Desde que salimos de En'ahr rumbo a Syhlppah, Tsukihi y yo nos hemos cruzado con varias criaturas salvajes en nuestro viaje. Es sorprendente cómo algunas de ellas parecían tener cierta capacidad racional, actuando en conjunto y creando estrategias complejas de caza. Pudimos darnos cuenta de que todas las bestias son orgánicas incluso las que no lo parecen, criaturas cómo los Slimes o los Imps entrarían en esta categoría.
—Aragi ?Cuanto crees que valga esto?—me preguntó Tsukihi tras recoger con un frasco lo que quedó del cuerpo sin forma de un Slime.
—Mmm...—al tomar el frasco me di cuenta de que el líquido estaba algo espeso, quizá porque el propio Slime no era muy fuerte.— Quizá valga una moneda de bronce.
—?Tan poco?
—Dije "Quizá", no lo sabremos hasta que encontremos alguien que quiera comprarla.
Las partes de las bestias pueden venderse ya que son usadas como materia prima, es una de las tantas cosas que aprendimos en nuestro tiempo viviendo en En'Ahr.
Siguiendo con nuestro viaje, nos dimos cuenta qué la distancia entre ambas ciudades es mucho más grande de la que pensábamos en un principio, porque llevamos ya un día caminando y aún así no parece que nos estemos acercando, solo espero que no nos hayamos confundido de ruta...
Tras recorrer mucho camino decidimos descansar un momento y comer algo de lo que teníamos en nuestros suministros.
—Tsukihi.
—?Si?
—?No nos habremos equivocado al caminar o si?—con cierto nerviosismo en mi voz hice la pregunta.
—No estoy segura ?Crees que estamos perdidos?—me preguntó mientras miraba la carretera.
—Quizá, salimos de En'ahr hace ya un día.
Tsukihi miró el camino por el cual habíamos venido, luego miró el camino por el cuál íbamos y con cierta duda me volvió a mirar a los ojos.
—Quizá estamos perdidos.—Tsukihi me miró con una sonrisa.
—No es momento de bromear—dije mirando el cielo, esperando que las nubes despejasen mi mente—. Aunque no creo que sea algo necesariamente malo.
—Vamos, aprovechemos esta situación para disfrutar del viaje.—mencionó Tsukihi con una linda sonrisa mientras caminaba a mi al rededor de manera juguetona.
—Si...?Hum?—a la distancia y tras los arboles pude distinguir humo, cómo si algo se estuviese quemando— ?Algo se quema?
—?Qué?—Tsukihi giró en dirección a dónde yo miraba.
Luego de mirarnos decidimos desviarnos un poco de la carretera e ir a dónde se originaba ese humo.
Tras unos pocos minutos caminando en su dirección pudimos distinguir en el suelo marcas similares a las de una carruaje, nos miramos y nos apuramos en llegar a aquel lugar.
Cuando llegamos pudimos ver lo que parecía un accidente, había un carruaje volcado y algo de fuego brotando de él, al frente del carruaje habían dos caballos sin vida con un gran corte en el cuello.
—Parece que esto no es un accidente.—dijo Tsukihi con cautela.
—Ten cuidado Tsukihi, no sabemos quién o qué lo pudo causar.
—Lo sé.
Tras decir esas palabras escuchamos un ruido de entre los arbustos, un rápido movimiento en nuestra dirección nos sorprendió por un momento. Casi por reflejo esquivamos aquello que se nos lanzó, eran un par de dagas.
Ambos vimos en dirección de dónde habían surgido esas dagas y de ahí salieron dos personas completamente cubiertas, vestían ropas negras que cubrían todo su cuerpo dejando solo sus ojos visibles.
No hizo falta decir palabra alguna para saber que era lo que estaba pasando. Tsukihi rápidamente saltó a mi lado poniéndose en guardia, yo hice lo mismo.
Aquellas personas sacaron otro par de dagas que tenían escondidos y con velocidad se nos abalanzaron.
Uno de ellos fue por mi y el otro por Tsukihi, con hábiles y rápidos cortes intentaban perforar y rasgar nuestras extremidades pero aún así podíamos esquivarlos con cierta dificultad. Ellos parecían ya tener experiencia en este tipo de situaciones porque se movían con gran fluidez, intercambiando posiciones entre sí, manteniéndonos tanto a Tsukihi cómo a mí a raya. Debido a su velocidad al atacarnos no nos daba tiempo a contraatacar, yo podía notar cómo nos arrinconaban, llevándonos a un punto ciego. Ambos se detuvieron y retrocedieron cuando vieron qué sus ataques no eran suficiente para lastimarnos, Tsukihi y yo nos pusimos juntos de nuevo.
—Algo aquí no está bien—me susurró Tsukihi—. Es extra?o que solo hayan dos...
—Lo sé, pero no podemos perderlos de vista.—le susurré.
Uno de los dos asesinos empezó a recitar algunas palabras en voz baja, ni Tsukihi ni yo sabíamos que es lo que estaba haciendo así que decidimos guardar las distancias. Pero cuando terminó tanto él como su compa?ero se recubrieron de una especie de aura blanca.
Un peque?o estruendo sonó en la dirección en la que ellos estaban y de pronto ya no había nadie ahí, un escalofrío recorrió mi espalda, cómo si el tiempo se hubiese relentizado miré en dirección a Tsukihi y ahí vi a uno de los asesinos quien se había movido a gran velocidad apuntando al cuello de Tsukihi casi apu?alándola.
Cómo si todo mi cuerpo ardiese en adrenalina estiré con fuerza y velocidad mi brazo en su dirección y pude detener la apu?alada usando mi mano cómo escudo, la daga atravesó por completo mi palma pero gracias a eso pude agarrar la mano del asesino. Casi al mismo tiempo que lo hice sentí un agudo dolor en mi abdomen, el otro asesino me había apu?alado.
Tsukihi aprovechó que había agarrado a uno y con un potente golpe en las costillas pude escuchar un fuerte 'Crack' y al asesino gritando con gran dolor mientras que el que me había apu?alado volvió a desaparecer como si de un espejismo se tratara.
Cuando volví a voltear en dirección a Tsukihi el asesino ya no estaba, solo quedaba mi mano con la daga atravesándola.
Los asesinos volvieron a juntarse en dónde estaba el carruaje, el que había recibido el golpe de Tsukihi estaba arrodillado con una mano en las costillas mientras escupía sangre a través de su máscara, el otro estaba parado a su lado y tenía una especie de luz en su mano apuntando a su compa?ero en ese momento el aura blanca que los rodeaba desapareció.
Tsukihi con velocidad sacó la daga que estaba en mi palma y la lanzó con fuerza hacía dónde estaban los asesinos, impactando con el mango en el hombro del que estaba parado.
El golpe pareció ser lo suficientemente fuerte porque se pudo escuchar un gran estruendo al momento del impacto y al asesino sosteniendo su hombro ahora lesionado. Sin dudar Tsukihi y yo corrimos en con toda nuestra fuerza en su dirección, casi cómo si los asesinos no esperasen este desenlace de sucesos pudimos ver sus ojos llenos de sorpresa y miedo justo antes de que nuestros pu?os y piernas los golpeasen con fuerza, tumbándolos al suelo con el rostro lleno de sangre. Tsukihi golpeó sin contenerse a uno de ellos directamente en el cráneo, reventando su cabeza contra el césped.
Al ver esto su compa?ero empezó a gritar aterrorizado y casi arrastrándose empezó a huir. Tsukihi fue con velocidad y de una patada en el estómago lo detuvo. El asesino volvió a gritar de dolor mientras su máscara de llenaba de su propia sangre, tras unos instantes dejó de moverse.
Tsukihi volteó en mi dirección y asustada se aproximó a mí.
—?Aragi! ?Estás bien?—pude ver el rostro de preocupación en su rostro junto a unas peque?as lágrimas.
—Estoy bien—respondí mientras sostenía mi abdomen sangrando con la mano—. Bueno, casi.—dije con un tono de broma.
—?No es momento de tus bromas!—me rega?ó mientras miraba mi herida— Quizá haya algo en lo que trajimos de En'Ahr que pueda ayudarte.—dijo mientras fue a buscar nuestros bolsos.
Al volver Tsukihi trató mis heridas con algún líquido similar al agua y rompiendo una de las remeras viejas de nuestra tribu las usó cómo si fueran vendajes.
Pese a que la herida era un tanto profunda, el dolor desapareció rápido.
—Gracias Tsukihi—le dije mientras le daba un peque?o beso en la mejilla—. Agradezco estar contigo.
—?C-callate!—Tsukihi estaba sonrojada mientras cubría mis heridas.
Luego de un peque?o rato descansando decidimos ir a ver el carruaje para saber que era lo que pasaba, el porqué habían asesinos aquí.
El carruaje era uno muy elegante, blanco con detalles dorados y relieves con forma de nubes. Estaba volcado con la puerta y las ventanas rotas, echamos una mirada dentro y pudimos ver a tres personas ensangrentadas: dos de ellas eran adultos, un hombre con largas orejas al lado de una mujer, y una ni?a con unas orejas no tan largas como el hombre, es muy probable que fueran familia. Cómo pudimos sacamos a los tres y los acostamos en el suelo.
El hombre tenía un tajo que recorría todo su cuello, si hacíamos un mal movimiento la cabeza podría despegarse; la mujer tenía distintas pu?aladas en el tórax y el abdomen; la ni?a parecía ser quien tenía menos heridas con únicamente un golpe en la cabeza, del cual brotaba sangre, y la ropa rasgada.
—Es horrible—dije al ver la escena—. ?Crees qué al menos la ni?a haya sobrevivido?
—No lo sé, quizá—dijo Tsukihi mientras ponía su oído sobre el pecho de la ni?a, intentando oír sus latidos—. Tiene pulso, pero uno muy débil.
—Mal momento para estar perdidos.—mencioné mirando en dirección a la carretera.
—Ayúdame, no podemos dejarla aquí, al menos no mientras aún está viva.
—Si.
Juntos cubrimos las heridas de la ni?a, Tsukihi le aplicó el mismo líquido que a mí mientras yo cubría los rostros de sus padres con tela rasgada.
Tras vendar a la ni?a Tsukihi la llevo en brazos mientras yo tomaba nuestras cosas. Aún sin saber por dónde estaría Syhlppah decidimos seguir el camino de la carretera por el cuál antes habíamos ido.
Durante nuestra caminata la ni?a empezaba a moverse pero aún estaba inconsciente, Tsukihi pasó su mano por la cabeza de la ni?a, tratando de calmarla, la ni?a volvió a guardar silencio.
Tras unos minutos más de caminata a la distancia pudimos observar una gran ciudad, Tsukihi y yo nos vimos a los ojos y empezamos a caminar con más velocidad, cuidando de que la ni?a no se moviera mucho.
La carretera terminó cuando llegamos a un peque?o puente de piedra que daba entrada a la ciudad, las calles de Syhlppah estaban adornadas con adoquín y los edificios cada vez se volvían más grandes conforme más nos acercábamos al centro. Al llegar a la ciudad los habitantes vieron a quién traía Tsukihi en brazos y alterados algunos de ellos se acercaron con nosotros con velocidad.
—?La Se?orita Alba!—dijo uno de los habitantes que vestía un uniforme azul al ver a la ni?a— ?Traigan ayuda!—gritó mientras el resto empezaban a correr— ?Ustedes dos, tráiganla tenemos que ir a la clínica!—nos dijo con desesperación, Tsukihi y yo lo seguimos hasta lo que parecía un peque?o recinto médico.
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Dentro de aquel edificio habían muchas personas que, al ver a la ni?a en los brazos de Tsukihi, empezaron a actuar con velocidad trayendo una camilla y poniéndola encima, tras ello se fueron y solo quedamos nosotros dos y el hombre que nos había hablado.
—?Qué acaba de pasar?—me susurró Tsukihi.
—Ustedes dos—nos interrumpió aquel hombre mientras nos dirigía la palabra—, primero que nada ?Gracias por traer a la Se?orita Alba! y segundo ?Qué fue lo que le pasó?
—Bueno...—Tsukihi parecía estar un tanto sorprendida por la situación.
—Oh mis disculpas, todo esto fue muy repentino así que comprendo que estén un tanto confundidos—dijo el hombre mientras nos miraba—, mi nombre es Gilbert y soy capitán del cuerpo de seguridad de Syhlppah.
—Yo soy Aragi y ella es mi mujer, Tsukihi.
—Hola.—dijo Tsukihi con cierta timidez—?"Mi mujer" huh?—me susurró con picardía.
—Shh.—le susurré con cierta vergüenza.
—?Aragi, Tsukihi, muchas gracias nuevamente!—el capitán inclinó la cabeza en se?al de respeto.
—?Quién es la ni?a?—pregunté.
—La se?orita Alba es la hija del se?or Horst y la se?ora Iris, ellos son los gobernantes de Syhlppah. ?Saben qué fue de ellos?
—?El se?or Horst del que habla tiene orejas largas?—preguntó Tsukihi.
—Si—dijo Gilbert—, un momento... ?Ustedes son Onis?—preguntó al percatarse de nuestros cuernos.
—Así es.—dije.
—Disculpen por no darme cuenta antes, estábamos pendientes de la se?orita Alba al verlos con ella en brazos.
—Descuide. No le de importancia.—negó Tsukihi con la cabeza.
—De acuerdo ?Entonces si saben sobre el se?or Horst?
—Bueno... Sobre eso.
Expliqué la situación por la que Tsukihi y yo pasamos, el cómo encontramos el carruaje volteado, el cómo nos defendimos de los asesinos y el cómo encontramos a los padres de Alba.
—No puede ser...—dijo Gilbert mientras se sentaba en una de las sillas de la clínica con la mirada perdida— ?Tan lejos son capaces de llegar?—susurró Gilbert.
De pronto unos agentes con uniformes similares al de Gilbert entraron por la puerta, alterados.
—?Gilbert!—exclamó uno de los oficiales. él tenía un corto cabello rubio lacio, unos majestuosos ojos completamente blancos y cuatro alas también blancas que sobresalían: dos de su espalda y otras dos de sus lumbares.
—Se?or...—dijo Gilbert decaído.
—Me dijeron que vieron a la se?orita Alba con heridas ?Qué ocurrió?—preguntó el oficial alterado— ?Y quienes son estos dos?—dijo mientras dirigía su mirada hacía nosotros, su mirada tenía un ligero toque de desprecio.
—Se?or... Ellos fueron quienes trajeron a la se?orita Alba en brazos...
—Oh—su mirada cambió de desprecio a agradecimiento—. Disculpen mi desagradable actitud, no suelo manejar bien a los forasteros. Me llamo Luther y soy el jefe de seguridad interior de Syhlppah, estoy bajo las órdenes directas de los gobernantes, así que espero que entiendan mi actitud cuando supe que algo le había pasado a la se?orita.
—Descuide, lo entendemos.—contesté.
—Se?or... Tengo que hablar con usted de algo muy importante—dijo Gilbert con miedo en su voz—. Es sobre los se?ores Horst e Iris.
—Veo que serán malas noticias...—dijo Luther antes de escuchar las palabras de Gilbert, mientras escuchaba que es lo que había ocurrido se podía ver el cambio de su expresión— No puede ser...—el rostro de Luther se quedó pálido.
Tsukihi y yo nos quedamos viéndonos mutuamente sin saber que decir.
Luther se llevó las manos a la cabeza mientras caminaba en círculos.
—Ustedes dos—dijo Luther refiriéndose a nosotros—. ?Pueden acompa?arme?
Tsukihi me miró y respondió por los dos.
—Si, vamos Aragi.
—Bien.—afirmé.
—Gilbert, tú mantente aquí y avísame de cualquier cosa que pase con Alba ?Comprendido?
—?Si se?or!—dijo Gilbert levantándose de la silla y llevando sus manos detrás de su cadera.
Seguimos a Luther a la salida de la clínica y luego lo acompa?amos por las calles de Syhlppah, todas las calles estaban hechas de adoquín y los edificios parecían estar hechas de alguna piedra bien conservada.
Tras unos momentos caminando llegamos a un gran edifico.
—Este es el edifico del gobernador, es dónde se encuentra la sede del cuerpo de seguridad—dijo Luther mientras entraba y nosotros lo acompa?ábamos. Dentro del edificio habían más agentes y todos ellos parecían estar al tanto de la situación. Tras una puerta llegamos al despacho de Luther—. Tomen asiento—Luther se sentó del otro lado de la mesa, tras lo cual Tsukihi y yo nos sentamos—. Muy bien, quiero que me digan con exactitud que es lo que pasó, el cómo llegaron al carruaje y el qué ocurrió.
Tsukihi y yo empezamos a narrar el cómo íbamos de camino a Syhlppah y al desviarnos a descansar vimos aquel humo; contamos cómo cuando nos acercamos vimos el carruaje volcado e incendiado y luego aparecieron los dos asesinos. Mientras más contábamos, más cambiaba el rostro de Luther pasando por sorpresa al escuchar que vencimos a los asesinos, hasta enojo al volver a escuchar de la muerte de los gobernadores.
—Comprendo—dijo Luther con poniendo sus dedos en su frente—. Esta situación es mala... muy mala.
—Creo que no estamos entendiendo que ocurre aquí, ?Quiénes eran esos asesinos?—preguntó Tsukihi.
—Esos asesinos pertenecen a un grupo extremista llamado "Falsa Sonrisa", han atacado a gente importante en muchas ciudades, según se sabe su objetivo es el de causar terror y crear el caos de forma arbitraria. Pensábamos que no llegarían aquí o que no nos atacarían, quiero decir, Syhlppah no es una ciudad en la cuál haya mucha discusión política ni nada, lo único importante es que somos una ciudad portuaria—la voz de Luther sonaba muy triste y abatida—. Horst... Mierda.
Tsukihi y yo nos miramos sin saber muy bien que decir.
—Oye Aragi—me susurró Tsukihi—. ?Quieres ayudarles?
—?Ayudarles?—le susurré con sorpresa.
—Ya sabes, será emocionante desmantelar una organización criminal ?No crees?—me susurró con cierta picardía.
Tras pensarlo un rato y ver la sonrisa de Tsukihi decidí preguntarle algo a Luther.
—Luther.
—?Si?
—?Horst era alguien importante para ustedes?
—Importante es quedarse cortos, Horst fue el fundador de Syhlppah, hace casi 330 a?os con la caída del Imperio fue él quien sacó adelante un pueblito como este y lo convirtió en lo que es hoy. Todos aquí lo tienen en alta estima porque incluso los ayudaba con regularidad—Luther respiro profundamente y luego suspiró—. Será un gran golpe para todos los ciudadanos cuando se enteren de la noticia...
—Ese grupo de asesinos, ?Desde hace cuanto tiempo que están haciendo de las suyas?
—Casi una década.
—?No tienen nada de información de ellos?
—Si la tuviéramos no estaríamos aquí, iríamos a donde estuviesen y los aniquilaríamos.—se pudo diferenciar una gran rabia en la voz de Luther.
—?Quizá haya algo en los cuerpos de los asesinos? Cómo alguna clase de información o algún mapa.
—Puede ser, lamento pedirles esto pero ?Podrían volver a dónde el carruaje y buscar algo de información? Lo haría yo mismo pero tengo que encargarme de la seguridad de la se?orita Alba y dar la noticia de la muerte del gobernador... Entenderé si no quieren, pero si lo hacen podría recompensarlos de alguna manera.
—?Entonces denos un lugar dónde descansar!—dijo Tsukihi.
—?Estas segura de hacer esto Tsukihi?—le susurré, ella afirmó con la cabeza y me sonrió.
—?Sólo quieren eso?—nos preguntó Luther con sorpresa.
—No solo eso—respondió Tsukihi—, posiblemente estaremos aquí una temporada así que quisiéramos qué, aparte de dónde dormir, se nos diera algo de información sobre que ciudades hay.
—?Información de las ciudades?
—Verá—interrumpí—, nosotros estamos en un "viaje de aventuras" por así decirlo y nuestro objetivo es viajar por todo el mundo.
—Comprendo—respondió Luther pensativo—, si esas son sus exigencias podríamos recompensarles con eso. ?Pero están seguros que solo quieren eso?
—Si.—respondió Tsukihi.
—De acuerdo...—Luther no parecía estar del todo seguro de que esas sean nuestras recompensas— Entonces permítanme pedírselo de forma oficial—Luther bajó la cabeza y con una voz profunda nos dijo—. Por favor ayúdennos.
—No dude de nuestra capacidad.—afirmó Tsukihi.
—Cuente con nosotros Se?or Luther.
—Solo 'Luther' está bien.—dijo mientras extendía la mano.
—Bien, Luther, contamos con usted.—extendí mi mano y se la estreché en se?al de acuerdo.
Tras aceptar el encargo, Luther nos guio hacía una posada frente al edificio del gobernador, la posada era un edificio muy elegante y a simple vista se podía notar que era de gran calidad.
Al ingresar él se puso a hablar con el due?o quien era un Kitsune, Luther se nos acercó de nuevo.
—Bien, aquí tienen—nos entregó una llave con el número quince—. A partir de hoy la habitación número quince será suya durante el tiempo que ustedes estén en Syhlppah.
—Gracias Luther, dejaremos nuestras cosas y nos pondremos en marcha.
—Cuento con ustedes.—tras decir eso Luther salió de la posada.
Nos acercamos al due?o quién era también el que atendía la recepción.
—Luther me contó su situación—el due?o vestía un elegante traje rojo y blanco, tenía grandes orejas de vulpino que se camuflaban con su largo cabello, y unos ojos muy finos—, mi nombre es Yvonne su habitación esta subiendo las escaleras a la derecha, cuídense cuando salgan.
—Gracias Yvonne.—respondí mientras Tsukihi y yo subíamos las escaleras.
Tras subir las escaleras e ir en dirección a donde Yvonne nos había dicho llegamos a la habitación número quince.
Por dentro la lujosa habitación estaba adornada con elegantes luces blancas, una cama matrimonial y diversas y suaves alfombras que decoraban el blanco suelo. A un lateral de la habitación había un ba?o con una ducha rodeada de cristales.
—Vaya... Parece que esta recompensa es mejor de lo que pensé.—dijo Tsukihi con alegría mientras dejaba sus cosas sobre la cama.
—Y tanto—con curiosidad toqué la cama, la sensación de suavidad y esponjosidad era indescriptible—. Esto parece ser muy cómodo.
—Cochino.—se burló Tsukihi con una voz pícara.
—No estaba pensando nad-.—antes de terminar de hablar Tsukihi me besó profundamente.
—Ya nos ocuparemos de eso luego, ahora tenemos cosas que hacer—me dijo con una sonrisa—. Venga, vámonos.
Tras dejar nuestras cosas en la cama, Tsukihi y yo salimos de la habitación.
Fin del Capitulo 22

