—Bien, me quedaré en tu habitación esta noche—le dijo Miir a Flare—. Aprovechemos para planear lo nuestro.
—De acuerdo, sube que yo iré luego, tercera habitación a la izquierda tras subir la escalera.—dijo Flare mientras Miir subía las escaleras.
—Va.—respondió Miir.
...
Cuándo Miir y Flare se reunieron en la habitación, ambas se sentaron en la cama, cada una en una punta diferente.
—Bien, tenemos que pensar cómo actuar de ahora en adelante.—dijo Miir mientras se cruzaba de piernas.
—?Alguna idea?
—Ninguna, aunque podríamos aprovechar esos ojitos tuyos para rastrear algo de maná fuerte en el aire.
—No funciona así—negó Flare ladeando la cabeza—. Mis ojos no son cómo los del resto de dragones, solo puedo apreciar el mana a cierta distancia.
—Mmm... esas son malas noticias.
—?Tú no puedes usar tu afinidad al viento a nuestro favor?
—Eso eh estado haciendo desde el comienzo.
—No me di cuenta—dijo Flare sorprendida—, no emanas nada de maná.
—El interior de éste cuerpo está hecho por completo de maná quizá será por eso, incluso aunque solo sea una mu?eca a distancia.
—?Cómo puedes hacer algo así?
—?Te refieres a cómo puedo manejar ésta marioneta y mi propio cuerpo al mismo tiempo?
—Ujum.—afirmó Flare con la cabeza.
—En pocas palabras, es algo automático. Cómo el respirar para ustedes.
—Supongo que por eso la energía de la mu?eca es limitada.
—Así es, por eso no puedo usar todo mi poder; no solo porque este cuerpo no soportaría la presión y terminaría reventando cómo un globo de tanto poder mágico, sino porque la falta del núcleo y la distancia entre la mu?eca y yo es tanta que puede llegar a ser inestable.
Mientras Miir hablaba, Flare miró al marco de la ventana al mismo tiempo que Miir dejó de hablar. Ambas se miraron en silencio, Miir cerró los ojos y su pelo comenzó a tener un tenue color verde al mismo tiempo que se relajaba. Flare por su lado se levantó y fue hacía la ventana.
No había nadie.
—Nos vigilaban.—dijo Flare mientras miraba por la ventana.
—Si—respondió Miir aún con los ojos cerrados—. No te preocupes, dejaron un rastro.
—?Puedes rastrearlo?
—Es muy débil. O quienes nos miraban eran gente que sabían lo que hacían o era un pervertido del montón.
—?Cuál crees que es la opción correcta?—preguntó Flare mientras abría la ventana.
—La primera.—Miir abrió los ojos y corriendo saltó por la ventana.
—Lo mismo pensé.—Flare la siguió.
Pese a que Miir había saltado una gran distancia, sus pasos eran absolutamente silenciosos, cómo si en lugar de correr estuviera flotando.
Flare por su parte tenía un cuerpo más grande y pesado que el de Miir y, al saltar por la ventana, se pudo escuchar con claridad su aterrizaje.
Miir se movía a mayor velocidad, pero Flare podía seguirle el paso de cerca. Cuándo Miir giraba en una dirección, Flare lo hacía con ella; Cuándo Miir subía por un tejado, Flare la seguía con la vista desde el suelo. Estuvieron corriendo de esa manera por un rato, hasta que Miir se detuvo justo frente a una de las tantas estatuas que había por la Ciudadela.
—?Pasa algo?—preguntó Flare tras alcanzarla.
—F-Flare...—la voz de Miir parecía un tanto débil.
—?Qué?—Flare se aproximó a Miir quién estaba mirando a la distancia— ?Qué es lo que miras cómo para ponerte así?
—Eso.—Miir se?aló en dirección a una gran edificación que se diferenciaba del resto por ser mucho más grande y elegante, similar a la Academia en términos de elegancia pero más imponente.
—?El Hotel Blanco? Qué pasa con el...—Flare fue bajando su voz al ver qué es exactamente lo que Miir se?alaba.
Allí a lo lejos en aquel hotel, tanto Miir usando su don natural para sentir el maná cómo Flare usando sus ojos dracónicos, se dieron cuenta de la presencia de alguien. Ambas se quedaron congeladas por un momento, el poderío de aquel maná era inconfundible, tanto que ambas temblaban por no haberse dado cuenta antes.
—?No me dijiste que él estaría aquí!—exclamó Miir nerviosa volteando a ver a Flare.
—?No tenía ni idea que vendría!—replicó Flare con un tono de voz aterrada. Ambas voltearon a ver de nuevo aquel ente en el hotel... pero esa aterradora e imponente presencia había desaparecido.
—??Dónde demonios se metió!?—preguntó Miir con un tono de voz aterrado mientras miraba en todas direcciones.
—?No lo sé!—respondió Flare empezando a temblar.
—?Buscan a alguien?—una voz profunda y calmada sonó desde detrás de ambas chicas.
Solo hizo falta su voz para que ambas se quedasen completamente paralizadas.
él se aproximaba dando lentos pasos, dónde cada uno de los ellos se sentía cómo si fueran el impacto de algún cuerpo celeste.
Miir quería salir corriendo, pero su cuerpo simplemente no respondía.
Flare sentía unas incontrolables ganas de llorar, pero sus lagrimales no secretaban ninguna sustancia por el miedo que su cuerpo sentía.
Cuándo él se aproximó lo suficiente volvió a hacer una pregunta.
—?Me miraban a mí?—preguntó al estar justo detrás de ellas.
Solo una pregunta bastó para que las piernas de ambas comenzaran a perder fuerzas.
Con sus lentos y pesados pasos, aquel hombre camino hasta estar justo delante de ellas dos.
Tanto Miir cómo Flare instintivamente bajaron la cabeza, quizá por sumisión, quizá por respeto, o quizá por una emoción más antigua y primigenia: miedo.
—Titania, Flare, alcen sus cabezas y mírenme—la voz de ese hombre seguía siendo calmada y tranquila. Flare fue la primera en levantar su mirada, seguida de Miir—. Así está mejor—dijo aquel hombre con una cálida sonrisa—. Buenas noches.—él las saludo con cortesía.
—B-buenas noches, su majestad.—tartamudeó Miir.
—B-buenas noches.... Padre.—titubeó Flare.
Aquel hombre era el padre de Flare, el Rey Dragón Bahamut.
Siendo más alto que cualquiera de las dos, midiendo casi tres metros de altura, su aspecto era por demás extra?o: unos largos pantalones oscuros terminados en un par de zapatos de vestir; una gabardina negra rasgada que estaba abierta, dejando expuesto parte de su torso desnudo el cual estaba en extremo tonificado y en el centro de su pecho había una peque?a deformación, cómo si estuviera hundido; las manos de Bahamut estaban recubiertas por completo de escamas blancas cómo la nieve, dejando ver su lado dragón; de la misma forma que su rostro, el cuál tenía una densa capa de escamas similares a placas que cubrían sus ojos y su nariz, daba la sensación cómo si tuviese puesto parte un yelmo; su cabello era largo y negro, con las puntas de los mechones rojas, el mismo color que el cabello de Flare; para finalizar, Bahamut tenía un bastón en su mano, dicho bastón tenía una gran gema blanquecina incrustada en la punta.
—Me alegro de verlas bien.—dijo borrando la sonrisa de su rostro, tomando una expresión seria.
—P-Padre... ?Estás enojado?
—No.—el tono de Bahamut fue tajante.
—M-Mi Rey... ?Qué le trae a la Ciudadela?—preguntó Miir con cierta duda.
—?Acaso un Rey no puede caminar por su Reino?—preguntó Bahamut con cierto tono bromista.
—?N-No me refería a eso!—exclamó Miir bajando nuevamente su cabeza— P-Perdón por ser tan insolente.
—Levanta el rostro Titania.—dijo Bahamut manteniendo su tono de voz calmado.
—S-si...—Miir levantó la mirada una vez más.
—Me sorprendí al saber que la mismísima Titania haría acto de presencia en la Ciudadela. No esperaba que tomases parte de ésto de manera directa.
—Usted sabe cuál es la razón por la que estoy aquí, ?Verdad mi Rey?
—Si, y aunque quisiera ayudarte tu sabes que yo no puedo interferir a menos que sea realmente necesario.
—S-si, lo sé... Perdón por mi insolencia.—Miir trató de bajar la cabeza una vez más, pero Bahamut la detuvo.
—Descuida, solo me gustaría qué, para la próxima vez, no fijasen su mirada en mi con tanta asertividad.
—No lo haremos.—dijo Miir con sus ojos cerrados..
—Bien—respondió Bahamut con calidez—. Y Flare...
—?S-Si, padre?—tartamudeó Flare con duda mientras alzaba la mirada.
—Espero volver a verte pronto.—sonrió Bahamut al mismo tiempo qué, con suavidad, ponía su mano sobre la cabeza de su hija.
—Si...—susurró Flare casi sin palabras, sorprendida por el acto de su padre.
Bahamut tras sonreír, dio cuatro pasos detrás de las chicas y cuando ambas giraron, él ya no estaba ahí.
Miir finalmente perdió la fuerza de sus piernas y cayó al suelo, soltando un gran y denso suspiro. Por su lado Flare se quedó un momento pasmada y llevó sus manos hacia su cabeza, solo para después caer también.
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—E-Eso fue aterrador—tartamudeó Miir con la voz temblorosa—. Mira mis manos y piernas.—exclamó mientras miraba sus extremidades las cuales estaban temblando.
—S-Si...—Flare parecía distraída.
—?Hace tiempo que no se ven?
—?Q-Qué?
—Tu y tú padre. ?Hace mucho no se ven?
—Creo que desde mi ni?ez...
—Vaya...—Miir suspiró mientras desviaba la mirada.
—Si... creo que por eso tengo a Maki en alta estima, siento que tenemos algo en común.
—Una fue abandonada por su padre debido a la muerte de su madre... La otra fue descuidada de su padre por ser el Rey... De cierta manera hay similitudes.
Tras unos momentos en el suelo ambas se levantaron, y tras respirar hondo volvieron en sus sentidos.
—Supongo que perdimos el rastro.—mencionó Flare mirando a Miir.
—Sip, exacto.—Miir puso sus manos en su cadera.
—No puedo culparte.—Flare miró en dirección a la Academia.
—?Hay algo de tu interés allí?
—No... Solo me pareció ver a alguien.
—?De verdad?—preguntó Miir con cierto asombro.— ?Pues qué esperamos?
—Dije "creo".
—Al menos es algo.—Miir comenzó a caminar en dirección a la Academia.
—Espérame.
Miir y Flare se dirigieron rumbo a la Academia, la cuál se encontraba cerca. Al llegar notaron que no había nadie vigilando un lugar tan importante cómo lo era la Academia; Miir usó la misma habilidad que había usado en la posada, su cabello se ti?ó de un tenue color verde.
—No hay nadie vigilando el lugar.—afirmó Miir.
—?Entonces solo saltamos el muro?
—No es eso a lo que me refiero, no detecto a nadie. ?Segura que viste a alguien?
—Si, estoy segura.
—Bueno... Quizá aún estabas algo pasmada por ver a tu padre...
—No estoy loca.—afirmó Flare con un tono algo irritado mientras saltaba el muro de la Academia e ingresaba.
—Solo decía...—susurró Miir antes de seguir a Flare.
Una vez dentro, comenzaron a caminar por la Academia, cómo la puerta central estaba cerrada empezaron a caminar por el patio de la Academia. Cuándo notaron que ninguna puerta estaba abierta empezaron a mirar las ventanas, quizá alguna no estuviera cerrada.
Y fue Flare quién notó algo.
—Mira—dijo Flare al se?alar uno de los balcones en dónde las puertas estaban abiertas—, te dije que no estaba loca.
—Ya... Eso no significa nada... Quizá se olvidaron de cerrarla.
—Algo es algo.—afirmó Flare antes de dar un salto en dirección a aquel balcón. Miir la siguió a rega?adientes.
Una vez dentro notaron que era una enfermería, pese a que parecía estar ordenada notaron que alguien había estado aquí antes que ellas pues algunos documentos estaban mal organizados y los cajones abiertos.
Ambas se miraron, Flare tenía una expresión de satisfacción y Miir una de irritación.
—Te lo di-.
—Ni se te ocurra decirlo—interrumpió Miir. Ambas salieron de la enfermería y continuaron caminando, pero no encontraron a nadie. Pese a todo ellas siguieron adelante—. ?Qué sentiste?—le preguntó.
—?Con respecto a qué?
—Ya sabes... Ver a tu padre de esa manera. Solo quiero hablar de algo mientras buscamos a quien quiera que esté aquí.
—Fue intenso, muy intenso.
—?Qué tanto?
—Casi me pongo a llorar.
—?De verdad? Cómo siempre mantienes ese rostro impasible me cuesta creer que puedas llorar siquiera.
—Me ofendes—dijo Flare con un tono de voz juguetón—. ?Tú que sentiste?
—Miedo, pánico, terror...
—?Mi padre infunde tanto temor?—preguntó Flare con sorpresa.
—Para nosotros los elementales si lo hace, estoy segura que incluso los primordiales cómo Vulkano, Undyne y Gnomo temblarían ante su presencia.
—Parece que incluso para mí, mi propio padre está lleno de sorpresas.
—No te haces una idea de que tan poderoso e importante es tu padre.—Miir suspiró entre sonrisas.
—Ya lo creo—Flare se detuvo un momento—. ?Hum?
—?Pasa algo?—Miir se detuvo justo detrás de ella.
—?Aquel no es Aragi?—dijo Flare mirando a la distancia.
—?Aragi? ?Qué haría él aquí?—preguntó Miir tratando de ver en la oscuridad.
—No lo sé, pero eso explicaría porque no lo detectaste antes.
—Claro... Los Oni no tienen maná alguno, peque?o detalle.—se quejó Miir.
—Vamos con él, de seguro se sorprenderá.—Flare caminó en su dirección.
—Va—Miir la siguió—. Esos ojos tuyos son increíbles, siempre me sorprendo al saber que tanta ventaja nos sacan los dragones al resto de formas de vida.
—Basta, me tratas cómo un monstruo.—rio Flare.
—Bueno, no estás lejos de ese término.—bromeó Miir.
Mientras ambas se acercaban, Flare pudo notar cómo Aragi, quién estaba sentado en las escaleras, con velocidad se dirigió hacía uno de los pasillos.
—?Se fue corriendo?—susurró Flare.
—?Se fue?—preguntó Miir con un tono de voz que demostraba confunsión.
—Quizá encontró algo...—dijo Flare mientras se acercaba a aquel pasillo.
—Esto me suena de algo—susurró Miir—, tengo un mal presentimiento...
Cuándo Flare se acercó lo suficiente Aragi salió desde detrás de aquella esquina y con una fuerza monstruosa golpeó el plexo solar de Flare, lo cuál la sorprendió y no le dio tiempo a responder pues Aragi comenzó a golpear con gran velocidad. Flare solo podía bloquear esos ataques con cierta dificultad.
—?Maldición, ese idiota no se dio cuenta de que somos nosotras!—pensó Miir mientras qué, con velocidad, se acercó a Aragi y trató de noquearlo con la vaina de su espada.
Aragi detuvo el golpe de Miir con la palma y cerró la mano, sosteniendo la vaina lanzó a Miir contra Flare.
—??Qué le pasa a Aragi!?—pensó Flare sin comprender la situación.
Aragi corrió en dirección a ellas, su piel parecía que se estaba enrojeciendo y un extra?o vapor rotaba de su piel.
—??OniMusha!?—pensó Miir mientras entraba en pánico— ?Aragi, detente!—gritó Miir con todas sus fuerzas.
Aragi se detuvo un instante, momento en el cuál Miir hizo surgir una bola de fuego, alumbrando el lugar.
—Maldición Aragi, ?No te das cuenta de quienes somos?—exclamó Miir.
—?Flare, Miir?—preguntó Aragi confundido.
...
Tras una acalora conversación entre Miir, Flare y Aragi los tres salieron de la Academia, rumbo a la posada, dónde estaría Alice con información.
En su camino, Aragi tomó la delantera mientras Flare y Miir caminaban atrás.
—Miir.—susurró Flare.
—?Sí?
—?Qué es eso de "OniMusha"?
—Bueno... Es un tanto engorroso de explicar.
—?No puedes resumirlo?
—En pocas palabras, es una habilidad única de los Oni la cual les confiere una fuerza semejante a la de sus ancestros, los Shura pero sin llegar a tal nivel.
—No necesitan estar cuchicheando detrás mío.—dijo Aragi.
—Perdona, pero no estás en posición de exigirnos nada, se?or "golpeo primero, pregunto después"—replicó Miir.
—Ya...—Aragi estaba algo avergonzado.
Cuándo llegaron a la posada allí estaba Alice sentada junto a Maki, quién tenía una botella de alcohol en la mano.
—Llegan algo tarde.—mencionó Alice.
—?Si!—exclamó Maki mientras daba otro sorbo a la botella— ?Tarde!
Todos se sorprendieron de la actitud de Maki, menos Alice quién se reía.
—?Está borracha?—preguntó Aragi.
—?Qué no lo vez? Claramente está en sus cinco sentidos.—mencionó Miir con sarcasmo.
—Parece que no soporta bien el alcohol.—dijo Flare mientras se le acercaba y se sentaba a su lado.
—?Hum?—Maki miró a Flare— ?Flare?—preguntó Maki con el rostro enrojecido a causa del alcohol.
—?Si?
—?Alguna vez te dijeron que eres bonita?—Maki puso su mano sobre la mejilla de Flare con una pícara sonrisa.
—?Eh?—Flare se sorprendió del descaro de Maki y no pudo reaccionar.
—Wow, quieta ahí chica—Alice tomó la mano de Maki y la puso sobre la mesa—. Eso hazlo cuando estés sobria.
—Parece que tu hija heredó la resistencia de su madre ante el alcohol.—se burló Miir mientras comenzaba a reír.
—Ya lo veo...—Aragi estaba atónito.
—Tu también estás bonita Alice.—mencionó Maki mientras miraba a Alice de reojo.
—Vaya...—incluso Alice estaba sorprendida.
—O quizá sea peor que su madre...—Miir dejó de reír y pasó a mostrar una expresión de sorpresa.
—Ya lo veo.—Aragi parecía algo avergonzado.
—Miir...—Maki miró a Miir.
—Ni te molestes conmigo—interrumpió Miir—, ya se que soy bonita.
—Eres muy bajita.—dijo Maki antes de caer dormida.
—Pfff.—Aragi empezó a reír con fuerza.
Alice también comenzó a reír y Flare, por su lado, se tapó la boca desviando la mirada.
Miir se quedó con un rostro entre molesto y sorprendido, pero tras un suspiro también comenzó a reír.
Fin del Capitulo 33.

