Momentos tensos y muy frágiles habían ocurrido muchas veces en la mansión Sungley. Todos con una perspectiva muy distinta, y esta no era diferente. Puntos de vista que contrastaban completamente, dejando extremos separados...
Garbard había ordenado estrictamente no mencionar el tema hasta que los involucrados estuvieran recuperados. Kael exigió que trataran sus heridas y lo atendieran en prisión, y no salió de ahí hasta su juicio. Caria fue llevada por Laret hasta su cuarto; él pidió explícitamente que atendieran a su hijo y que no los molestaran. él se encargaría de atender a su esposa. Kael también exigió mantener silencio hasta el día del juicio, y no habló absolutamente nada con sus sirvientes, a menos que fuera necesario.
Esa ma?ana, Redda salía de la habitación del joven amo después de haber atendido a la ni?a. Al verla pasar, Tana se acercó con nervios visibles, hablando casi en un susurro.
—Mi se?ora Redda... ?está bien que cuidemos... a esa... criatura? —preguntó Tana, tensa.
—Fue petición directa del joven amo para cooperar con la investigación —respondió Redda—. Es nuestro deber obedecer...
Ya estaba todo preparado. Garbard había mandado a llamar a todos los involucrados.
En la sala de reuniones se encontraban el gran lord, los jóvenes lords, los guardianes y la jefa de sirvientas. Todos estaban en sus posiciones, esperando al acusado.
Caria se veía visiblemente cansada y con ojeras. Utilizar su poder de esa manera y vivir una de las presiones más grandes para una madre la habían dejado completamente desgastada.
Kael entró a la sala visiblemente peor, ya que exigió muchísimo más su cuerpo. Los ojos de sus padres casi se rompieron al verlo... Por muy enojados que estaban, aunque fuera una insubordinación, la preocupación por su salud y por el peligro que corrió les gritaba por dentro. Aun así, se mantuvieron en su lugar.
Garbard se levantó y, con una mirada más seria y neutra, habló:
—Nos hemos reunido aquí para debatir sobre qué haremos como castigo para Kael por la insubordinación cometida...
—Kael, cometiste desacato. Desobedeciste órdenes directas de tus superiores... Pusiste en peligro tu vida y la de tus guardias. ?Qué tienes para decir en tu defensa?
—Nada —respondió Kael—. Soy culpable. Me someto a cualquier castigo que estimen conveniente. Me someteré completamente al castigo apenas la ni?a demonio se encuentre bien...
Caria se enfadó y, aunque cansada, replicó:
—?Cómo puedes anteponer tu seguridad y tu salud frente a esa cosa?
Kael la miró con seriedad.
—No es una cosa. Es un ser viviente igual que nosotros... es una ni?a... una ni?a con la palabra "demonio" agregada, nada más...
Laret apretó los pu?os con fuerza contenida. Su voz no fue un grito descontrolado, pero sí cargada de autoridad.
—?KAEL! Te pusiste en peligro solo para salvar ni?os demonio. No solo podría considerarse desacato... sino también traición a tu nación.
Kael sostuvo su mirada sin retroceder ni un paso.
—Si defender ni?os inocentes de ser cruelmente torturados y asesinados me hace traidor... entonces lo soy.
El aire se volvió más pesado. La tensión ya no era solo política o disciplinaria... era ideológica.
—Kael —intervino Garbard con firmeza—, controla tus palabras. Están siendo bastante acusatorias y en contra de todo lo que hemos forjado.
Kael lo miró con una expresión que no era de rebeldía infantil, sino de convicción profunda.
—Lord Garbard, le pido que me defina qué significa la palabra "demonio".
Garbard respondió sin titubear.
—Se entiende por demonio a aquellos seres hechos de maldad pura, cuyo único objetivo es destruir y devastar por donde pasan.
Kael dejó escapar una leve exhalación por la nariz.
—Así es. Yo me dejé intencionalmente llevar a ese lugar porque sabía que algo pasaba. Así es, me encontré con demonios. Demonios asquerosos y despreciables. Y también me encontré con ni?os desesperados y con miedo, muriendo y sufriendo por esos demonios... aunque aquí tenían otro nombre. Se llamaban bandidos.
Sin darse cuenta, comenzó a liberar magia. No fue una explosión, pero el ambiente vibró sutilmente. La injusticia que sentía se filtraba por su cuerpo herido.
—Por mucho amor que me tengan... si esa es su manera de pensar, entonces no pertenezco aquí...
Lo que debía ser una reprimenda para corregir a un ni?o empezaba a salirse del control previsto. La postura de Kael era firme, intimidante incluso. No hablaba por impulso... hablaba desde una decisión tomada.
Laret respiró hondo, intentando contener su propia emoción.
—Kael, entiendo tu pesar y tu angustia, pero tú no estuviste ahí. Tú no viviste la guerra que tuvimos que librar contra ellos para sobrevivir.
Kael lo miró fijamente. En sus ojos había angustia... pero no duda.
—Qué irónico que los supuestos seres que se consideran de amor, respeto y compa?erismo, como los humanos, y en especial ustedes, hablen de eso cuando quieren despedazar a una ni?a inocente... Sin duda, qué ironías las de la vida. Y fue la misma Cerva la que pudo asesinarme fácilmente al saber que soy su hijo... pero no lo hizo.
Los tres lords reaccionaron de inmediato.
—?Te encontraste con Cerva, la general demonio? —preguntó Garbard con severidad.
—Sí.
Enta dio un paso adelante, firme.
—Obedeciendo sus órdenes, mi lord, de guardar toda la información hasta ahora... puedo confirmar lo que dice el joven amo. Cuando llegamos, él estaba junto a la general del rey demonio. Ella prefirió evitar la pelea y se retiró con el resto de ni?os.
La sala quedó en silencio absoluto.
—Kael —dijo Garbard con voz más grave—, antes de que sigas formando ideas equivocadas, explícame todo con claridad. ?Qué te llevó a hacer esto?
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Kael lo miró. El cansancio se notaba más bajo la luz. Las ojeras marcaban su rostro juvenil de forma impropia para su edad.
—Todo comenzó cuando estábamos esperando a papá y mamá en el edificio del distrito. El mensaje me llegó. La voz de la mujer me dijo que los ni?os estaban en peligro y que debía rescatarlos...
Los presentes volvieron a alterarse levemente. La mujer de la voz regresaba al centro de todo.
—Al momento de sentir la voz y aceptar la misión, se me presentó la pista para comenzar y, sobre todo, el detonante de la misión... los gritos de miedo, dolor y desesperación de los afectados. Sentía cómo el malestar de esos ni?os recorría mi cuerpo. No era imaginación... lo sentía de verdad.
Nadie lo interrumpió.
—Después de que Enta llegara a salvarme y los ni?os hubieran huido, pensé que la misión había terminado. Pero no era así. Aún seguía. Ahí entendí que había más ni?os sufriendo. Por eso, cuando el mago me raptó... me dejé llevar. Así podría saber dónde estaban los demás.
Sus padres lo miraban con angustia contenida. La rabia y el miedo luchaban dentro de ellos, pero no hallaban palabras que no empeoraran la herida.
—?Sabías al peligro que te expusiste al hacer eso? —preguntó Garbard.
—Sí, mi lord. Y por mi inexperiencia y mi poca capacidad de valerme por mí mismo, casi muero. Estas vendas solo tapan el da?o que me hice por no saber defenderme bien. Si yo hubiera sido más decidido y no tan ni?o, esa ni?a que ahora está grave en mi habitación podría haberse ido con Cerva a su hogar... pero no. Ahora ella agoniza por defenderme...
Un peso invisible cayó sobre todos.
Había dolor en sus palabras, pero no victimismo. Era culpa. Culpa pura.
Un silencio espeso llenó la sala. Nadie sabía cómo intervenir sin romper algo aún más delicado.
Kael bajó apenas la mirada, pero no por sumisión, sino para ordenar sus pensamientos antes de continuar.
—Después de asesinar al líder bandido... los goblins y los soldados que comenzaban a despertar se volvieron una amenaza. En ese momento apareció Cerva... y me salvó.
La sola mención volvió a tensar los rostros.
—Kael... —murmuró Garbard, midiendo cada palabra—, lo que nos cuentas es demasiado delicado. Y difícil de procesar.
Kael alzó la vista nuevamente. No había desafío en su expresión, sino convicción.
—Dígame, lord Garbard... yo soy parte de una nueva generación. ?Por qué tendría que odiar a los demonios si ellos no me han hecho nada? Con esto no digo que se deba olvidar lo ocurrido ni que todos deban hacerse amigos. Ustedes están en todo su derecho de odiarlos hasta la muerte... pero yo no tengo por qué obedecer eso. Y tampoco los ni?os que fueron rescatados. Ellos no tienen la culpa de lo que ocurrió hace a?os.
Sus palabras no eran un ataque. Eran una postura.
—Yo pagaré mi deuda. Le salvaré la vida a esa ni?a, porque ella salvó la mía.
Luego los miró a todos, uno por uno, con una determinación que no temblaba pese a su cuerpo herido.
—Todos ustedes son lo más importante en mi vida. En especial mis padres, que me han cuidado y me han dado un cari?o que quizá ni siquiera merezco. Daría mi vida una y mil veces por ustedes... pero si nuestros ideales contrastan de esta manera... para no seguir haciéndoles da?o, quizá lo mejor sea que ya no pertenezca aquí.
Esas palabras no fueron dichas con rabia. Fueron dichas con dolor.
El impacto fue inmediato.
Caria sintió que algo dentro de ella se quebraba. Laret permaneció rígido, pero su mirada perdió firmeza por un instante. Aquello ya no era una simple discusión ideológica. Era el miedo real a perder a su hijo.
Garbard se levantó lentamente y caminó hasta quedar frente a Kael. Lo observó con atención, buscando en su rostro cualquier indicio de capricho o inmadurez. No lo encontró.
—Kael... ?estás midiendo el peso de lo que acabas de decir?
—Sí, lord Garbard. Y lo repito. Soy culpable. Hice algo que no debía. Ustedes confiaron en mí y yo les fallé. De todas las cosas malas que he hecho, esta ha sido la peor... porque fue con intención. No tengo derecho a pedirles que me perdonen. No lo merezco. Pero tampoco puedo reprimir lo que siento. Por eso, para que nadie más sufra... esa es la única opción que veo viable.
Garbard sostuvo su mirada por unos segundos más.
—Sacaste la parte más testaruda de tu madre y de tu abuela... —dijo finalmente—. Estás afrontando este evento con más disciplina de la que todos esperaban aplicar. Tu resolución es fuerte, Kael... pero sigues siendo un peque?o. Y es hora de que enfrentes a los jueces y su veredicto final.
Luego se giró hacia sus hijos.
—Laret. Caria. La resolución de este caso no puede resolverse en un juicio como este. Esto se debe resolver como familia. Quiero que los tres vayan al jardín. Caminen lo suficiente... y lleguen a la mejor resolución.
No hubo objeciones.
Los tres salieron de la sala. En el camino no hubo ni una sola palabra. El silencio era más pesado que cualquier discusión.
El jardín los recibió con una calma que contrastaba con la tormenta que llevaban dentro. El viento movía suavemente las hojas de los árboles, y el sonido lejano del agua en una fuente marcaba un ritmo ajeno al conflicto.
Apenas lograron llegar a una banca. Caria se sentó primero, respirando con dificultad. Su cuerpo estaba agotado, pero era su corazón el que más pesaba.
Kael la miró con preocupación.
—La pelea con el mago oscuro fue muy difícil... por lo que veo.
Laret respondió con un tono más bajo que antes.
—Si hay algo que tu madre odia más en esta vida... son los magos oscuros. Por eso no permití que nadie más peleara además de ella.
Caria no levantó la vista. Solo miraba el suelo. Sus emociones estaban desordenadas. Quería llorar. Quería abrazarlo. Pero la mezcla de miedo, culpa y orgullo herido la paralizaba.
Laret tampoco sabía cómo empezar. Siempre fue un hombre poco dado a expresar sus sentimientos, y ahora se encontraba ante el momento más doloroso de su vida sin saber cómo acercarse a su propio hijo.
Eran dos padres jóvenes, cargando traumas de una guerra pasada que aún no sanaban del todo... y ahora veían cómo esos mismos traumas comenzaban a chocar con la visión del mundo de su hijo.
Se sentó junto a Caria, intentando mantener la calma, aunque su interior estaba fracturado.
Fue entonces cuando, sin darse cuenta, una de sus manos fue tomada.
Kael.
Los miraba sin enojo. Sin reproche. Solo con una vulnerabilidad que no intentaba esconder.
Con dificultad por el cansancio, se inclinó ligeramente.
—Ama... apa... yo... de verdad lo siento...
Kael respiró con dificultad antes de continuar. Su voz ya no era firme como en la sala. Era más frágil.
—Qué no daría por haber sido el ni?o normal y sencillo que, por naturaleza, debió haberles tocado. Un ni?o cari?oso... un ni?o inocente... no este ser... este ser que trajo problemas y traumas de su vida anterior. Lo siento. No me puedo retractar de lo que hice. Si no lo hubiera hecho, inocentes habrían muerto... pero el precio más alto que me ha tocado pagar por esto... es haberles fallado a ustedes.
Sus manos temblaban levemente.
—El dolor de mi cuerpo no se compara con el dolor que siento en mi alma por fallarles... por no ser el peque?o que ustedes debieron haber tenido...
Su voz se quebró.
Comenzó a tiritar. Las lágrimas cayeron sin que pudiera contenerlas. Sus piernas flaquearon, debilitadas tanto por las heridas como por el peso emocional.
Y antes de que cayera, sus padres lo sostuvieron.
Lo levantaron con cuidado y lo sentaron entre ellos.
Caria lo abrazó con fuerza, casi con desesperación, como si temiera que desapareciera si lo soltaba. Su cuerpo temblaba mientras apoyaba el rostro en el hombro de su hijo.
Laret le acariciaba la cabeza con suavidad, intentando transmitir en ese gesto todo lo que no sabía expresar con palabras.
Por fin, Laret habló desde el corazón.
—Nunca en mi vida habría pensado en ti como alguien al que pudiera reemplazar por otro. Eres y serás lo más importante que he logrado en mi vida. Ni derrotar al rey demonio se compara con haber visto tu peque?o rostro la primera vez que te tuve en brazos...
Caria apretó un poco más el abrazo.
—Yo lamento lo que dije... no pude evitar sentir un mar de emociones todas juntas y de golpe. Que te secuestrara un mago oscuro... verte golpeado y da?ado... y cargar con un demonio... todo junto me hizo colapsar y no me dejó pensar. Aún me cuesta aceptar lo ocurrido... pero si puedo ser sincera en algo... pase lo que pase, no importa qué tan difícil sea... yo estaré a tu lado siempre. Nunca he pensado que seas algo malo. Jamás he deseado que fueras distinto.
Lo miró, aún con lágrimas.
—Eres mi peque?o caramelo... y eso nadie lo cambiará.
Kael, sin darse cuenta, dejó salir el sentimiento verdadero que le pertenecía a su cuerpo. No al alma reencarnada... sino al ni?o.
Lloró como un ni?o.
Se aferró a ellos como un ni?o.
Y por primera vez desde que comenzó todo, se permitió descansar en sus brazos sin pensar en deberes, misiones o ideales.
El tiempo pasó sin que ninguno lo notara.
Casi una hora después, Laret regresó a la casa cargando en sus brazos a una Caria dormida y exhausta, que aún abrazaba a un hijo igualmente agotado.
El gran lord y los guardianes aguardaban con expectativa.
Garbard los observó unos segundos y comprendió el resultado sin necesidad de palabras.
—Hoy dormirás en la habitación de invitados, Laret.
Laret asintió con suavidad.
—Los llevaré a nuestro cuarto.
Luego miró a los guardianes.
—Kael dijo que quería disculparse personalmente con cada uno por haberlos puesto en peligro.
Los guardianes asintieron con tranquilidad. No había resentimiento en sus expresiones, solo alivio y respeto.
Y así, la disputa se resolvió.
Desde ese día comenzó una lenta, pero necesaria, recuperación para fortalecer sus lazos.

