menciona Freya —a?adió Laret—. Habría sido la gran heroína que salvó el mundo… para luego convertirse en su mayor amenaza.
Freya asintió con gravedad.
—Ahí nace mi preocupación actual —dijo—. ?Entienden ahora a qué me refiero con Kael?
Los tres comenzaron, por fin, a comprender la verdadera dimensión del problema. La tensión volvió a espesarse en la sala.
—?Quieres decir —preguntó Caria con la voz quebrada— que cuando mi ni?o haga la prueba de afinidad elemental… una entidad increíblemente poderosa podría hacer contacto con él?
—Así es —respondió Freya sin rodeos.
Laret tragó saliva.
—No quiero ni imaginar que, dependiendo de su elemento… como te pasó a ti… esos dragones antiguos se interesen por nuestro hijo.
Freya se llevó una mano a la cabeza, como si el peso de las posibilidades la aplastara.
—Ese es solo uno de los problemas —continuó—. Ahora vamos a otro. Kael es un maestro entre maestros. Con apenas meses de vida ya fue capaz de manifestar magia. A los siete a?os no me sorprendería que fuera un experto, y al salir de la academia… podría convertirse en una eminencia, un sabio entre sabios.
Su voz se volvió más dura.
—Para la gente común, eso sería algo maravilloso. Pero para el Sacro Imperio… no. Si se enteran de que Kael puede usar magia desde tan peque?o, y peor aún, de que descubrió un hito científico de tal magnitud… ellos…
Garbard completó la frase con un tono sombrío.
—Podrían exigir que lo entreguemos. O peor… imponer su ley para arrebatárnoslo.
El silencio se apoderó de la sala durante largos segundos. La presión aumentó de manera brutal. Dos padres que ya habían luchado hasta el límite por proteger a su hijo ahora se veían obligados a considerar que el propio mundo podría intentar asesinarlo… o que un reino entero podría buscar raptarlo.
El dolor y la impotencia comenzaron a florecer con violencia en sus corazones.
—?No…! —sollozó Caria—. Mi ni?o no… ?por qué tenía que pasarle esto a mi ni?o? él es alegre, es cari?oso… no tiene por qué sufrir. ?él no es malo!
Sin poder contenerse, Caria rompió en llanto. Su cuerpo temblaba mientras el miedo la desbordaba. Hiciera lo que hiciera, el mundo parecía empe?ado en arrebatarle a su primogénito.
Laret la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho, compartiendo el mismo dolor silencioso.
Freya y Garbard permanecieron en silencio. No había palabras suficientes… hasta que Garbard dio un paso al frente, con la mirada firme, decidida.
—Caria, hija mía… —dijo con voz profunda—. Desde el día que te encontré en aquella aldea devastada por el ataque de ese mago de oscuridad, vi ese fuego interminable en tus ojos. Supe entonces que serías alguien capaz de generar un verdadero cambio en este mundo.
Garbard respiró hondo.
—Y lo demostraste con creces. Derrotaste hordas interminables de demonios, ayudaste a ganar la guerra… y además me diste la dicha de tener a mi primer nieto.
Luego miró a Laret.
—Y tú… desde que perdiste a tu madre, siempre creí que no sería suficiente para darte lo que necesitabas. Pensé que fallaría como padre. Pero fuiste perseverante, disciplinado. Juntos, ustedes dos no se rindieron jamás, pese a todo pronóstico.
Su voz se volvió más intensa.
—Cuando me presentaron a su primogénito, al fruto de su amor… al futuro de este mundo, lo vi en sus ojos desde el primer día. Supe que llegaría lejos. Que, al igual que ustedes, haría grandes cambios para bien.
Garbard apretó los pu?os.
—Y sigo creyendo en eso. No me retractaré. él lo ha demostrado. Kael será la luz de este legado.
—Si un maldito dragón primigenio intenta hacerle da?o a mi nieto —continuó, con furia contenida—, ahí estaré para derrotarlo. Y si el maldito Sacro Imperio se atreve a ponerle un solo dedo encima… yo mismo iré en persona a destruir ese reino.
Freya dio un paso adelante.
—Laret, Caria… Kael está sentando un precedente único y trascendental para este mundo. Si temen que alguien quiera hacerle da?o, entonces hagámoslo lo suficientemente fuerte como para que ningún reino se atreva a tocarlo.
Respiró hondo.
—él no está rompiéndose. Está trazando su propio camino. Un camino que otros podrán seguir. Y como dijo lord Garbard… Kael tiene un corazón grande y puro. Siempre ha velado por la felicidad de quienes ama. No es de cristal. No es un ni?o indefenso. él ya vio la realidad de este mundo… y decidió levantarse para pelear.
Laret y Caria permanecieron en silencio durante varios segundos. El llanto había cesado, pero el dolor seguía ahí, espeso, clavado en el pecho. Poco a poco, comenzaron a salir del trance en el que habían quedado atrapados. Las palabras de Garbard y Freya empezaban a abrirse paso entre la angustia, obligándolos a enfrentar una verdad que ninguno de los dos quería aceptar.
Kael no era un ni?o indefenso.
Nunca lo había sido.
Caria apretó los pu?os sobre su regazo. Su voz salió temblorosa, cargada de un anhelo casi desesperado.
—Yo… yo solo quería que mi ni?o creciera feliz —dijo—. Tranquilo. Sin tener que pelear para sobrevivir.
Laret bajó la mirada, con el rostro endurecido por la frustración.
—él no tenía por qué pagar por problemas que nosotros no fuimos capaces de solucionar —a?adió—. No era justo.
Freya los observó con una mezcla de tristeza y resignación. Cuando habló, su tono fue firme, pero honesto, sin adornos innecesarios.
—No debería pagar por esto —dijo—. Pero lamentablemente, le tocó. Y también a mi hija… al hijo de Liora… y a la princesa. Nosotros no fuimos lo suficientemente buenos para remediar este mundo. Y ahora, una nueva generación debe tomar la posta.
Respiró hondo antes de continuar.
—Lo único que podemos hacer es apoyar, ense?ar y preparar lo mejor posible. Darles las herramientas para que puedan lograr lo que nosotros no pudimos.
Las palabras cayeron pesadas, pero necesarias. Con dolor e impotencia, los padres de Kael comenzaron a comprender que los verdaderos cambios no ocurren de una generación a otra. Que las heridas profundas de una sociedad tardan mucho tiempo en sanar… y que alguien debía iniciar ese proceso, aun pagando un precio demasiado alto.
Caria levantó la vista hacia Freya. Sus ojos estaban enrojecidos, pero ahora había en ellos una determinación distinta.
—Prométeme algo —dijo—. Prométeme que, en el tiempo que te queda, harás que mi hijo sea alguien capaz de crecer… de sobreponerse a cualquier obstáculo que se le cruce.
Freya dejó escapar una peque?a sonrisa cansada, intentando aliviar la tensión.
—Por supuesto —respondió—. Aunque, obviamente, revisando que el idiota no vuelva a quedar como hoy.
Laret soltó una risa breve, seca, más por nervios que por humor. Incluso Caria dejó escapar una exhalación temblorosa, agradecida por ese mínimo respiro.
Lord Garbard asintió con solemnidad.
—Entonces las respuestas finales se verán ma?ana —dijo—, cuando hablemos directamente con él.
La reunión llegó a su fin sin celebraciones ni alivio real. Solo quedó un sabor agridulce, una mezcla de esperanza forzada y temor profundo. El futuro de Kael seguía siendo incierto… y solo él mismo podría cerrar ese debate.
Con el dolor y la impotencia de unos padres incapaces de detener los errores y egoísmos de este mundo, el destino observaba en silencio, expectante, aguardando la decisión de aquel ni?o que ya había comenzado a desafiarlo.

