El umbral resonaba con un eco antiguo, como si cada piedra guardara la memoria de milenios. El aire era frío, pesado, cargado de una energía que se sentía casi viva.
Kael y Lyra avanzaban con cautela hacia la puerta recién revelada, cuando una voz femenina, poderosa y colérica, desgarró el silencio:
—“?YA TE HE DICHO QUE NO ME LLAMES PORTADORA!”
El grito retumbó en las ruinas, tan fuerte que hizo vibrar el suelo bajo sus pies.
Desde lo profundo, se escuchaba con claridad la rabia y el dolor escondido detrás de esas palabras.
El hombre misterioso, sin inmutarse, se detuvo. Giró apenas el rostro hacia la puerta, y una sonrisa burlona se dibujó en su cara.
—“Muy bien…portadora”.
El sarcasmo en su voz fue como un dardo envenenado.
Acto seguido, se dio media vuelta para mirar a Kael y Lyra. Esta vez su expresión cambió; su voz se volvió más grave, más seria, como si cargara un peso que ellos aún no comprendían:
—“Tengan cuidado con ella.”
Antes de que los protagonistas pudieran preguntar nada, el hombre se desvaneció como humo en el aire, dejando atrás solo la sensación de un poder que no pertenece a ese mundo.
Kael y Lyra quedaron solos frente al umbral. El silencio que siguió al grito era aún más aterrador que el estruendo de la batalla anterior.
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Finalmente, cruzaron la puerta.
Dentro, la base de Nymeria no era lo que esperaban. No era un trono ni un templo… sino una sala en ruinas, cubierta de escombros y cristales rotos que irradiaban un resplandor tenue.
Y allí estaba ella.
Nymeria.
De pie, rodeada por un aura de misterio, su figura se dibujaba contra la penumbra. Su cabello oscuro caía en ondas desordenadas, y sus ojos brillaban como un océano profundo, llenos de secretos que parecían mirar más allá del presente.
Lyra fue la primera en romper el silencio.
—“?Por qué estás aquí…? ?Y quién era ese hombre?”
Nymeria los observará en silencio unos segundos. Una leve sonrisa, fría y cansada, se formó en sus labios.
—“él… es alguien que nunca debió existir. Y yo…” —sus ojos se soportaron— “yo estoy aquí porque este mundo me lo exige, aunque me pese.”
Kael apretó los pu?os, sintiendo que por fin estaba un paso más cerca de las respuestas que buscaba.
Pero también comprendió que, a partir de ese momento, no había marchado atrás.

