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Capítulo 31 - El peso de expresar verdades

  Capítulo 31 - El peso de expresar verdades

  Esa noche, todos los involucrados se quedaron hasta altas horas debatiendo los hechos ocurridos. Los datos eran claros, pero la información no cuadraba; los resultados desafiaban por completo la realidad conocida. Cuanto más analizaban, más evidente se volvía la contradicción. No importaba cómo se mirara: algo no encajaba.

  El único camino lógico para avanzar era uno que nadie quería recorrer del todo.

  Investigar la mente de Kael.

  Mientras tanto, en la habitación de Kael, el silencio pesaba como una losa.

  El ni?o permanecía acostado, mirando el techo, con los pensamientos agolpándose sin orden. Su respiración era tranquila por fuera, pero por dentro la presión crecía, lenta e insistente, como si algo estuviera empujando desde el fondo de su pecho.

  // -- ya tenemos la habilidad cubo dimensional… ahora el problema es que ellos ya dudan de tus capacidades… claramente ya se dieron cuenta de que no son habilidades que podría tener un ni?o de 3 a?os… -- //

  Kael apretó los dientes.

  Lo sé… pero era necesario si queríamos avanzar…

  No debería ser necesario decir la verdad completa, solo partes… hasta el momento podemos manejarlo…

  El peor de los casos sería que me… ?maten?

  La idea le cruzó la mente con una frialdad que lo inquietó más de lo que quiso admitir.

  // -- claramente no es una familia que pueda realizar eso… pero sin duda no será una buena reacción al enterarse de que el alma de su hijo viene de otro lugar… -- //

  Esperemos lo mejor, pensó Kael, tragando saliva.

  Tendremos que enfrentar la realidad con la cabeza en alto. Creo que puedo manejar esto… hemos avanzado mucho.

  Pero esa seguridad era frágil. Se sostenía con esfuerzo, como una estructura levantada a toda prisa.

  Y así, con el miedo latiendo bajo la piel y una presión que no lograba disipar, Kael se quedó dormido.

  …

  …

  …

  …

  …

  Al día siguiente no hubo entrenamiento ni clases. Apenas terminó el desayuno, se convocó la reunión para resolver el tema.

  El ambiente era denso.

  En la sala estaban todos los involucrados del día anterior. Kael también estaba allí, sentado en una peque?a silla que parecía aún más diminuta bajo la mirada de los adultos. Sus pies no tocaban el suelo. Se balanceaban apenas, de forma inconsciente, mientras se preparaba para lo que sabía que venía.

  Un interrogatorio.

  Los rostros eran serios. Preocupados. Nadie sonreía.

  —Kael —dijo Freya con voz medida—, nos reunimos nuevamente para analizar los resultados del experimento de ayer.

  —Sí —respondió él sin dudar.

  —Antes de revisar esos resultados —continuó ella—, quería preguntarte por la metodología que usaste.

  Kael parpadeó.

  —?La metodología?

  —Sí —asintió Freya—. Ayer, por ejemplo, dijiste que para crear agua utilizabas dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno… y que para el fuego solo acumulabas oxígeno y agitabas una partícula para encenderla.

  —Sí —respondió Kael—. Con las ondas mágicas pude determinar cuál era la molécula correspondiente.

  Freya lo observó con atención, afinando la mirada.

  —?Y esos nombres los inventaste tú para diferenciarlas?

  —No, no —negó rápidamente—. Esos nombres estaban en la tabla… periódica…

  Freya ladeó levemente la cabeza.

  —?Y en qué libro de alquimia encontraste esa tabla?

  Kael abrió la boca… y se quedó en silencio.

  Bien… esto era lo que esperaba.

  Solo tengo que parecer confundido.

  Como si los recuerdos llegaran solos…

  —… —pasaron unos segundos—. De… un libro de química…

  —No recuerdo ese libro —dijo Freya—. ?Lo tenemos aquí, en la biblioteca?

  Kael sintió una punzada en el pecho, pero la ignoró.

  Tranquilo… todavía puedo manejarlo.

  —… —desvió la mirada—. No… el libro de química es de… no…

  Las palabras comenzaron a romperse.

  Kael llevó ambas manos a su cabeza, apretándosela con fuerza.

  La calma infantil empezó a resquebrajarse, no por la pregunta… sino por lo que esa respuesta arrastraba consigo.

  Kael tragó saliva.

  Está bien… esto puedo explicarlo, pensó.

  Si lo digo como algo que entiendo a medias… no debería ser raro.

  —Es solo… —murmuró—. Es como una forma de ordenar las cosas… los elementos…

  Levantó la mirada un segundo, buscando las expresiones de los adultos.

  Nadie lo interrumpía.

  Eso le dio una falsa seguridad.

  —La tabla periódica de los elementos es una disposición de los elementos químicos en forma de tabla —recitó de golpe—, ordenados por su número atómico, por su configuración de electrones y sus propiedades químicas.

  Su respiración se aceleró.

  El aire parecía no entrar lo suficientemente rápido en sus pulmones.

  —Kael… —intervino Caria, alarmada—. ?Qué te pasa? ?Te sientes mal?

  Pero Kael no parecía escucharla.

  Sin darse cuenta del papel que intentaba representar, sin medir el peso real de sus emociones, subestimó lo que significaba haber muerto y renacido. El personaje que fingía empezó a encarnizarse en lo más profundo de su ser. Las barreras que había levantado durante a?os comenzaron a ceder.

  Kael apretó aún más su cabeza, enterrando las u?as en el cuero cabelludo.

  —?La tabla periódica es la base para entender la química básica! —gritó—. ?La materia no se crea ni se destruye, solo se modifica! ?La química es uno de los pilares para entender la naturaleza del mundo!

  Varias personas se tensaron.

  —Dmitri Mendeléyev publicó en 1869 la primera versión de la tabla periódica —continuó, con la voz quebrándose—. Fue ampliamente reconocida… la desarrolló para ilustrar tendencias periódicas en las propiedades de los elementos entonces conocidos…

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  —1869… —murmuró, como si ese número lo atravesara.

  Freya frunció el ce?o.

  —Esa fecha no cuadra con nuestro calendario, Kael —dijo con cautela—. Ese libro de química que mencionas… tampoco existe aquí.

  —1869 después de Cristo… —respondió Kael con los ojos vidriosos—. La civilización avanza… se expande…

  Su voz bajó de golpe.

  —?Porque soy un ni?o…?

  El silencio se volvió insoportable.

  La tensión ya no podía ocultarse. Esto se estaba saliendo de control.

  Freya se acercó lentamente, se agachó a su altura y lo miró fijamente.

  —Kael… —dijo con suavidad—. ?Recuerdas algo de tu vida pasada?

  —Yo… yo… —balbuceó—. La química… yo…

  Por primera vez, Kael se enfrentó de lleno con algo imposible de esquivar. No era una verdad aislada, ni una simple revelación. Era el despertar brutal de una realidad: la incongruencia de dos vidas coexistiendo en un solo cuerpo.

  El choque espiritual entre Esteban y Kael comenzó a destrozarlo desde dentro.

  Su respiración se volvió errática. Se clavó las u?as con tanta fuerza en la cabeza que la sangre empezó a correr.

  Cuando todos se disponían a intervenir, lágrimas de dolor y desesperación brotaron de sus ojos.

  Su plan se había descontrolado por completo.

  Algo que creyó simple —mostrar solo fragmentos de la verdad— se transformó en un derrumbe absoluto. Una vida terminada, arrastrada sin permiso a una nueva, sin olvidar nada.

  Kael empezó a liberar magia de forma descontrolada.

  La explosión de poder expulsó a Caria hacia atrás.

  La sala entró en caos.

  Todos intentaron acercarse para calmarlo, pero era imposible. La presión mágica los rechazaba.

  Freya observaba, incapaz de creer la cantidad de magia que brotaba del cuerpo de un ni?o tan peque?o.

  Caria, sin importar el da?o que recibía, avanzó hacia Kael.

  Laret la acompa?ó.

  —?Kael, por favor! —gritó Caria—. ?Vuelve en ti, por favor!

  —?Todo está bien, Kael! —a?adió Laret con voz firme—. ?Debes detenerte o te harás da?o!

  —?Freya! —rugió Garbard—. ?Qué está sucediendo?

  —Al parecer —respondió ella, con el rostro pálido— Kael recobró de golpe memorias de su vida pasada… y están generando una inestabilidad grave con el ser que es ahora.

  —?El macro adenoma consumió gran parte de la glándula! —gritó Kael—. ?Los nervios ópticos están fallando! ?Ceguera inevitable! ?No hay esperanza de vida! ?Noventa por ciento de probabilidades de morir! ?DESEA DONAR óRGANOS VITALES!

  La magia resquebrajó las paredes. Los muebles comenzaron a volar. Toda la casa se sumió en el caos.

  La magia seguía desatada, golpeando el aire como una tormenta invisible. Cada pulso hacía vibrar el suelo, las paredes crujían y el mobiliario se estrellaba contra los muros como si la casa misma intentara expulsar aquello que no podía contener.

  Sin importar lo que le pasara, Caria avanzó.

  Cada paso era un esfuerzo brutal. La presión mágica le quemaba la piel, le hacía arder los pulmones, pero no se detuvo. Sus ojos solo veían a su hijo.

  Laret la sostuvo por un instante, luego avanzó con ella.

  Ambos llegaron hasta Kael y, entre los dos, lograron rodearlo, intentando contener la marea de poder que brotaba sin control.

  —Mi ni?o… —susurró Caria, apretándolo contra su pecho—. Por favor, tranquilo… mamá está aquí…

  —Mientras tus padres estén aquí —a?adió Laret con voz firme, aunque forzada—, te protegeremos.

  Kael temblaba.

  Su cuerpo entero se sacudía, los dientes casta?eteaban, y su respiración era irregular, rota.

  —?Esteban! —gritó con una voz que ya no parecía infantil—. ??Por qué huiste?! ??Por qué abandonaste a todos y fuiste a morir solo?! ?Maldito cobarde!

  // -- uff… esto me saldrá bastante caro, pero si no lo hago moriré… -- //

  De pronto, una luz blanca se encendió con violencia en su frente.

  El resplandor era intenso, casi cegador. La magia expulsada comenzó a ser absorbida, canalizada hacia ese punto con una fuerza brutal. El aire vibró, el sonido se apagó, como si el mundo contuviera el aliento.

  La luz aumentó… y luego, poco a poco, comenzó a extinguirse.

  El cuerpo de Kael perdió fuerza.

  Sus músculos se relajaron de golpe y cayó inconsciente en brazos de sus padres.

  El caos se disipó lentamente, dejando tras de sí un silencio pesado, cargado de miedo y culpa.

  …

  …

  …

  …

  …

  …

  …

  …

  Kael abrió los ojos… o creyó hacerlo.

  Todo era oscuridad.

  No podía ver nada. No sentía su cuerpo. No había suelo, ni techo, ni dirección. Solo esa sensación conocida, inquietante, igual a la del primer día en que llegó a ese mundo.

  ?Dónde estoy…?

  ?Qué pasó…?

  ?Acaso morí…?

  // -- estás en estado vegetativo animal… -- //

  ?Qué…?

  —?Sistema! —pensó Kael, alarmado—. ??Qué pasó?! ?Recuerdo que estaba respondiendo las preguntas de la maestra! Pero al intentar hacer el papel de bebé reencarnado, solo con recuerdos puntuales… me sentí extremadamente mal… sentimientos increíblemente fuertes comenzaron a brotar… no podía contenerlos… solo quería gritar y llorar…

  // -- pues claro, animal… todo lo referente a tu vida pasada lo abordamos en esto… TU MENTE… nunca intentaste simularlo o hablarlo en la vida real… los sentimientos reprimidos de tu antiguo yo estallaron al ver una apertura en tu corazón… el resultado… aquí estás tú, en estado vegetativo… -- //

  ?Cuánto tiempo ha pasado?

  // -- no lo sé… este estado es nuevo para mí… antes, cuando dormías, podía saber lo que pasaba… pero ahora te reprimiste tan fuerte que quedé atrapada contigo… -- //

  ?Me reprimí…?

  // -- así es… tuve que usar una habilidad del sistema para calmar tu ira mágica… por suerte, el cubo dimensional ayudó bastante a absorber tu magia… -- //

  Kael dejó escapar una risa amarga, sin sonido.

  En resumen… dejamos tremenda cagada…

  // -- ?dejamos?! ?Dejaste pedazo de animal! No me quiero ni imaginar cómo deben estar afuera… -- //

  Perdón…

  Lo arruiné…

  Hice que todo valiera verdadera verga…

  Mientras hablaba con el sistema, una presencia distinta comenzó a manifestarse a cierta distancia.

  Era tenue. Apenas una silueta.

  Era ella.

  La ni?a.

  La misma que lloraba antes de que Kael naciera.

  ?Esa es la ni?a de cuando iba a nacer!

  Kael intentó acercarse, pero su cuerpo no respondía. No avanzaba, no retrocedía. Solo observaba.

  —Oye… —pensó con urgencia—. ?Ni?a! ?Qué está sucediendo? ?Por qué ocurre todo esto? ?Tú me trajiste a este mundo?

  La ni?a levantó lentamente la cabeza.

  Su rostro estaba cubierto de una tristeza incalculable. No había rabia, ni miedo. Solo un agotamiento profundo, un deseo absoluto de desaparecer, de dejar de existir.

  —Por favor… —dijo con una voz frágil—. Debes despertar y prepararte… él viene…

  Tras esas palabras, Kael sintió que algo lo arrastraba.

  La oscuridad se volvió más densa. Su conciencia empezó a desvanecerse, como si fuera absorbida hacia el fondo de un pozo sin luz.

  …

  …

  …

  …

  Al despertar, Kael estaba en su cama.

  Era de ma?ana.

  La luz del día entraba suavemente por la ventana, pero su cabeza palpitaba con un dolor intenso. Sentía vendas rodeándole la frente, tensas, incómodas.

  A su lado, alguien dormía.

  Era su madre.

  Caria tenía profundas ojeras, el rostro cansado, pero una mano descansaba firmemente sobre la cama, como si temiera que él desapareciera si la soltaba.

  Kael intentó moverse… y un dolor agudo lo hizo gemir.

  Sus sentimientos reprimidos comenzaron a florecer de nuevo.

  El conflicto espiritual regresó, pesado, sofocante.

  Se sujetó los hombros con fuerza y, sin poder evitarlo, comenzó a llorar. Apretó los dientes, intentando contener los sollozos, pero fue inútil.

  Unos brazos lo rodearon de inmediato.

  Caria despertó sobresaltada y lo abrazó con fuerza, llorando junto a él.

  —?Kael, mi ni?o! —sollozó—. Tranquilo… todo estará bien… no hay nada de qué preocuparse… mamá está aquí para ayudarte…

  —Perdón, mamá… —murmuró Kael entre lágrimas—. Yo no sobreviví… el médico me dijo que no había oportunidad… yo huí… y morí solo… yo… no debo estar aquí…

  —?No! —respondió Caria con firmeza, apretándolo más—. Tú eres mi hijo y siempre lo serás… tú perteneces aquí… eso nadie lo cambiará…

  Caria no lo soltaba. Era lo único que podía hacer.

  Por el alboroto en la habitación, varias personas comenzaron a llegar para ver qué ocurría.

  Laret se acercó lentamente, con el rostro agotado. Extendió la mano y tocó suavemente a su hijo, como si necesitara confirmar que era real.

  Poco después, Garbard entró a la habitación y, con autoridad, hizo salir a los sirvientes y guardias que habían llegado alarmados. Solo quedaron los involucrados en la reunión.

  Freya se acercó a la cama y se inclinó por completo.

  Su voz temblaba.

  —Kael… peque?o… perdóname, por favor… fui completamente irracional e ignorante… traté un tema del que desconocía y te hice un gran da?o… te reviví recuerdos y emociones que no estabas preparado para enfrentar…

  Kael la miró con los ojos enrojecidos.

  —Yo… yo no pertenezco aquí… —susurró—. Por favor, perdónenme… yo… soy una aberración de la naturaleza…

  De pronto, una presencia imponente se adelantó.

  Lord Garbard se irguió frente a todos.

  Su voz fue firme. Intimidante. Absoluta.

  —?KAEL! —tronó—. ?No vuelvas a decir eso nunca más! Eres y serás un Sungley para siempre. Eres nuestro miembro más amado y nada cambiará eso.

  Dio un paso al frente.

  —El destino te dio un camino distinto, quizá te lleve a lugares que nosotros no veremos… pero no cambia tu origen. Eres su hijo. Eres mi nieto. Y eso no lo decide el mundo… lo decidimos nosotros.

  El silencio era total.

  —No sé qué pasó en tu vida pasada —continuó—, pero cualquier dolor que cargues puedes compartirlo con nosotros. Te amamos. Queremos ayudarte.

  Kael temblaba.

  —Yo… yo… —balbuceó—. Recordé algunas cosas… no vengo de aquí… venía de un lugar muy lejano… tenía una enfermedad… me estaba matando poco a poco…

  Respiró hondo, tratando de ordenarse.

  —Intentar erradicarla era peligroso y caro… abandoné a mi familia para cargar con el peso solo… viajé lejos para operarme… y morí…

  Sus sollozos se calmaron un poco.

  —No recuerdo mucho… solo cosas puntuales… estudios… química… física… inconscientemente traje esos conocimientos aquí… para entender mejor este mundo…

  Nadie interrumpió.

  Kael bajó la mirada.

  —Lamento mucho haberlos preocupado… no quise hacer da?o… no pude controlar lo que sentí…

  Caria habló entonces, con voz cálida, quebrada por el llanto.

  —Como dijo tu abuelo… pase lo que pase, nunca te juzgaremos. Siempre estaremos aquí para ayudarte… nunca me arrepentiré de haberte tenido ni de haberte amado. Eres lo más importante para mí.

  Laret asintió en silencio y se apartó un poco, dejando que Caria acurrucara a Kael entre sus brazos.

  —No hay nada más que decir —dijo finalmente—. Ellos expresaron lo que todos sentimos.

  Kael miró a cada uno de los presentes.

  Rostros cansados. Preocupados. Aliviados.

  Por primera vez desde que despertó, no se sintió solo.

  —Gracias… —susurró.

  Le dio un débil beso en la mejilla a su madre y volvió a recostarse, cerrando los ojos, permitiéndose dormir un poco más.

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