El campo de batalla ardía a su alrededor.
Kira respiraba con dificultad, sus piernas temblaban, pero su mirada seguía firme. Frente a ella, Elizabet sonreía con burla.
—Vaya, sigues de pie… aunque no sé por cuánto tiempo. —dijo la comandante, cruzando los brazos—. No eres ni la sombra de tu madre.
Esas palabras cayeron como cuchillas. Kira bajó la mirada… y entonces lo vio: la pulsera en su mu?eca comenzó a brillar con una luz suave, cálida, viva.
En ese instante, algo dentro de ella despertó.
Las voces de todos resonaron en su mente: la risa de Eisvar, la calma de Noli, la voz firme de zolat, la mirada de Kael… todos estaban con ella. No estaba sola.
Y comprendió que esa luz, ese calor, no venía solo de la pulsera… sino del lazo que los unía.
Una lágrima se deslizó por su mejilla mientras sonreía.
> “Ya no soy la ni?a que temía a la oscuridad. Hoy, yo seré la luz.”
Kira dio un paso atrás, y luego otro. Su respiración se volvió serena. Elizabet arqueó una ceja.
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—?Qué estás haciendo, ni?a? ?Acaso vas a huir otra vez?
Kira levantó la cabeza.
—No… esta vez no.
En ese momento, la energía a su alrededor explotó. El suelo tembló.
La luz de la pulsera estalló en mil destellos, y de su boca salió una sola palabra:
—DTS...?Despertar de Territorio: Espejo del Alma!
El mundo cambió.
El campo de batalla se distorsionó y dio paso a un lugar irreal: un espacio infinito cubierto de espejos que reflejaban cada instante, cada emoción, cada sombra.
Elizabet dio un paso atrás, sorprendida.
—Imposible… ?Tu primera vez y lograste un DTs de nivel tres!
Kira no respondió. Desapareció entre reflejos, moviéndose a una velocidad que ni la comandante podía seguir. En su DTs, no necesitaba intercambiar lugares con nadie, podía hacerlo con su propio reflejo.el poder realizar de kira no era la luz si no el espejismo, el poder de cambiar de lugar con otros si entraba en su rango de vision.
Los espejos estallaban con cada choque de energía. Los gritos, los golpes, la tensión… todo se fundía en una danza entre luz y oscuridad.
Elizabet lanzó un ataque directo, pero Kira lo desvió con su espada de luz, contraatacando con una serie de movimientos precisos.
En un instante, Kira la superó. La comandante cayó de rodillas, jadeando, la espada de luz apuntando a su pecho.
—Aun así… —dijo Elizabet, sonriendo con burla— jamás podrás ganarme.
Kira bajó la mirada, y una sonrisa tranquila se dibujó en sus labios.
—Tienes razón. Yo no te ganaré… lo hará mi madre.
La pulsera brilló una última vez, más fuerte que nunca.
Una silueta etérea apareció detrás de Kira —su madre, envuelta en un aura de luz. Ambas alzaron la espada, sincronizadas.
—Tú nunca podrías hacer esto, Elizabet —susurró Kira—, porque solo eres una mala imitación.
Un rugido de energía recorrió todo el DTs.
El golpe final cayó, un destello cegador que atravesó el campo reflejado mil veces, como si cada espejo gritara el mismo nombre: Kira.
Cuando la luz se desvaneció, Elizabet se desintegraba en fragmentos de cristal.
La pulsera se rompió, cayendo en pedazos a los pies de Kira.
Ella la miró, respirando con calma. No lloró. Solo susurró:
—Gracias, mamá… ya puedes descansar.
El viento sopló entre los espejos rotos, y Kira cerró los ojos con una sonrisa de paz.
La batalla había terminado.
Y en ese silencio… el brillo de una promesa cumplida iluminó el lugar.

