Una extra?a sala de reunión había sido preparada.
Varios estudiantes se habían reunido: adultos, nobles y figuras importantes, todos interesados en una lección que, según se decía, sería crucial.
El profesor...
Un ni?o de tres a?os, con un trajecito formal, perfectamente arreglado y listo para ense?ar.
—?KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —gritaron Holley, Tana y Caria al unísono—. ?Profesor, déjenos darle un besito! (>*3*)>.
—??o..! —respondió Kael, cruzándose de brazos—. ?Y si vuelven a pedir eso, las reprobaré!
—Qué enojón es el profesor... —murmuraron las tres, decepcionadas.
Freya se acercó al centro de la sala y habló con firmeza.
—Por favor, mantengan la disciplina. Esta información será importante para el plan que Kael quiere realizar... —lo miró de reojo—. Por favor, enano con trajecito, comience.
Kael carraspeó, adoptando una postura sorprendentemente seria.
—Comenzaré con algo que considero fundamental. Es una información que jamás salió de mi cabeza... porque nos la ense?aron desde que tuvimos noción de nosotros mismos.
El ambiente cambió.
Todos se enderezaron y comenzaron a prestar atención.
—Según los libros de biología de este mundo —continuó Kael—, las enfermedades y malestares se generan por maldiciones o cargas negativas enviadas a los seres vivos. Muchas no pueden ser curadas por magia de luz, y por eso se les llama maldiciones...
Hizo una pausa.
—Y, en cierto modo, eso tiene algo de razón... pero no por las razones que creen.
Laret levantó una ceja.
—?Cómo así, hij... digo, profesor? Se supone que la magia de luz debería curar un cuerpo da?ado.
—La magia de luz sí cura —respondió Kael—, pero heridas físicas: cortes, quemaduras, golpes y da?os similares.
Las maldiciones no son una posesión de energía negativa que invade el cuerpo... nunca lo fueron.
Kael alzó la mirada.
—En realidad... son gérmenes.
—?Gérmenes? —preguntó Tana—. ?Eso es un animal?
—Casi —respondió Kael—. Los gérmenes pueden ser de distintos tipos: parásitos, hongos, bacterias o virus. Entran a nuestro cuerpo y comienzan a causar estragos.
Garbard frunció el ce?o.
—?Y cómo sabemos cuándo esos gérmenes nos invaden?
—Con la tecnología actual... es imposible —respondió Kael sin rodeos.
—?Son invisibles? ?O hacen algo para no ser detectados? —insistió Garbard.
—Para nosotros son invisibles.
—???AAAAAA!!! ??Cómo así!? —exclamó Ken—. ??Entonces cómo sabes que existen?!
—Excelente pregunta, godinez.
—??Godínez!? —protestó Ken.
Kael sonrió apenas.
—Los gérmenes son y no son invisibles —explicó—. ?Por qué? Porque no los podemos ver.
No porque sean mágicos ni porque se escondan... sino porque son extremadamente peque?os.
Holley levantó la mano con timidez.
—?Más peque?os que un grano de arroz?
Kael sonrió con dulzura.
—Holley, un grano de arroz es un gigante comparado con una bacteria. Para que te hagas una idea...
Kael tomó un grano de arroz de la mesa y lo sostuvo entre sus dedos.
—Si este grano de arroz fuera del tama?o de esta sala...
—una bacteria seguiría siendo más peque?a que un grano de arena.
Todos abrieron los ojos, atónitos.
—Y hay bacterias aún más peque?as —continuó Kael—. Algunas son tan diminutas que podrías alinear cincuenta mil sobre el filo de una u?a... y aun así no las verías.
Caria palideció.
—??Cincuenta mil!? ??Tanto así!?
—Sí —asintió Kael—. Y viven en el agua, en las manos, en los alimentos...
Y si entran al cuerpo, causan enfermedades.
Por eso necesitamos ba?os, limpieza, agua segura y alcantarillado.
Freya lo observaba con atención casi religiosa.
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—?Y no existe alguna forma de vencer a seres tan peque?os?
Kael respiró hondo.
No quería abrumarlos demasiado.
—Hay muchísimo de lo que podríamos hablar después... pero por ahora escuchen esto:
En este mismo instante, millones de virus y bacterias están intentando entrar a sus cuerpos.
Varias mujeres se tensaron.
—Quieren instalarse, reproducirse y enfermarlos —continuó—.
Pero ahí es donde entra en acción el guerrero más fuerte que tienen: su propio cuerpo.
Freya entrelazó las manos.
—En este momento —prosiguió Kael—, todos ustedes están librando una batalla interna. Sus defensas destruyen gérmenes cada segundo para mantenerlos sanos.
Kael levantó un dedo.
—?Saben cuando uno se enferma y le sube la fiebre?
No es un castigo... es una estrategia.
El cuerpo eleva la temperatura porque muchos gérmenes no soportan el calor. Se debilitan o mueren.
Freya asintió lentamente.
—Entonces... la única defensa que tenemos ahora mismo es nuestro propio cuerpo.
—Exacto —respondió Kael con firmeza—. No podemos evitar que los gérmenes nos ataquen... pero sí podemos evitar que tengan un lugar cómodo para vivir.
Y eso se logra con prevención.
Todos permanecieron atentos.
Kael levantó tres dedos.
—La primera medida ya la hicimos: el inodoro.
Si los desechos no se acumulan cerca de nosotros, los gérmenes no pueden multiplicarse ahí.
Bajó un dedo.
—La segunda serán las ca?erías de cobre.
El cobre no se pudre, no acumula hongos y mata a los gérmenes que lo tocan.
Levantó el tercer dedo con entusiasmo.
—Y la tercera... la más importante de todas... ?el jabón!
—?El único y vital jabón!
Si todos aprenden a lavarse las manos, evitaremos la mayoría de las enfermedades antes de que empiecen.
La sala quedó en silencio.
Por primera vez, comprendían que estaban entrando a un mundo completamente nuevo.
Kael sacó varios libros de registros que Redda lo había ayudado a completar.
Los extendió sobre la mesa principal:
un tomo viejo de impuestos, tres padrones incompletos, los registros de los curas y el catastro rural.
—Sumando nacimientos y muertes... —comenzó Kael— tenemos unos trece mil habitantes registrados por la iglesia.
Laret frunció el ce?o.
—?Solo eso?
—No —respondió Kael—. Porque los impuestos muestran tres mil doscientos hogares tributarios.
Si cada hogar tiene entre cinco y siete personas... eso nos da entre dieciséis mil y veintidós mil habitantes.
Freya se inclinó sobre la mesa, intrigada.
—?Y cuál es el número más probable?
—Diez mil viven dentro o cerca de la ciudad —explicó Kael—.
Otros siete mil en aldeas.
Y mil o dos mil entre soldados y trabajadores fronterizos.
Hizo una breve pausa.
—El total ronda los dieciocho mil.
El silencio se apoderó de la sala.
Por primera vez, todos podían visualizar la verdadera escala de Cautares.
Kael respiró profundo mientras observaba los mapas y registros.
Luego habló con esa mezcla de inocencia y determinación que dejaba a todos sin palabras.
—Mi plan... es reformar todas las ciudades.
Quiero ba?os en cada hogar, alcantarillas en cada calle y agua limpia moviéndose por ca?erías, no en baldes sucios.
También quiero ense?ar el uso del jabón y el aseo diario.
Algunos fruncieron el ce?o.
Otros se inclinaron hacia adelante para escucharlo mejor.
—Si logramos eso —continuó—, la vida de todo el país mejorará.
Menos enfermedades.
Menos muertes.
Menos sufrimiento.
Kael alzó un dedo.
—Pero lo más importante es esto:
Evitaremos pandemias.
La palabra resonó en la sala.
—Lo que ustedes llaman "maldiciones masivas" en los registros de la iglesia... no son maldiciones.
Son enfermedades que se esparcen porque la gente vive entre sus propios desechos.
Si controlamos eso... podremos detenerlas antes de que comiencen.
La sala quedó en absoluto silencio.
Por primera vez, comprendieron la magnitud de lo que Kael buscaba crear.
Garbard dio un paso al frente, cruzándose de brazos con expresión grave.
—Tus iniciativas son nobles, Kael... pero este no es solo un problema de la ciudad.
Las reformas cuestan. Mucho.
Y requieren mantenimiento constante.
Hizo una pausa.
—No podemos ignorar que estamos teniendo dificultades con las cosechas.
Y este invierno será más duro que los últimos tres.
Con la comida justa y las reservas bajas... cualquier gasto mal planificado podría llevarnos a pérdidas severas.
Kael sonrió de oreja a oreja, como si hubiera estado esperando exactamente esa objeción.
—?Así es, tata! ?Justamente por eso quiero hacerlo!
Si avanzamos con ba?os, ca?erías y alcantarillas, vamos a necesitar artesanos, alba?iles, alfareros, herreros, recolectores, cargadores, constructores... ?gente!
Sus ojos brillaban.
—Eso significa trabajo para todos: los pobres, los campesinos sin tierras, los jóvenes sin oficio.
?Podrán especializarse y ganarse la vida!
Laret lo miró con los ojos entrecerrados, claramente impresionado.
Kael continuó, ahora con un tono más serio.
—Y cuando deje las bases listas para fabricar todos estos proyectos... quiero que me lleves a recorrer cada campo y cada pueblo.
Necesito ver las tierras, los pozos, los cultivos.
Hay mucho que revisar antes del invierno... y muchas cosas que mejorar en las siembras.
Garbard lo observó en silencio durante unos segundos.
Era la primera vez que veía a un ni?o hablar como si llevara el peso de un reino entero sobre los hombros.
Entonces Laret y Caria se levantaron.
—Kael... —comenzó Laret—. Tu presentación fue enérgica e increíble, nadie lo niega.
Pero aún eres muy joven para salir de la mansión.
Y menos de la ciudad.
Y mucho menos a los demás pueblos.
Caria dio un paso al frente, visiblemente alarmada.
—?Así es! ?No, no y no!
?No es un tramo peque?o!
Serían meses de viaje.
?Y tú eres muy peque?ito, no soportarías algo así!
??Y si aparece una bestia del Bosque Indomable!?
Garbard los observó con seriedad...
Garbard habló con voz grave, imponiendo silencio en la sala.
—Las ideas de Kael son buenas.
Y su plan... está mejor estructurado que muchas propuestas de consejeros adultos.
Pero mis hijos tienen razón: sería un viaje largo, peligroso y agotador.
Kael apretó los pu?os, conteniendo su impulso de protestar.
Garbard continuó:
—Hagamos esto, Kael.
Si me demuestras que puedes dejar todo tu proyecto listo, seguro y funcionando antes de que Freya, Liora y la reina Isadora deban partir —lo que será dentro de unos pocos meses—...
entonces hablaremos seriamente de tu viaje.
La sala quedó en completo silencio.
Garbard dio un paso adelante y a?adió con solemnidad:
—Si cumples todo eso... yo mismo te acompa?aré.
Escogeré a mis mejores hombres para escoltarte en la travesía.
Visitaremos cada pueblo, revisaremos las tierras y prepararemos las contramedidas necesarias para asegurar que la última siembra estable del a?o dé frutos antes del invierno.
Pero primero... demuéstrame que estás listo.
Caria y Laret lo miraron con sorpresa.
Kael, en cambio, sonrió como si le hubieran entregado el mundo entero.
Ya tenía su plan.
Todo estaba listo.
Pronto no solo saldría de la ciudad... sino que recorrería todo el dominio.
Con una mirada satisfecha y una pose de victoria, Kael se regocijaba en su éxito, sin percatarse de los monstruos que lo acechaban detrás.
Solo alcanzó a escuchar una peque?a frase susurrada en su oído.
—Profesor... es hora del examen...
El mundo se le vino encima.
Sin tiempo para reaccionar, Kael intentó huir con su trajecito puesto, pero fue demasiado tarde.
Una Caria salvaje lo atrapó con sus tentáculos, y otras dos criaturas igual de feroces —Tana y Holley— se le lanzaron encima.
El peque?o profesor fue devorado sin piedad en aquel salón de clases improvisado.
Fin de la lección.

