home

search

Capitulo 26: Recuerdos de una Madre III.

  Al volver al carruaje Aragi y yo vimos los cuerpos de los asesinos aún en el césped.

  —?Qué es lo que necesitamos encontrar?—preguntó Aragi mientras se acercaba a uno de los cuerpos, el que estaba más alejado.

  —Cualquier cosa que sea importante.—respondí mientras me acercaba al otro, el que ya no tenía cabeza.

  Durante unos minutos rebuscando en las ropas de los asesinos no pudimos encontrar nada de gran importancia, solo dagas que parecían estar recubiertos de alguna sustancia, posiblemente veneno.

  Insatisfechos nos sentamos cerca del carruaje.

  —?No hubo suerte verdad?—me preguntó.

  —Nop.

  —Qué lástima, esperaba que cómo mínimo tuviéramos una pista por peque?a que fuese.

  —Yo igual...

  De pronto un extra?o sonido vino desde uno de los cuerpos, Aragi y yo nos acercamos y tras inspeccionar el cuerpo del asesino localizamos el origen de aquel sonido.

  Un peque?o collar de perlas con una gema blanca en el centro estaba brillando con una tenue luz, Aragi y yo nos miramos y luego tomé el collar con mis manos.

  —?Beta? ?Zeta? ?Están ahí?—del collar salía una desconocida voz masculina— Respondan maldición, no hemos tenido noticias de ustedes por casi una hora—cuando estuve por responder Aragi me detuvo y negó con la cabeza—. Bien cómo quieran, el jefe estará enojado con ustedes cuando regresen, cambio y corto.—la gema blanca dejó de brillar y la voz se detuvo.

  Aragi y yo nos miramos, rápidamente Aragi fue al otro cuerpo y se cercioró si también tenía un collar, pero no era el caso.

  —?Qué opinas?—pregunté.

  —Supongo que solo uno de ellos tiene un collar por el hecho de ir en parejas.

  —No hablo de eso, ?Crees que esta sea una pista importante?

  —Es lo único que tenemos.—Aragi se encogió de hombros.

  —Busquemos algo más, por mínimo que sea.

  —A tus órdenes.

  De manera más minuciosa Aragi y yo rebuscamos en los cuerpos, les quitamos las ropas a los asesinos, dejándolos solo en pa?os menores, y pudimos ver que en su torso había piezas mecánicas incrustadas.

  —?Pero que es esto?—pregunté confundida mientras miraba los engranajes que estaban por debajo de la piel.

  —No lo sé—Aragi se acercó a mí y comenzó a tocar el cuerpo—. Por lo visto las piezas están por debajo de la piel... ?Qué clase de locura es ésta? De momento dejémoslo aquí, no creo que podamos llevar los cuerpos enteros así cómo están, cuando volvamos le diremos a Luther.

  —De acuerdo.

  Tras terminar de revisar los cuerpos y ver que no había nada mínimamente relevante decidimos marcharnos. Con nosotros llevamos el collar, las máscaras, las dagas de los asesinos y la información acerca de aquellos engranajes.

  En nuestro camino de vuelta Aragi se quedó viendo una de las máscaras.

  —?Qué piensas?—le pregunté.

  —Nada en realidad, solo la miraba. La máscara solo cubre la boca y tiene una rara sonrisa, es un tanto inquietante.

  —Es cierto, el nombre "Falsa Sonrisa" le queda bien, ?verdad?—solté una peque?a risa de mofa.

  Tras unos minutos llegamos a Syhlppah, al llegar nos dimos cuenta que las calles estaban bastante silenciosas, cómo si no hubiera nadie, pese a todo fuimos directamente a ver a Luther y cuando ingresamos al edificio de seguridad los oficiales se nos quedaron viendo al ver qué es lo que teníamos en mano.

  —?Luther?—pregunté mientras entrábamos a su despacho. Pero no se le veía por ningún lado.

  —?Se habrá ido?

  —No lo sé, ?Crees que deberíamos esperarlo?—mientras pensábamos una voz conocida nos habló.

  —Oigan ustedes dos.—Aragi y yo nos giramos en dirección a la voz.

  —?Gilbert?—preguntó Aragi al ver al oficial.

  —Si, soy yo. Recuerdas mi nombre pese a que solo nos vimos una vez.

  —No olvido tan fácil los rostros—Aragi rio—. ?Qué haces aquí?

  —Eso quisiera preguntarles yo.

  —Estamos ayudando a Luther con el tema del carruaje—respondí, interrumpiéndolos.— ?Sabes dónde está?

  —El jefe no está aquí, fue a dar una peque?a charla en la plaza central. Supongo que será sobre el se?or Horst.—la voz de Gilbert se oía decaída.

  —Eso explica por qué no había gente en las calles.—mencionó Aragi.

  —?Cómo crees que se lo tomará la gente?—pregunté con cierta intriga.

  —Se pondrán tristes cómo mínimo, quizá estos días sean complicados para Syhlppah.—suspiró Gilbert. Los tres nos quedamos uno momentos en silencio hasta que alguien ingresó al despacho.

  —?Qué hacen aquí?

  —?Jefe! Solo estábamos hablando.

  —Ya veo, ?Puedo suponer que pudieron encontrar algo?

  —Así es, encontramos esto.—dijo Aragi mientras mostraba lo que teníamos en mano.

  —Muy bien, Gilbert llama al equipo de búsqueda e investigación, juro por todo lo que creo que daremos con ese maldito grupo.

  —?Si se?or!—exclamó Gilbert antes de irse a toda velocidad.

  —Luther... ?Cómo fue la charla?—preguntó Aragi con cierta timidez.

  —Fue doloroso, muy doloroso—en el rostro de Luther se apreciaba una sombría expresión—. Algunos de los ciudadanos trataban de mantener sus lagrimas para no llorar, mientras que los más jóvenes no podía aguantar el llanto al ver a sus padres sufriendo de esa manera.

  —Entiendo...

  —Pero no pensemos de manera negativa—dijo Luther mientras recuperaba la compostura—. ?Qué es lo que encontraron?

  —Esto.

  Aragi y yo pusimos lo que trajimos sobre la mesa.

  Las máscaras de los asesinos de la cual una de ellas estaba casi totalmente destruida; las dagas que los asesinos usaban con el filo empapado en algún espeso líquido; las ropas que llevaban puestas; y lo más importante: el collar de perlas.

  Pese a la inicial reacción confundida de Luther al ver el collar, abrió los ojos de sorpresa cuando le contamos que es lo que ocurrió con ese collar.

  —?Eso es!—exclamó con ánimo.— Este collar puede ser lo que necesitamos...

  —?Se?or!—Gilbert ingresó al despacho y con fuerte voz exclamó— ?Eh vuelto con el equipo de investigación!—tras él ingresaron unos cuantos oficiales más.

  —?Perfecto! ?Tsukihi, Aragi, cuéntenles lo que me han dicho a mí, ellos se encargarán de la parte complicada!

  Tras repetir lo que le contamos a Luther, el equipo de investigación se miró entre sí y con velocidad empezaron a analizar todo lo que habíamos traído.

  —Tsukihi, Aragi, por aquí—Gilbert nos sacó del despacho de Luther—. Ahora es trabajo de ellos el encargarse de esto.

  —?Cómo lo harán?—pregunté.

  —Todos ellos son expertos de la hechicería, podrían localizar el origen de la llamada pero tardará un tiempo. Aún así esto es algo muy bueno, a?os enteros sin tener ni una mínima pista de cómo dar con ellos... Y ahora finalmente tenemos algo.

  —Me resulta complicado de creer que no pudieran obtener ni una pista de ellos.—dijo Aragi con cierta sospecha.

  —Esos asesinos son muy rápidos y siempre trabajan en equipos, nunca escuché de que alguno de ellos fuese capturado, mucho menos asesinado—Gilbert me miró—. Esto es algo que debo agradecerles a ambos, tanto a ti Tsukihi, cómo a ti Aragi. Gracias por darnos esperanza.

  —Ya, ya, que me avergonzarás—dije a rega?adientes—. Ahora solo debemos esperar supongo.

  —Así es, les diría que disfruten lo que Syhlppah puede darles, pero con la noticia de Horst dudo que los habitantes estén de ánimos.—dijo Gilbert mientras miraba al suelo con cierto pesar.

  —Descuida, caminaremos y veremos el pueblo.—sonreí.

  —Es verdad, pese a la situación en la que estamos nos gustaría ver más de la ciudad.

  —Si es así entonces miren todo lo que quieran, nosotros les avisaremos si pasa algo.—Gilbert se despidió mientras nosotros nos íbamos caminando.

  —Contamos con ello.—mencioné.

  Mientras Aragi y yo caminamos por las calles de Syhlppah, allá dónde mirábamos podíamos ver a los ciudadanos con rostros afligidos, algunos estaban sentados en las escaleras de sus hogares, otros pese a estar en grupos mantenían una aura depresiva.

  Caminamos hasta la plaza central, allí habían peque?as tiendas con los vendedores sentados sin ánimos.

  —?Hola?—pregunté con cierta duda al acercarme a una tienda.

  —Una cliente, hola...—aquel mercader era uno muy anciano, su mirada estaba vacía y ni siquiera nos miraba.

  —Esto se ve mal, ?Huh?

  —Discúlpenos—interrumpió Aragi refiriéndose al mercader—, somos forasteros y no sabemos muy bien el porque todos se ven tan mal. ?Podría explicarnos?

  —Si... El gobernador Horst ha fallecido... Puede que ustedes no lo entiendan por no ser de aquí, pero esa noticia es devastadora para todos nosotros.

  Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author.

  —?él era alguien muy querido?

  —Muy querido es quedarse corto, ese hombre era un héroe para los más ancianos cómo yo, y un ejemplo a seguir para los más jóvenes—dijo el mercader mientras miraba el suelo y suspiraba—. Horst no parecía un gobernador, parecía un amigo, cualquiera podría decir que los Elfos son orgullosos y prepotentes, pero él era distinto... Se preocupaba tanto por el pueblo y por sus habitantes que cualquiera pensaría que alguien cómo él solo aparecería en cuentos. Nunca culpó a los habitantes por los problemas que habrían aquí, sino que se hacía cargo de sus errores y los solucionaba... De verdad...—el mercader llevó su mano a su rostro, ocultando sus lágrimas— él no merecía morir así... Solo espero que esos desgraciados obtengan su merecido.—la ultima frase del mercader denotaba odio y enojo.

  Tras despedirnos de él, Aragi y yo seguimos caminando por la plaza.

  Cuando hablábamos con los más jóvenes sobre Horst ellos lo describían como si fuese un héroe de antiguas leyendas, casi cómo si lo idolatraran.

  Por su lado, los más ancianos hablaban de lo mucho que él se esforzó por sacar adelante a Syhlppah desde que era un mero pueblecito cercano al mar.

  Nadie hablaba mal de él, ni siquiera quienes parecían vivir en las calles.

  —Pese a cómo me veo... Se que fueron mis elecciones lo que me llevó a vivir de esta manera—uno de los pocos indigentes que vivían en Syhlppah, y el único con el que pudimos hablar solo tenía palabras buenas hacia Horst—. Horst incluso dedico parte de su riqueza para ayudar a los pocos que viven cómo yo... Era alguien bueno, él no merecía morir de esa forma... Nadie merece morir de esa forma... Solo quiero que se haga justicia.—aquel hombre empezó a llorar levemente.

  Aragi y yo seguimos caminando por toda Syhlppah hasta llegar a una banca con vistas hacia el mar.

  Syhlppah no es una ciudad muy grande, pero si una muy próspera y todo ello gracias a la ayuda de un único hombre que dedico su vida a mejorar el que alguna vez fue su hogar.

  —Mirando el mar tras todo lo que vivimos hoy... Realmente me hace sentir un tanto incómoda, jamás pensé que podría haber alguien cómo Horst.—suspiré mientras veía el atardecer reflejado en el mar.

  —Lo sé—dijo Aragi mientras ponía su mano sobre la mía—, lo único que está en nuestro poder es ayudar a Luther con esto. No traerá de nuevo a la vida a Horst, pero al menos el pueblo de Syhlppah no vivirá con la angustia de que un crimen cómo este quede impune.

  —Tienes razón—incliné mi cabeza y la apoyé sobre el hombro de Aragi—. Si nada de esto hubiera pasado, ahora estaríamos disfrutando de estas hermosas vistas sin sentirnos así de mal.

  —Lo sé—Aragi acarició mi cabeza con su otra mano—, lo sé.

  Nos quedamos así durante unos cuantos minutos, las olas del mar reflejaban con un color rojizo el atardecer que poco a poco iba desapareciendo. Nos quedamos en silencio tomados de las manos.

  Cuando la noche cayó, nos levantamos de la banca y fuimos hacía la posada.

  En nuestro camino no vimos a nadie por las calles, un abrumador silencio invadía Syhlppah.

  Al llegar a la posada Yvonne nos saludó con una mirada y nos llamó con las manos.

  —Buenas noches jóvenes.

  —Buenas noches Yvonne.—respondí.

  —Hoy me enteré de lo ocurrido al Gobernador... Cuando Luther vino me dijo que quería que les dé una buena habitación y que la ponga su nombre, al principio dudé... Pero ahora se la razón, gracias por salvar a la se?orita Alba y por favor—Yvonne inclinó la cabeza con una reverencia—, por favor ayúdennos a acabar con ese grupo.—Aragi y yo pudimos escuchar la voz rasgada de Yvonne.

  —Eso tenemos pensado hacer—dije—, así que no hace falta que te inclines ante nosotros.

  —?De verdad?—preguntó Yvonne con los ojos enrojecidos.

  —Si, hoy estuvimos caminando y hablando con los lugare?os para saber más sobre Horst—mencionó Aragi—, realmente era alguien digno de admiración...

  —Aún lo es—afirmó Yvonne con una tímida sonrisa—. Perdón por incomodarlos de esta manera, por favor descansen bien.

  —Gracias Yvonne, tu también descansa y deja esto en nuestras manos.

  Tras eso Aragi y yo fuimos a nuestra habitación y nos recostamos en la cama.

  Estábamos agotados por todo lo que pasó en el transcurso del día, ninguno de los dos se siente con ánimos de hacer nada, yo solamente me recosté en el pecho de Aragi y él me abrazó, acariciando mi cabeza.

  Escucho los latidos de Aragi, lo cual de cierta manera me calma.

  Levante la mirada y lo vi a los ojos.

  —?Cómo te encuentras?—me preguntó.

  —Cansada supongo, algo desanimada también.—dije mientras hacía círculos en su pecho con mis dedos.

  —Yo me siento igual, todo lo que escuchamos hoy parece que fue más de lo que esperábamos.

  —Si... es verdad...

  Nos quedamos en silencio por un momento.

  Las luces aún estaban encendidas.

  —?Tienes sue?o?—pregunté.

  —No, ?y tú?

  —Tampoco.

  Volvimos a estar en silencio durante un momento.

  —Iré a ba?arme, necesito despejarme.—dije mientras me levantaba.

  —De acuerdo.

  —?"De acuerdo"?—pregunté mientras miraba a Aragi con cierto desdén.

  —?Hum? ?Pasa algo?

  —Nada de "?Pasa algo?"—tomé a Aragi de las manos y lo levanté— Te vienes conmigo, necesito que me ayudes a aligerar la mente.

  —V-voy.

  Dentro del cuarto de ba?o empujé a Aragi contra la puerta tras cerrarla, y lo miré fijamente.

  Su cara estaba enrojecida y él desviaba la mirada, con mis manos tomé su rostro y lo centré en mi campo de visión, impidiendo que mirase a otro lado.

  Mientras que me ponía de puntas de pie y me iba acercando a sus labios podía sentir su pesada respiración y los latidos provenientes de su pecho, cuando nuestros labios se encontraron lo bese apasionadamente.

  Mientras nos besábamos yo acariciaba una de sus mejillas al mismo tiempo que desabrochaba sus ropas, Aragi también comenzó a aflojar el corsé de mi vestido con suaves toqueteos por mis pechos.

  Mientras besaba su cuello aprovechaba para dar peque?os mordizcos seguidos de los leves suspiros de Aragi.

  Cuando nos despojamos de toda nuestra ropa tomé su mano y juntos entramos al cubículo de la ducha.

  Yo estaba de espaldas a Aragi y mientras el agua caliente caía sobre nuestros cuerpos él sostuvo mis pechos con sus manos al mismo tiempo que empezaba a besar mi cuello, sus tiernos besos eran muy estimulantes para mi y sumados a sus suaves toques no pude evitar dar unos suaves gemidos.

  Por un momento Aragi se detuvo, con curiosidad y un poco confundida giré a verlo y al hacerlo él me beso con pasión; mientras su lengua ingresaba a mi boca yo enrollé mis brazos a su cuello y él puso sus manos al rededor de mi cintura, levantándome, al hacerlo pude sentir como su pene entraba con lentitud y de manera suave, yo enrollé mis piernas al rededor de su cintura mientras me acercaba a su oído.

  —Aragi...—susurré.

  —?Hum?—preguntó con una tierna voz.

  —Puedes ser más rudo.—le susurré con picardía al oído para luego morderle suavemente su oreja.

  Cómo si mis palabras fuesen algún tipo de detonante Aragi empezó a embestirme con mucha más fiereza mientras sostenía mis glúteos con sus manos. Sin poder contenerme más, comencé a gemir con más fuerza y el eco de mis gemidos rebotaban en el cuarto de ba?o.

  Mirando a Aragi a los ojos decidí besarlo para evitar gemir tanto, nuestros cuerpos ardían, no solo por el agua de la ducha, sino también por el calor de nuestro propio cuerpo.

  —A-Aragii...—mi voz sonaba más aguda de lo normal.— Y-ya casi esto- ?Ah!—con fuerza abracé a Aragi quién me sostenía en brazos, mientras un fuerte escalofrío recorría mi espalda hasta mi cerebro. Arqueando mi espalda y temblando ligeramente, suspiré de placer mientras Aragi mordía mi cuello con algo de fuerza.

  Cuando el sacó su pene de dentro mío aún podía sentir su calor en mi interior, cómo si todavía estuviera dentro. Con una agotada mirada él y yo terminamos de ba?arnos.

  Ya en la cama Aragi tocaba donde antes me había mordido.

  —Perdón...—dijo con un tono de pena y culpa mientras pasaba sus dedos por la marca de sus dientes.

  —Pfff—empecé a reír al ver su rostro lleno de preocupación—. Tonto Aragi—le sonreí mientras acariciaba su mejilla.

  —?No te duele?

  —Claro que duele, pero no es nada con lo que no pueda lidiar—dije mientras le dí un toque en la nariz—. Tontín.

  Aragi me abrazó y con su calidez pude conciliar el sue?o.

  Fin del Recuerdo.

Recommended Popular Novels