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Nuevo Estilo, maestro y Tercer Ojo

  Andrew quería estrellar la cabeza contra la pared hasta olvidar toda aquella mierda sobrenatural. ?Por qué les tenía que pasar precisamente a ellos? A él, a Ashley, a Julia. Si hubiera podido salvarlas del monstruo en el búnker, no estarían ahora en esta situación. Soltó un suspiro cargado de frustración. Ni siquiera confiaban plenamente en él.

  —Oye, espero que ese suspiro sea por mí, como de "?eres súper sexy, Ashley!" —la voz melodiosa de su hermana le recordó que, en medio de aquel mundo de mierda, aún tenía una tarea pendiente: admirar la vista.

  —An-drew está pen-sando en algo importante —intervino Julia con tono meditativo. Llevaba un top informal, aunque la camisa a cuadros amarillos y negros le sentaba bien.

  Allí estaba él, dando su "opinión masculina", como Ashley solía llamarla. Al parecer, ambas querían estar presentables para la primera clase con ese tal Susano. Si pusieran la mitad de ese entusiasmo en los estudios, de seguro sacarían mejores notas, pensó, lo que le arrancó una leve y amarga sonrisa.

  Con la ropa finalmente elegida, Andrew, como todo hombre en esa situación, cargó las bolsas y pagó mientras las chicas chismean. Se lamentó por sentirse bien haciéndolo; no podía evitar enderezar la espalda, aunque solo fuera una mula de carga con tarjeta de débito. Al menos no era el único en su dolor; por los pasillos del viejo centro comercial, en aquella ciudad decrépita, observó a otros hombres con expresiones de resignación idénticas.

  —Como te digo, debería permitirlo. Gaspar, la última vez, usó un anillo de invocación para conseguir zombis demoníacos —?Quién demonios era Gaspar? Ashley debía de estar hablando de sus juegos de mesa, pero cuando él jugaba, nunca había topado con ningún Gaspar.

  —E-so no rompí-o las re-glas. Tal vez el jefe de los demo-nios pueda buscar venganza —respondió Julia. Andrew podía identificar el sistema de juego por el que preguntaban, pero nunca la había visto jugar a eso. Además, ?se daban cuenta de que en unas horas tendrían que vérselas con un cazador de demonios? No podía tener otro nombre más literal.

  Andrew tenía el presentimiento de que lo mínimo que cazarían serían demonios, pero su opinión era, claramente, opcional. Julia sonrió con ánimo al llegar a la sección de comida, aunque, como era habitual en el lugar, no había aire acondicionado que aliviara el calor. El techo mostraba varios vidrios rotos, pero al menos el suelo estaba relativamente limpio.

  Tomaron una mesa y pidieron comida mexicana picante. Ya servidos, Andrew se sorprendió del apetito de Julia; tragó saliva en silencio. Con razón tiene unas tetas tan grandes, pensó, viendo cómo desaparecía la comida frente a ella. Ashley, por su parte, solo tenía un culo generoso.

  —Tierra a Andy. Vamos, tenemos que hablar —Ashley tomó un nacho con gesto deliberado. Andrew se frotó la cara con fatiga; había pasado toda la noche pensando en qué decir, y no se le había ocurrido nada convincente.

  —?De qué tenemos que hablar? Ya todo está decidido —respondió, con un tono más amargado e infantil de lo que hubiera querido. No pudo hacer más que recostarse en su silla, tomando un trago largo de su agua saborizada. Su vida ahora pendía del manto de un extra?o.

  —Andrew, compórtate. Esto es una oportunidad. No me digas que te quieres quedar en esta ciudad de mierda. San Francisco está a la vuelta de la esquina —hablaba de la gran ciudad, pero Andrew siempre leía las noticias. Aquel lugar era un caos, como todas las grandes urbes, y más aún en el estado rebelde donde se encontraban.

  —An-drew, yo también estoy asustada, pero cre-o que esto es una oportunidad —con los pu?os apretados, Julia trató de consolarlo. Había caído tan bajo que Andrew mordió su taco con rabia.

  Desde que aquel monstruo lo atrapó, desde que él y Julia fueron atados y Ashley quedó tendida en el suelo, hasta que Susano apareció y mágicamente lo resolvió todo, Andrew solo había podido asentir. Recibió una peque?a y temblorosa sonrisa de Julia y un bufido desde?oso de Ashley.

  Con todo listo, Ashley y Julia se cambiaron dentro de la minivan; a él lo expulsaron porque, según ellas, no era digno de contemplar sus cuerpos juveniles.

  —?Quién querría ver, idiotas? —acostado contra la puerta trasera, Andrew mantuvo la pistola en la mano, los ojos vigilantes ante cualquier pervertido o amenaza que se acercara. Solo pudo disfrutar de un cigarro y de una réplica lanzada demasiado tarde.

  —Miren, miren a quién tenemos aquí. Andrew, ?cómo estás, colega? —Andrew se giró y vio a un tipo de piel morena saludándolo. No pasó por alto la pistola metida en su cinturón. Eso le dijo que era uno de los chicos que abandonaron el campamento antes de los doce a?os, porque el entrenamiento en armas era demasiado brutal para cualquiera que no tuviera las normas taladradas en el cráneo.

  —Pana, ?en qué andas? He estado esperando otro concierto de Ashley —el tipo siguió hablando. Andrew se preparó para disparar, mirando a los lados en busca de más amenazas. No le pasaron desapercibidos varios hombres morenos escondidos tras un auto, unos tres, pero era mejor suponer que había seis o doce sujetos hostiles.

  Andrew golpeó tres veces la puerta de la minivan y recibió siete golpes de vuelta. Siete enemigos. El tipo se seguía acercando. Con un movimiento rápido, la puerta se abrió, Andrew saltó hacia atrás, disparó al pecho del hombre y el auto ya estaba en movimiento.

  Se giró para ver a Julia al volante y a Ashley a su lado, dándole ánimos. Con los pies firmes, Andrew tomó el lugar de Julia mientras Ashley seguía disparando a los autos que los perseguían; sus tiros eran certeros, impactando en los capós.

  Andrew se centró en el camino y en los retrovisores. Apretó el acelerador a fondo, dejando que las clases de conducción del campamento tomaran el control. Cada giro, cada curva los llevó directo a un estacionamiento. Con el carro aún listo para avanzar, se giró y vio a Ashley sujetándose con fuerza al asiento del copiloto y a Julia aferrándose a Ashley.

  —?Maldito, conduces como el demonio! —Andrew esbozó una sonrisa ante la queja de Ashley. Sus habilidades de conducción estaban entre las mejores del campamento. Con todo bajo control, se dirigieron a un salón de belleza.

  —Ya, ya, Julia, todo está bien. Estamos a salvo —escuchó a Ashley consolando a Julia, quien temblaba sin parar. Andrew, con una mano en el volante, llamó a Gilipollas. Estaba seguro de que aquel tipo moreno le sonaba, y de que ese cerdo sabría algo.

  —Bro, ?cómo estás? Un pendejo le disparó a Jack mientras conseguía algo de efectivo —Gilipollas, con su voz de cerdo, ya le estaba diciendo lo que necesitaba saber.

  —Ooooh, qué mal. No sería en un estacionamiento, ?verdad? —Andrew intentó sonar burlón. El gru?ido le salió natural. Miró a los alrededores y observó tres calles libres con poco tráfico.

  —Ya veo... Mira, bro, si sabes algo, dime. Jack era amigo de unos chicos muy duros, y hay que buscar a ese loco —Gilipollas hablaba tonterías; se escuchaban gritos de fondo. Andrew solo pudo colgar y reírse. ?Qué rudos van a ser? Unos idiotas que apenas soportaron dos a?os de entrenamiento. No recibieron entrenamiento armado ni vehicular; a lo mucho, el nivel 1 de MACP.

  —Julia, estás bien. No te preocupes, ya está solucionado. Ya verás, las llevaré a pasar un buen rato; el salón de belleza está a unos minutos —aún con los ojos recorriendo cada espejo y revisando su arma, Andrew olía un aire agrio y dulce en el auto.

  —?N-o s-e-rá pro-blema ?—más tartamuda de lo normal, pero al menos Julia había dejado de temblar. Ashley le pasó un pa?uelo para que se limpiara la cara.

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  —Qué va, Andrew también necesita un ba?o. Es un lobo muy sucio —la voz de Ashley lo llenó de un extra?o orgullo. Sacó pecho. él era el lobo de esta manada, al fin y al cabo. Todo ese entrenamiento era útil. Y, lamiéndose los labios, eso significaba beneficios.

  Andrew no dijo nada. Se detuvo y salió del auto frente a un salón de belleza femenino. Se giró para ver a Julia, ya más calmada, pero Andrew estaba seguro de que todo aquel asunto la estaba afectando. Le dio un abrazo y, con una sonrisa picara, la levantó como si fuera un saco de papas.

  Un chillido sonó y Andrew se tensó. Tal vez fue demasiado, o tal vez no era el momento. Maldita sea, ?por qué lee tan mal el ambiente? Pero, gracias a Dios, Julia solo le pidió que la bajara. Andrew solo pudo ver la cara de Ashley, que lucía esa sonrisita de cachetes altos y mirada cómplice.

  —Vamos, chicos. Hay que estar listos —con esas palabras, Ashley, con paso de pasarela, entró al salón y Andrew la siguió de cerca. Al entrar, la vio hablando con un empleado mientras él se aseguraba de que Julia estuviera bien.

  —?Es-tá mue-rto? —Andrew se quedó confundido por la pregunta de Julia, pero se dio cuenta de su edad: solo tenía catorce a?os. El a?o que viene sería cuando pasarían por la prueba de manejo y eliminación de elementos hostiles.

  —No. Ya llamé a alguien; solo está en el hospital —Andrew no mentía. Tal vez estén tomando sus datos para la morgue, dudaba que siguiera vivo. Su tiro había ido al pulmón o al estómago, y el hospital más cercano al centro comercial estaba a cincuenta minutos. No era imposible, pero lo dudaba. Además, Julia no necesitaba saber sus cálculos.

  Ya con Julia bajada de su hombro, pasó su tarjeta de débito y agradeció a Dios por el pago aceptado. Lo último que necesitaba era pasar vergüenza después de haber mostrado sus habilidades.

  Apenas entraron, la habladuría le llenó los oídos. Ashley llevó a Julia con ella, y él se quedó sin saber qué hacer.

  —?Santo cielo! Hay una mina de oro bajo ese pelo. Tu mirada melancólica y esa aura de vampiro moderno son perfectas. ?Las fans de Eclipse buscarán a su amo vampiro! Aunque veo que ya tienes a dos —Andrew solo pudo mirar cómo una mujer ba?ada en pintura y tinte daba vueltas a su alrededor.

  —?A la silla, ahora! Haremos un Wolf Cut agresivo: capas muy cortas y desfiladas arriba para un volumen rebelde, dejando el largo shaggy atrás. Voy a darte y resaltar muchos mechones lavanda para enmarcar tu rostro, y un ba?o de raíces para darle vida y que no se desvanezca —sin poder decir nada, Andrew fue puesto en la silla. Se preparó para un corte de pelo muy costoso y solo esperó que valiera la pena.

  Dejándose llevar por la estilista, Andrew se detuvo a pensar en el futuro. Ashley necesitaría vigilancia constante. Pero Julia... si no pasaba la prueba del próximo a?o, sería expulsada. Eso, en cierto modo, sería bueno; sería más fácil tenerla cerca. Aunque tal vez ella no pudiera soportarlo.

  Disfrutando del olor frutal que impregnaba el local—aunque el persistente aroma a cloro aún le molestaba—, Andrew pensó que todo este asunto de los cazadores de demonios tal vez fuera algo bueno. Si ganaban poderes sobrenaturales, tendrían una ventaja si algún día iban a la ciudad. Además, una organización que luchaba contra demonios debía ser importante, y el que los hubieran reclutado significaba beneficios.

  Apoyando los brazos en los reposabrazos para que le traten las u?as, Andrew tuvo que admitir que sus opciones anteriores se limitaban al ejército. No se hacía ilusiones: sería un soldado más. Si se esforzaba, tal vez conseguiría un puesto decente. ?Y qué sería de él entonces? Tendría un hijo. Eso estaría bien. Si era con Julia, sería más fácil, pero necesitaría una habitación para Ashley.

  Claro, existía la opción de unirse a una corporación, pero eso significaba entrar en un ejército privado. Dudaba que un título universitario en mecánica, de un pueblo perdido de Dios, sirviera de algo. Con un suspiro, Andrew se dio cuenta de que Ashley tenía razón: esto era una oportunidad, aunque no exactamente como ella pensaba.

  —?Listo, cari?o! Te pusimos un poco de maquillaje ligero para acentuar tu mirada y colonia. ?Dales a esa chicas duro! —La estilista lo sacó de sus enso?aciones. Andrew le agradeció, sintiendo su cabeza más fresca. Se miró en el espejo y apenas se reconoció. Sonrió: sus ojos verdes parecían más intensos, intimidantes. Al tocar sus mechones lavanda, le encantaban.

  —Te ves bien, Andrew. Tienes estilo y, ese lavanda te queda bien —la voz de Ashley lo sacó de su auto-admiración. Andrew sintió que este podía ser un nuevo inicio. Ya podía escuchar murmullos de "suertudo" y los gritos de algunas se?oras mayores.

  Ashley lucía una cola de caballo alta con dos mechones largos que le enmarcaban el rostro. Su pelo con volumen caía suelto, y sus ojos rosa lo miraron con esa mirada que buscaba dominar y atraerlo con una postura recta. Julia, por su parte, tenía el pelo lacio que le cubría parte de su ojo derecho. El lado izquierdo era un corte limpio pero voluminoso que dejaba su cuello suculento a la vista, y su ojo amarillo oculto solo resaltaba el que estaba descubierto.

  —?Ya estamos listos para la gloria! Vamos, tenemos una misión —haciendo una pose, Ashley inició la salida. Andrew, al salir, recibió unos cupones; al parecer, había gastado lo suficiente para entrar en un sorteo.

  Ya en el auto, Andrew sonrió. Esta era la mejor oportunidad que tenía para darle una vida digna a Ashley y a Julia. Pero, mordiéndose el labio, juró nunca decirle a Ashley que ella había tenido razón. Se pusieron en camino a la dirección dada por Susano.

  Fue un viaje tranquilo. Andrew revisó la dirección varias veces y descubrió que el lugar estaba a treinta minutos del salón de belleza. Al bajar, observó un edificio de dos pisos con letreros de obras en construcción, pero sin trabajadores a la vista. Entraron.

  El interior parecía un bar: una zona de restaurante informal con mesas y una barra, aunque aún le faltaban acabados y olía a pintura fresca. Los ojos de Andrew se abrieron de golpe. Sacó su pistola, puso a Julia detrás de él y Ashley se colocó a su lado.

  Detrás de la barra emergió un tigre blanco con cola de escorpión. La bestia los miró. Las ganas de agarrarse la cabeza lo asaltaron con tanta fuerza que su visión tembló. Podía escuchar a Ashley y a Julia quejarse. Con esfuerzo, empujó a las chicas hacia atrás. Deben volver otro día. O mejor nunca. Su madre conoce gente. El ejército es una opción aún.

  —Parece que conocieron a Nikoletta Almaz Romanova. Es una gran dama —cómo si pasarán de cien a cero. Andrew por fin pudo respirar, y sin mucho esfuerzo notó que sangraba por la nariz. Con alarma, vio que Ashley sangraba por los ojos y Julia por las orejas.

  —Vamos, acérquense. Debemos hablar de su entrenamiento —Andrew por fin pudo ubicar la fuente de la voz. Susano estaba detrás de la barra, junto al tigre blanco gigante. Andrew estaba seguro de que la bestia, a cuatro patas, le llegaba al pecho.

  —?Qué fue eso, maldito? —sin poder hacer mucho más, Andrew lideró el acercamiento. Ashley aún estaba con la cabeza baja, apoyando a Julia. Andrew se preocupó. Sangrar por la nariz es solo un día más, pero desde las orejas... desde los ojos... Debo conseguir respuestas y medicina.

  —En otras clases profundizaré, pero en resumen: ese es el sentido, el tercer ojo, que se manifiesta al entrar en una guarida demoníaca. Además, esta era... especial —Andrew le prestó media atención mientras ayudaba a Ashley y a Julia a sentarse—.

  No daré detalles, pero la presión de esta dama rusa los hará sentir como un bebé que al nacer lucha por abrir sus ojos.. En su caso, les duele. Pero les digo: con el entrenamiento, será más doloroso, pero más completo, y sin peligro de esquizofrenia o demencia. Jajajaja.

  El hombre sacó unos documentos. Según él, habían sido revisados por un juez supremo y sellados por el rey del Reino Unido. Tragando saliva, Andrew los leyó atentamente y solo encontró lo usual: guardar secreto, mantener la constancia, dar información médica. Pero levantó una ceja al ver una cláusula: solo podían hacer este trato durante el entrenamiento.

  —Ya sé qué estás mirando. Cuando te enfrentas a un demonio, todo, y digo toda palabra, es una trampa. Por ejemplo, si un demonio dice "eres un problema" y tú dices "sí", entonces es un pacto, y manipulara tu mente o la realidad sutilmente para hacerte un problema. Pero, ?qué tipo y nivel? Quién sabe.

  Andrew sintió que sus manos temblaban. Mierda, esto es serio. Pero se recordó que tenía a un profesional, un experto. Aun así, dudaba. Tal vez necesitaba más información. Le preguntó cómo era ser un cazador de demonios.

  —Para empezar, no matamos demonios. El nombre es más... tradición. Matamos a Daemons, cultos y seres sobrenaturales que sirven a los demonios, que buscan volver la Tierra una extensión de su voluntad. Porque el nivel de un demonio solo indica el tiempo que tardará en dominar el mundo si llega por completo, sin ataduras. Pero créeme, eso es casi imposible.

  Ok. Eso es bueno. Excelente. Tamborileó los dedos contra la mesa. El ejército sigue siendo una opción. O tal vez quedarse en esta ciudad de mierda no es tan mala idea. Pero por el rabillo del ojo vio a Ashley firmando. Con la mano temblorosa, Andrew juntó a Julia. Le siguieron.

  —Excelente. Les diré algo: esta es una gran oportunidad. Tenemos una gran comunidad, espacios libres de contaminación, un zoológico, un paquete completo... Penny, querida, ven aquí —Susano enrolló los documentos con soltura. Una mujer bellísima, con cabello naranja, se acercó con paso firme, aunque olía a metal y aceite.

  —Oh, me detectó. No pensé que mi cuerpo fuera tan imperfecto —la mujer se quejó. Susano, con una risa, explicó que ella era un robot, que este era solo uno de sus muchos cuerpos, y que intentaba crear tecnología que enga?ara al "sentido", y hasta ahora había fallado.

  Andrew solo pudo asentir sin saber qué más hacer.

  —Antes de nada, tendremos que darle a la joven Julia el equipo básico, y a ustedes una revisión y una actualización.

  Sin más, Susano los guio al subterráneo del local. Andrew sabía que la frase "hacer un pacto con el diablo" se podía extrapolar a las corporaciones o al ejército. Pero mientras bajaban, solo esperó que esto valiera la pena.

  Fin

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