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Capitulo 9

  El bullicio de la ciudad actuaba como la cortina perfecta. Gente transitando, voces mezcladas, pasos rápidos. Maenut y Taenut se movían entre ellos como sombras entre sombras, con las miradas fijas en un solo objetivo: Sinclair.

  El hombre caminaba con su porte elegante, sin apurarse. Observaba escaparates, hablaba por teléfono, parecía común. Demasiado común para alguien que, según los reportes, podría haber reducido a media organización por sí solo.

  —?Está bajando la guardia o nos está probando? —susurró Taenut, sin perderlo de vista.

  —No te distraigas —respondió Maenut, manteniendo el paso justo detrás de una pareja de ancianos que les servían como cobertura visual.

  Sinclair se detuvo brevemente en un puesto de frutas. Tocó una manzana, luego la dejó. Fue suficiente para que la multitud se compactara un poco más.

  De pronto, Maenut lo sintió. Una especie de tensión invisible en el aire. Como si el mundo contuviera la respiración.

  —Se está moviendo… —dijo, pero Taenut ya lo había notado.

  Sinclair giró por una calle lateral. La multitud comenzó a dispersarse como si una fuerza invisible los empujara lejos del lugar.

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  Entonces, todo cambió.

  Una onda sorda atravesó el aire, seguida por una explosión brutal. El concreto se partió, los vidrios estallaron, el fuego iluminó el cielo por un instante.

  Maenut sintió cómo su cuerpo era empujado violentamente hacia un costado. Taenut, con los dientes apretados, lo había lanzado fuera del radio de la explosión y recibido el impacto con su propio cuerpo.

  —?Taenut! —gritó Maenut, aterrizando con un golpe seco contra el asfalto mientras el estruendo envolvía la ciudad.

  Cuando se incorporó, cubierto de polvo, lo vio.

  Taenut, en el centro del caos, su cuerpo ensangrentado, humo saliendo de sus ropas, temblando mientras trataba de mantenerse en pie. Cayó de rodillas. Jadeaba.

  —Fue… una trampa… —murmuró, escupiendo sangre.

  Maenut se puso de pie, su sombra se alargó con el temblor de su rabia. Entonces, lo vio: una figura entre el humo, a lo lejos, mirándolo detenidamente desde lo alto de un cartel.

  Sin dudar, Maenut invocó sus poderes de sombra, deslizándose entre los reflejos oscuros del callejón, como un latido invisible, saltando entre sombras hasta llegar frente a él.

  Pero cuando emergió…

  No había nadie.

  El cartel temblaba con el viento, el polvo seguía cayendo del edificio cercano, pero la figura se había desvanecido como si nunca hubiera estado allí.

  Maenut apretó los dientes, su respiración pesada, sus ojos ardiendo de impotencia. La trampa había funcionado. Larssen había ejecutado bien su parte. Y Sinclair… como si hubiese desaparecido del plano físico.

  Regresó lo más rápido que pudo al lugar de la explosión. Los civiles gritaban y corrían en todas direcciones. Sirenas se escuchaban a lo lejos.

  Taenut seguía allí, sentado entre los restos de concreto, con una mano presionando su costado.

  —Te dije que no era buena idea acercarnos tanto —bromeó débilmente.

  Maenut no respondió. Solo se arrodilló junto a él, con una mirada entre culpa y furia.

  —Esto fue solo el principio —murmuró.

  Y lo sabía.

  Alguien los quería fuera del juego.

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