Los ocho meses pasaron en un suspiro. Kael habÃa entrenado sin descanso, su lanza ya no era solo un arma; era extensión de su alma. Cada movimiento era preciso, cada golpe medido, y su habilidad Alma Errante habÃa evolucionado con su comprensión del poder que llevaba dentro.
Lyra estaba completamente recuperada. Su presencia, aunque silenciosa, habÃa dejado una huella profunda en Kael. Aquella ma?ana, el cielo grisáceo de ceniza parecÃa más claro que nunca, como si presintiera un adiós.
—Kael —dijo Lyra, con la calma que siempre la caracterizaba—. Ha llegado el momento. Debo marcharme.
Kael la miró, sin palabras. No habÃa súplicas, ni intentos de detenerla. SabÃa que ella cumplirÃa su promesa: volverÃan a verse.
—Entonces… nos vemos en el futuro —respondió simplemente, con una certeza que lo sorprendió incluso a él.
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Lyra sonrió levemente, con un brillo de misterio en sus ojos.
—SÃ. Nos volveremos a ver.
Sin a?adir más, se giró y se perdió entre las sombras del asentamiento. Kael la observó hasta que desapareció del horizonte, dejando un silencio que parecÃa abrazar todo a su alrededor.
El viento arrastraba ceniza y polvo, pero algo más se movÃa entre las sombras. Kael no lo notó, concentrado en el vacÃo que dejó Lyra.
Una figura se deslizó silenciosa, con pasos suaves que no levantaban polvo. Su cabello oscuro estaba enmara?ado, y sus ojos, ocultos tras un brillo extra?o, reflejaban hambre y poder.
Nadie sabÃa su origen. Nadie sabÃa que su sangre era mezcla de Ghoul, que su fuerza y velocidad provenÃan de aquel linaje prohibido.
Y mientras observaba a Kael desde la distancia, una sonrisa apenas perceptible se dibujó en sus labios:
—Esto apenas comienza…
El horizonte de ceniza continuaba, pero algo nuevo habÃa entrado en juego. La paz de Kael, aunque temporal, estaba a punto de ser desafiada por fuerzas que ni él ni los Herederos habÃan enfrentado jamás.

