La sala médica designada por el gremio había sido despejada y reorganizada para recibir a los rescatados. Camas alineadas, cortinas blancas separando espacios, el aroma suave de hierbas curativas flotando en el aire. No había gritos ni urgencias ahora, solo respiraciones lentas y el murmullo bajo de sanadores moviéndose entre los heridos.
En una de las camas, el hermano de Risa permanecía recostado, aún débil, pero despierto. Tenía vendajes en el torso y uno de sus brazos, y aunque su cuerpo todavía no respondía del todo, sus ojos estaban llenos de vida.
Risa estaba sentada a su lado, sujetándole la mano con fuerza, como si temiera que, si la soltaba, todo aquello pudiera desvanecerse.
—…sigues siendo igual de atenta —murmuró él con una peque?a sonrisa cansada—. Siempre lo fuiste.
Risa rió entre lágrimas.
— ?Y tú sigues siendo un tonto? Te pedí que no te metieras en problemas.
—No me metí —respondió con suavidad—. Solo quería encontrarte.
—Ya te había dicho que volvería por ti cuando tuviera dinero, pero cuando lo hice me dijeron que te habías ido—respondió risa entre lágrimas—Luego me enteré que te habían secuestrado, me volví loca buscándote por todos lados
—Tenía miedo de que te pasara algo y como tu hermano tenía que protegerte, pero cuando me secuestraron me di cuenta que solo sería una carga para ti—dijo el peque?o
Ella apretó los labios y firme dijo:
—Ya nada nos va a separar hermanito
El muchacho la miró con una ternura que solo existe entre hermanos.
—Gracias por cumplir tu promesa. Como siempre.
Yui observaba la escena desde unos pasos atrás, apoyada contra una pared. No quería interrumpir. Había visto muchas cosas desde que salió de Eldoria: violencia, traición, muerte… pero aquello, dos hermanos reencontrándose después de haber estado al borde de perderse, era distinto. Se sintió extra?amente en paz.
Una calidez suave le recorrió el pecho.
Así debería sentirse el vivir, pensó.
Risa le hace se?a de que se acerque.
—Yui… ven —dijo, limpiándose las mejillas—. Quiero que lo conozcas, el es mi peque?o hermano Riku
Yui se acercó despacio.
—Hola.
El chico la observó con curiosidad.
— ?Ella es…?
—Sí —respondió Risa con orgullo tranquilo—. Ella fue una de las que me ayudó a encontrarte. Y es… importante para mí.
Yui inclinó levemente la cabeza.
—Me alegra que estén juntos otra vez.
—Gracias por reunirme con mi hermana —dijo él, sincero—. De verdad.
Yui acariciando su cabeza
—No tienes que agradecerme por nada, tu hermana es mi amiga y así es como responden los amigos
Risa respiró hondo.
—Los sanadores dijeron que tendrás que quedarte al menos cuatro días más aquí. Luego irás conmigo a la residencia de la diosa. Estarás a salvo.
— ?Contigo?
—Con nosotras.
El chico sonrió, cansado pero tranquilo.
Yui sonríe junto a Risa luego de tanta oscuridad, ese peque?o momento era una luz firme.
Cuando Risa y Yui regresaron a la residencia de la diosa, el ambiente era distinto al de días atrás. La tensión que había pesado sobre todos se había disipado, dejando una calma frágil pero real, como si el lugar mismo respirara aliviado, todos estaban tan despreocupados y calmos que algunos comían, otros recostados leyendo, corriendo por la casa, risas de los cuartos, era todo un alboroto pero de tranquilidad.
La diosa Mora les pidió a todos que se reunieran en el salón principal del segundo piso
No había una formación rígida ni solemnidad exagerada. Algunos estaban sentados, otros apoyados contra columnas o mesas. Aun así, todos sabían que aquel momento era importante.
Mora los miró uno por uno antes de hablar.
—Quería verlos a todos juntos —dijo con una voz tranquila—. No como guerreros… sino como lo que son para mí. Mi familia.
Hubo un leve silencio, cargado de significado.
—Sé que fue una misión dura —continuó—. Y también sé que, si los demás hubieran estado aquí, el peso se habría repartido mejor. Pero ustedes… ustedes lo llevaron igual. Actuaron con cabeza, con corazón y con responsabilidad. La ciudad de Akron no lo sabe todavía, pero lo que hicieron hoy la cambió para siempre.
Algunas miradas bajaron, otras se cruzaron entre sí.
—Estoy orgulloso de cada uno —a?adió Mora—. Y me alegra que todos seamos una familia
Luego levantó un poco la mano.
—En unos minutos llegará el jefe del gremio. Va a explicar qué ocurrió después del enfrentamiento y cómo se reorganizará todo. Es importante que lo escuchen de primera mano.
Athena dio un paso al frente.
—Antes de eso —dijo—, quiero destacar algo. Yui y Risa.
Ambas se tensaron un poco al oír sus nombres.
—La estrategia de Yui, su descubrimiento sobre el movimiento de los traficantes y su lectura del laberinto… todo eso hizo que no entráramos a ciegas. Nos permitió golpear donde realmente importaba.
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Luego miró a Risa.
—Y el poder de Risa fue decisivo. Sin ella, Gemine no habría sido detenida. No sé qué hubiera pasado si ella invocaba esas bestias para ayudar a sus compa?eros en la batalla, no hubiéramos podido con tanto
Mora asintió.
—Ambas cambiaron el curso de esta batalla y estoy muy contenta que todo mundo se adaptara a la circunstancia incluso yo
Risa y Yui se miraron un segundo antes de hablar casi al mismo tiempo.
—No fue solo nosotras —dijo Risa.
—Todos hicieron su parte —a?adió Yui—. Sin cada uno de ustedes, nada habría salido bien.
Athena sonrió levemente.
—Eso es cierto. Aunque no me quedan dudas de que todo funcionara gracias a ustedes
Todos en la sala asintieron con una sonrisa.
Desde la parte trasera de la residencia, junto al balcón del segundo piso, Mora percibió una presencia conocida acercándose. No necesitó que nadie le avisara. Giró levemente la cabeza y una sonrisa tranquila apareció en su rostro.
—Ya llegaron —murmuró.
Con un gesto, invitó a pasar a los recién llegados.
Momentos después, las puertas se abrieron y el jefe del gremio cruzó el umbral. No venía solo. Dos figuras lo acompa?aban.
La primera fue reconocida al instante: Kilia. La recepcionista avanzó con pasos tímidos, sosteniendo las manos frente al pecho. Sus ojos recorrían el salón, deteniéndose brevemente en cada uno de los presentes.
—Yo… solo quería agradecerles —dijo con la voz ligeramente temblorosa—. Si no fuera por ustedes, no estaría aquí. Ni yo… ni Soren.
Se inclinó con una reverencia profunda, sincera.
—No hay nada que agradecer, eso es lo que hacemos—Dijo Nerfex
Todos asintieron muy felices al ver la pareja que tenían enfrente
—No puedo creer que el tipo más duro de Akron tenga pareja y yo no encuentro a nadie—Bromeo Aris
—Te falta madurar—Siguió el comentario Morgana
Pero la verdadera sorpresa fue la segunda figura.
Indora caminó con paso firme, sin su habitual aire distante de guardaespaldas de élite. Llevaba el porte de una guerrera, pero ya no el de una mercenaria.
Un murmullo recorrió el grupo.
—A petición mía —intervino Soren—, Indora pasará a trabajar para el gremio. Será nuestra nueva jefa de seguridad. De ese modo, nunca más tendrá que aceptar encargos de personas con metas… como las que enfrentamos.
Mora arqueó levemente una ceja, interesado.
—No podía dejar pasar a alguien con ese nivel —a?adió Soren—. Sería un desperdicio.
Mina soltó una peque?a risa y cruzó los brazos.
— ?Tan fuerte? Si yo pude vencerla bastante fácil.
Indora ladeó la cabeza y una media sonrisa se dibujó en su rostro.
—Me costó muy caro dejarme ganar por un trabajo que no me gustaba —respondió con ironía.
Los ojos de ambas chocaron como si saltaran chispas invisibles entre ellas. Durante un segundo, el ambiente se tensó… pero no había hostilidad real, solo orgullo y rivalidad.
—Ya veremos quién es más fuerte la próxima vez —murmuró Mina.
—Cuando quieras —replicó Indora.
Soren soltó una breve risa.
—Esa es la actitud. Dos jóvenes con pasión de sobra.
Soren dio un paso al frente cuando el murmullo del salón se calmó. Su expresión ya no era la del hombre agotado por una batalla, sino la de alguien que había recuperado el control de su mundo.
—Les informaré sobre el resultado de la noche anterior—dijo
Se?aló primero a Indora.
—Desde hoy, Indora pasa a formar parte de Akron. No como mercenaria, sino como jefa de seguridad del gremio. Pueden confiar en ella como si fuera yo mismo.
Indora inclinó ligeramente la cabeza, aceptando el cargo sin ceremonias.
—Segundo —continuó Soren—, lo ocurrido se hará público. La ciudad sabrá que el grupo de Mora fue quien desmanteló la red de esclavitud. Las personas involucradas, especialmente los miembros de la alta nobleza que participaron, perderán su estatus y cumplirán sentencia. Sus bienes y familias quedarán bajo supervisión del gremio y de la seguridad pública. Akron debe volver a ser una ciudad en la que la gente pueda confiar.
Algunos de los presentes asintieron con alivio.
—Tercero. Gemine y Vanos también cumplirán condena. Se está evaluando imponerles un sello de objetivos.
Yui levantó la mirada con interés.
—Para que lo entiendas —dijo Soren mirándola—, el sello de objetivos es un conjuro que se crea alrededor de la cabeza de una persona, calculo que sabes lo que sucede si las incumples, puedes no cumplirlas no pasa nada pero al contradecirlas ya declaraste tu sentencia de vida. Solo puede romperse si se cumplen las condiciones de un contrato firmado con la sangre del conjurador y del sellado. Si se concreta, vendrá desde Urano Eurelius, el mayor experto en hechizos contractuales.
Se hizo un silencio expectante.
—Su primera misión será clara —continuó—: entregar todos los nombres involucrados en la trata de esclavos, las ciudades donde operan, los pueblos seguros para ellos y la identidad de los peces gordos. Una condición bastante conveniente para todos nosotros.
Mora cruzó los brazos.
—Tendrás autorización para interactuar con ellos si necesitas información —agregó Soren—. Además, la mayoría de los caballeros que llegaron anoche permanecerán en la ciudad como refuerzos.
Luego su tono se volvió más suave.
—Respecto a los esclavos rescatados… investigaremos sus orígenes. Si es seguro que regresen a sus pueblos, si es que alguien los espera, los ayudaremos a volver. Si no, se quedarán aquí en Akron para comenzar una nueva vida. La única excepción es el hermano de la se?orita Risa, quien, por pedido expreso de la diosa Mora, se establecerá en la residencia.
El grupo de Mora reaccionó con una peque?a celebración espontánea.
—Ah, y algo más —a?adió Soren—. Una vez que el comunicado oficial sea publicado, todos ustedes recibirán una mención honorífica en el centro de la ciudad. Medallas incluidas. Deberán asistir.
Morgana alzó una ceja.
—Ese informe está incompleto.
Soren parpadeó.
— ?Cómo?
—Deberías haber terminado diciendo que tú y Kilia estarán oficialmente juntos y que habrá una fiesta en su honor.
Kilia se sonrojó de inmediato, y Soren carraspeó, visiblemente incómodo. El resto del grupo no tardó en sumarse.
—Con música —agregó Mina.
—Y comida de verdad —dijo Nerfex.
—Y nada de trabajo —a?adió Risa.
Las risas llenaron la sala
Soren asintió una última vez al grupo y dio media vuelta para retirarse.
—Debo ocuparme del papeleo —dijo—. Esto recién comienza.
Antes de cruzar la puerta, se detuvo. Giró la cabeza y fijó la mirada en Yui.
—Ni?a… te estaré esperando. Cuando quieras volverte más fuerte, ven a buscarme. Quiero ver hasta dónde puedes llegar en esta ciudad.
Yui recordó el choque de sus auras en el laberinto, la presión de la tierra contra su viento, la forma en que él había resistido hasta el final. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Entonces no tardaré —respondió—. Prometo que volveré a buscar al hombre más fuerte de Akron.
Ambos se miraron unos segundos, con una chispa de competencia y respeto, antes de que Soren se retirara.
Mora rompió el momento.
—Tienen libre —anunció—. Y cuando el hermano de Risa se una oficialmente, espero que puedan ense?arle lo divertido que puede ser Akron cuando no está al borde del caos.
—Mi diosa, muchas gracias por aceptar a mi hermano aquí con nosotros me hace muy feliz—dijo emocionada entre lagrimas Risa
—Somos una familia Risa siempre les tenderé mi mano a cualquiera de ustedes—afirmó la diosa
Luego se acercó a Yui y le tendió dos sobres.
—Esto llegó para ti.
Yui los tomó con curiosidad. Al leer los nombres, sus ojos se abrieron de par en par.
— ?A-Aerion…? ?Elara y Lyra…?
Por un instante se quedó inmóvil, y luego alzó la voz.
— ?Se acordaron de mí antes de que yo me acordara de ellos!
El ambiente se suavizó de inmediato. Los demás se acomodaron en los sillones del salón central, formando un peque?o semicírculo a su alrededor.
—Vamos, Yui —dijo Mina—. Léenoslas.
Risa alzó una mano.
—Oigan, tal vez eso debería ser privado.
Yui negó con la cabeza, ya sonriendo.
—No pasa nada. Si conocen a quiénes las enviaron, saben perfectamente qué tipo de cartas son.
Sostuvo el primer sobre entre los dedos, respiró hondo, y comenzó a abrirlo mientras el grupo guardaba en silencio, compartiendo ese peque?o momento que, después de todo lo ocurrido, se sintió sorprendentemente cálido.

