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Capítulo 22 - Entendiendo el poder

  Los más grandes exponentes, tanto en liderazgo como en poder de Taratios, estaban reunidos en una sola mansión, preparándose para la velada. La experiencia y trayectoria de quienes habitaban ese lugar se notaban en cada detalle: Lasan y Jacki habían preparado un banquete que no era ostentoso, pero sí lo suficientemente delicioso y abundante como para saciar a todos los presentes. Los aromas de la comida caliente se mezclaban con el murmullo de las conversaciones, llenando el comedor de una sensación extra?a de calma y expectación.

  En la mesa principal se encontraban los adultos, mientras que en una peque?a mesa redonda, creada especialmente para él, estaba Kael junto a los otros tres ni?os. Lysandra se mostraba un poco apenada; era la primera vez que los veía a todos juntos, así que se mantenía más cerca de Kael, casi pegada a su costado. Althea comía con tranquilidad, observando con curiosidad a los otros dos, mientras Ronan, silencioso como siempre, cenaba sin apuro, concentrado únicamente en su plato.

  Kael, en cambio, estaba pensativo y serio, mirando la comida frente a él sin realmente prestarle atención. Sabía que no solo tendría que entrenar... sino que además tendría que soportar a tres ni?os más a su alrededor.

  Pensamiento de Kael:

  A ver, a ver... según lo que me ense?ó la maestra Freya, la magia es una manifestación del alma. Es el alma la que ejerce esta fuerza mágica sobre la materia y la altera. Generar viento... no sé exactamente cómo, fuego supongo que agitando partículas, y lo contrario sería el hielo. Así funciona con los elementos tradicionales. Con magia neutra no puedo modificar la materia... pero sí puedo tocarla...

  // -- en efecto si es un material inerte puedes manipularlo de cierta manera si posees el conocimiento, la mayoría de las personas aquí no lo entenderían porque no tienen estudios avanzados de física o química... -- //

  Pensamiento de Kael:

  O sea que, con el suficiente entrenamiento... podría tomar una roca y separar sus materiales, como hierro, níquel, entre otros, si entiendo de qué está formada...

  // -- exacto podríamos fabricar varios elementos básicos para subsistir... -- //

  Pensamiento de Kael:

  Así como ca?erías para hacer un alcantarillado y tener un ba?o... ay, qué lindo sería...

  Kael llevó un dedo a su boca, absorto en sus ideas, sin notar las miradas curiosas a su alrededor.

  —?Kel... te duele la pancita? —preguntó Lysandra con voz suave, inclinándose un poco hacia él.

  —?Ah...? —Kael parpadeó, volviendo en sí—. No... no, no. Estaba pensando en algo... creo... creo que puedo hacer algo divertido.

  Los tres ni?os lo miraron con curiosidad, atentos de inmediato.

  —Sigan comiendo, ya vengo... —dijo Kael, bajándose de su silla.

  Se levantó de la mesa y pasó por detrás de todos, caminando con cuidado entre los adultos hasta dirigirse a la cocina. Allí se encontraban Jacki y Lasan, cocinando y limpiando platos con movimientos ágiles y coordinados.

  —Tía Jacki... —llamó Kael con educación.

  —Oh, pero si es mi joven se?or —respondió ella con una sonrisa—. ?Qué pasa?

  —?Qué es eso blanco que está en ese contenedor? —preguntó Kael, se?alando con el dedo.

  Jacki miró hacia donde apuntaba y enseguida entendió a qué se refería.

  —Es savia del árbol Nadu —explicó—. La usamos para sellar frascos y para reparar cucharas de madera. Se endurece cuando la calientas un poco.

  Kael observó el contenido con atención. Aquella sustancia espesa y blanquecina vibraba suavemente bajo la influencia de su magia, como si respondiera a su presencia.

  —?Puedo tomar un poco? Quiero probar algo —pidió con tono serio, aunque sus ojos brillaban de emoción.

  Jacki lo miró sin comprender del todo, pero aun así asintió.

  Al abrir el frasco, Kael utilizó su magia y, poco a poco, comenzó a extraer la savia, dándole forma hasta crear una peque?a esfera flotante. Mientras la sostenía en el aire, aplicó un control preciso, quitando todas las impurezas con extrema concentración.

  Para no seguir molestando a los sirvientes, Kael regresó al comedor. La mayoría ya había terminado de comer y ahora conversaban tranquilamente. Con mucho cuidado, y con la esfera de savia flotando frente a él, avanzó entre las mesas.

  Cuando entró, Laret y Caria quedaron profundamente intrigados al verlo usar magia mientras se movía con tanta lentitud y cuidado. Pronto los demás también se percataron, y el murmullo se apagó poco a poco. Kael se acercó con delicadeza a Enta.

  —Tío Enta... ?tú tienes magia de viento, cierto? —preguntó.

  —Así es, mi joven se?or —respondió Enta—. ?Me necesita para algo?

  —Siii... ?podrías echar lentamente una presión de aire en este agujero que le dejé a la bola?

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  —Claro, no hay problema, mi se?or.

  Con extremo cuidado, Enta comenzó a introducir aire en la esfera. Esta crecía cada vez más, mientras su capa se adelgazaba progresivamente. Cuando llegó al punto exacto, Kael habló con rapidez.

  —?Listo! Eso nomás, tío Enta. ?Gracias!

  —No hay de qué, mi joven amo.

  Ahora, con aún más cuidado y con la esfera más grande, Kael se acercó a Freya. Todos observaban con profunda curiosidad, preguntándose qué estaba a punto de hacer.

  —Maestra Freya, ?podrías aplicar un leve calor a esta bola? —pidió.

  —Claro, peque?o —respondió ella—. Tú me vas diciendo cuánto calor debo generar. Y mientras tanto... ?podrías decirme qué quieres hacer?

  —Ayer, en el libro que me leíste, dijiste que elementos como el agua y otros materiales podían variar su forma si estaban calientes o fríos —explicó Kael—. Y que muchas cosas líquidas, si les aplicabas calor, se endurecían.

  —En efecto, peque?o. Entonces... ?quieres endurecer esta bola?

  —?Sí, sí! ?Será divertido!

  Freya aplicó el calor con precisión. La esfera, con aire comprimido en su interior, comenzó a solidificarse y secarse hasta quedar completamente dura.

  —?Está lista! —exclamó Kael con entusiasmo.

  Todos la miraron expectantes. Kael tomó la bola con sus manos y la impulsó suavemente contra el suelo. La esfera rebotó y regresó a sus manos.

  Era una pelota.

  Todos quedaron impresionados por la invención.

  Kael se dirigió hacia los otros ni?os y les mostró el nuevo juguete.

  —?Miren, funcionó! Lo llamaré... pelota.

  Kael comenzó a botarla una y otra vez contra el piso, observando cómo rebotaba con energía. Los demás ni?os no tardaron en entusiasmarse.

  Los adultos involucrados observaban la escena con asombro silencioso.

  —Esa cosa blanca era la savia del árbol Nadu... ?cierto? —preguntó Freya.

  —Sí —respondió Caria—. Jacki siempre trae un poco cuando va a recolectar materiales al bosque.

  —Freya... ?le estabas ense?ando alquimia a Kael con un libro? —preguntó Rowan, sorprendido.

  —Pues sí —respondió ella—. Como base para que entendiera cómo funciona la magia... aunque no esperaba que lo entendiera tan bien.

  Los ni?os, emocionados, hacían rebotar la pelota con mucho entusiasmo.

  Kael tomó la pelota, la dejó en el piso y anunció con orgullo:

  —Miren esto, soy el maestro de la pelota.

  Le dio una patada con la fuerza de un ni?o. La pelota rebotó contra el muro y dio de lleno en la cara de Ken.

  —?Ay, perdón, tío Ken! —gritó Kael de inmediato.

  —?Pfff! ?Jajajajajajaja! —se burló Holley—. ?Te dio en toda la cara!

  —No me dolió... bueno, un poquito —dijo Ken—. Oye, pero esta pelota está muy divertida. ?La puedo patear?

  —No creo —respondió Kael—, porque la vas a reventar con tu fuerza...

  —Aww... yo también quería jugar...

  —?No crees que estás muy viejo? —se burló Laret.

  —Pero sí podemos jugar un juego, tío Ken —dijo Kael—. Juguemos a ver quién hace más dominadas.

  —Ohhh, interesante... ?y cómo se hace?

  Kael tomó la pelota y, con mucho cuidado y equilibrio, la lanzó al aire y comenzó a darle leves golpes con el pie, evitando que cayera al suelo.

  —La idea es mantener la mayor cantidad de tiempo la pelota en el aire sin que caiga y sin usar las manos, solo los pies —explicó mientras hacía las dominadas.

  Luego le pasó la pelota a Ronan. Aún callado y poco social, pero claramente emocionado por participar, lo intentó. Logró golpearla cuatro veces antes de que cayera. Luego fue el turno de Lysandra: tres golpes. Después Althea: uno. Finalmente, Ken logró veinte golpes antes de perder el equilibrio.

  Así, el invento de Kael mantuvo entretenidos a ni?os y adultos en el comedor, jugando y riendo hasta la llegada del gran se?or.

  Con la llegada del gran se?or, el ambiente del comedor cambió de inmediato. Las risas se fueron apagando poco a poco, y los adultos intercambiaron miradas cargadas de significado. Los peque?os fueron llevados con cuidado a una habitación contigua para que descansaran; aún excitados por el juego, pero demasiado cansados para protestar.

  El verdadero motivo por el que todos se habían reunido comenzaba a tomar forma.

  En una mesa redonda se sentaron cinco de los héroes de la Gran Guerra, acompa?ados por tres guardianes, dos sirvientas y, por supuesto, el lord. La iluminación tenue proyectaba sombras alargadas sobre las paredes, y el silencio que se formó era pesado, como si incluso el aire supiera que lo que se discutiría no era algo trivial.

  —Bueno —comenzó Freya—, hay varios temas que abordar... y hasta cierto punto, algunos están relacionados entre sí.

  —Esperen —interrumpió Laret—. Aún no ha llegado Lucian...

  —Abre la ventana cuando nadie se dé cuenta —dijo Liora con naturalidad—. Ya estará aquí.

  Laret se levantó y procedió a abrir la ventana. Apenas se apartó, una presencia apareció de la nada, como si siempre hubiese estado allí.

  Un hombre de presencia afilada y silenciosa se materializó en la habitación, envuelto en ropajes negros que parecían beberse la luz. Su cabello era largo, casta?o oscuro y ligeramente desordenado, cayendo con naturalidad alrededor de un rostro serio y vigilante. Una máscara negra cubría la mitad inferior de su rostro, dejando visibles únicamente unos ojos intensos, fríos y calculadores, capaces de leer una intención incluso antes de que esta se manifestara.

  Su hombro derecho estaba protegido por una armadura segmentada, negra con remates dorados, tachonada con púas rojas que convertían cualquier acercamiento descuidado en un error fatal. Todo en él transmitía disciplina, letalidad y un entrenamiento muy lejos de lo común.

  La túnica negra, ce?ida por un cinturón carmesí, ocultaba la delgadez firme de un cuerpo preparado para el combate rápido y silencioso. En su cintura descansaba una única katana, enfundada con una precisión casi ceremonial.

  La expresión de su mirada —fría, decidida, siempre alerta— dejaba en claro que aquel hombre no era un simple guerrero: era alguien acostumbrado a caminar en la sombra, golpear sin aviso y desaparecer sin dejar rastro.

  


  


  


  


  —?AY, LUCIAN! ??PODRíAS AVISAR QUE LLEGASTE!? —exclamó Laret, sobresaltado.

  —Eso es culpa tuya por no estar en alerta —respondió Lucian con voz calmada.

  —Lucian, no estamos en guerra —dijo Liora—. Tampoco es para que seas tan serio...

  —?Y el peque?o Ronan? —preguntó Lucian, desviando la conversación con naturalidad.

  —Oh, está muy animado y feliz, jugando con los otros ni?os —respondió Liora con una sonrisa.

  —Me alegro —dijo Lucian, asintiendo levemente.

  —Si ya terminaron de coquetear —intervino Freya—, podríamos volver al tema principal...

  —Ay, qué envidiosa eres... todo porque Galen se te fue —se burló Liora.

  —?i?i?i?i?i?i?i? —respondió Freya, cruzándose de brazos.

  —Ay, qué ruidosas son... —murmuró Lucian con evidente fastidio—. Lord Garbard, tenemos problemas.

  Las risas y comentarios se apagaron de inmediato. El ambiente del comedor cambió por completo, como si alguien hubiese cerrado una puerta invisible. Las miradas se volvieron serias y las posturas, rígidas.

  Ya todos poniéndose serios, comenzaron la reunión.

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