Pasaron algunos días, y ya tenía preparado mi equipaje y mis cosas para la larga marcha hacia Jericó.
—Ya te vas —murmuró Selene, con los ojos vidriosos, parada en el umbral de los aposentos.
—Sí, pero debo hacerlo.
—No, no, hermana, no deberías irte. Mira, yo...
—Tranquila, hermana. Nuestro padre, él quiere que me largue. Es lo que voy a hacer —dije, seria, mi voz carente de calidez.
—No, nuestro padre te quiere y...
—?Alguna vez me quiso? ?Me mimó? ?Me dio todo? Pero cuando naciste, yo solo sufrí maltratos. ?Ves mis brazos? Estos no... son las cicatrices que me dejó él. Tal vez lo dices porque no sufriste, pero yo, yo solo viví una ?PUTA VIDA! Eso es lo que viví, ese infierno —dije, furiosa, la voz subiendo a un tono áspero, exponiendo la verdad que ella jamás había visto.
—Lo sé, pero tú...
—Por eso decidí irme de este reino que ya no tiene nada, solo frialdad. Escucha, en esta vida no es fantasía, esta es y siempre será la vida real. Abre los ojos, esta es la realidad y así será.
—Pero...
—Escucha, en todos los cuentos de fantasía no hay amor de verdad, sino política. Sabes que muchas ni?as creen que toda la vida es así y que su príncipe azul aparecerá. ?Ja, hazme el favor! Nunca aparecerá, será uno diferente, puede ser malo, como el que tengo, pero siempre será así en la vida real, donde nunca va a haber un cuento feliz, como dicen.
—Sabías que hay príncipes que ya son grandes, de 30, y se casan con 15. ?Ja, esta es la realidad!
Nota del autor: Antes de continuar, es importante recordar que en la época A.C. (Antes de Cristo), existían los matrimonios arreglados con edades que hoy consideramos menores de edad, pero en ese contexto histórico, esa edad era considerada de mayoría de edad. Así que, continuamos con la historia.
—Yo lo digo porque esta es la realidad, entiende —dije seria, con el odio atascado en mi garganta.
—Sí, hermana.
—Perdón, disculpa, al recordar yo, yo solo puedo odiar, ?sí entiendes?
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—Claro, hermana.
La abracé, intentando calmar el temblor en mi propio cuerpo, y Selene solo sintió tristeza al contacto. —Lo siento.
—Perdón, pero no quiero que sufras, sí, hermana.
—Sí, hermana.
—No llores. Sabes que eres linda sonriendo, sí lo sabes.
—Sí, sí, hermana, y tú más linda siendo tú.
—Ay, qué linda.
—Sí, te quiero mucho, mucho.
—Bueno, me prometes que me visitarás.
—Sí, y sé feliz.
—Yo también quiero que seas feliz, ?sip?
—Sí, hermana.
En la Sala del Trono, la escena estaba lista para la despedida protocolaria.
—Rey de Jericó, quiero hacerle una petición —dijo Ishtare, acercándose a Zekeriel, con una falsa compostura.
—Dígame, Reina.
—Prometa cuidar a mi hija. A pesar de que Lizarel vive aquí, me siento segura de que está aquí, pero cuando ya no esté, me preocuparé y quiero que la cuide, por favor, por favor.
—No se preocupe. Juro ante los dioses protegerla.
—Gracias, eso me calmará.
—Soberana, Lizarel será amada y protegida por mí. Ella se sentirá en casa, no se preocupe —intervino Hadram, con una sinceridad inusual para un Casanova.
—Gracias.
—Bueno, creo que es momento —anunció Yusuf, con un gesto de autoridad.
En ese momento, las puertas de la Sala del Trono se abrieron de par en par, revelando mi figura.
—?Mi hija! —fingió asombro Yusuf, como si mi existencia fuera una novedad.
—Padre —dije, seria, mi mirada tan afilada como un cuchillo.
—Hija, ve con cuidado. Te deseo lo mejor, sí, hija. Prométeme que gobernarás con justicia, sí, hija —dijo mi madre, preocupada y triste, el miedo en su voz más real que su afecto.
—Sí, claro.
Mi madre me abrazó, pero yo ya no quise su abrazo tonto. Lo soporté, el cuerpo rígido.
—En serio, yo no gobernaré con justicia, así como tú no me defendiste. Así será. Yo gobernaré como una Tirana —susurré, asegurándome de que solo ella escuchara mi venganza.
—?Lizarel!
—Te quiero mucho —respondí, fingiendo sonreír y mintiendo con la misma facilidad con que respiraba.
—Lizarel...
—Padre, ahora debo irme. Espero que su reinado sea próspero, se lo deseo tanto.
—Gracias, hija. ?Puedo darte un abrazo?
—Sí, claro.
Mi padre me abrazó, pero en ese instante, sentí que mi padre parecía furioso al estar cerca de mí. Su aliento en mi oído era caliente y venenoso.
—Eres una V.I.LL.A.N.A. Escúchame, si haces algo o hablas lo que te hice durante estos a?os, yo mataré a tu marido y serás enviada como esclava. Soy capaz —dijo con voz amenazadora, su agarre casi me rompía las costillas, antes de suspirar y soltarme.
—Sí, Padre, no le diré, Padre.
Mi padre me había amenazado, pero lo que él no sabía es que Hadram ya sabía la verdad de todo.
—Bueno, es momento de irme, así que adiós.
—Bueno, debo irme, amigo. Fue un placer esta alianza —dijo el Rey Zekeriel a Yusuf.
—Claro.
—Bueno, nos retiramos con su permiso.
—Hermana —dijo Selene, acercándose por última vez.
—Hermana, cuídate, sí.
—Te voy a echar de menos, sí.
—Bueno, adiós.
—Amor —murmuró Hadram, extendiéndome la mano.
—Con su permiso —dije, inclinándome ante el Rey y la Reina.
Al despedirme de mis padres y de mi hermana, pude ver que mi madre estaba muy triste, una mirada que aún recuerdo. Pero luego me fui con Hadram, las puertas abriéndose para nosotros. Comencé mi vida cerrándose por completo, y dejando a mi familia. Solo ellos miraron y no pudieron hacer nada. A veces pensaba que mi padre iría por mí, pero eso sería mi imaginación...
Ahora dime, ?crees que estoy en un cuento de hadas...?
2. ?Comenta tu teoría!
?Nos vemos en la próxima actualización de 'La Reina Lirazel'!

